El populista Nigel Farage, el político antiestablishment que lidera todas las encuestas para convertirse en el próximo primer ministro británico, siempre sigue la misma estrategia. Cuando se siente acorralado, no retrocede: sube la apuesta. Asediado por las preguntas sobre los millones de libras que ha recibido de dos de sus aliados más controvertidos, el líder de Reform UK ha decidido no esperar a que Westminster dicte sentencia. Este martes ha anunciado por sorpresa su dimisión como diputado por Clacton… solo para volver a presentarse como candidato en las elecciones parciales que ahora deberán convocarse en el distrito. En otras palabras: transforma una investigación sobre sus finanzas en un referéndum sobre el propio Farage, presentándose como la gran víctima del sistema. "Serán unas elecciones parciales del pueblo contra el establishment", recalca. Es la misma fórmula que utilizó durante décadas con el Brexit, cuando convirtió una causa marginal en el terremoto político que terminó sacando a Reino Unido de la Unión Europea. La repitió en 2024, cuando regresó a primera línea en plena campaña electoral, tomó las riendas de Reform UK y logró, al octavo intento, entrar en Westminster. Y ahora, en uno de los momentos más delicados de su carrera, aspira a meter un nuevo gol a las estructuras de poder para que nada ni nadie se interponga en su camino hacia Downing Street. "Que sean los ciudadanos de Clacton quienes juzguen mis actos", proclamó este martes desde la sede de su partido. "Si yo gano, vosotros ganáis. Porque si yo pierdo, ellos ganan", añadió. TE PUEDE INTERESAR El escrutinio sobre las finanzas de Farage saltó a los titulares a principios de este año, después de conocerse que había recibido en abril de 2024, antes de entrar en la Cámara de los Comunes, una donación de cinco millones de libras de Christopher Harborne, un inversor británico en criptomonedas afincado en Tailandia. El líder de Reform UK está siendo investigado desde mayo por el comisionado de estándares del Parlamento por no haberla declarado, aunque él sostiene que no ha hecho nada incorrecto. Asimismo, The Sunday Times informó el pasado fin de semana de que también había recibido apoyo antes de las elecciones de 2024 por parte de George Cottrell, un antiguo aliado que pasó ocho meses en prisión en Estados Unidos en 2017 tras declararse culpable de un delito de fraude electrónico. Según el periódico, ese apoyo habría incluido el pago de personal encargado de la seguridad de Farage y de sus contenidos en redes sociales. También según The Sunday Times, el líder de Reform habría utilizado una propiedad cercana al Palacio de Buckingham alquilada por Cottrell. Farage enmarcó este martes su decisión en lo que describió como más de dos décadas de persecución por parte de la prensa por haberse atrevido a desafiar el consenso dominante en cuestiones como el Brexit —del que se presenta como gran protagonista— o la inmigración. Aseguró haber sido sometido a una "demonización constante" y se presentó como "la figura pública más atacada física y verbalmente de los tiempos modernos". En su relato, la investigación sobre sus finanzas no es un episodio aislado, sino una nueva ofensiva de un establishment político y mediático que lleva años intentando desacreditarle y que ahora, sostiene, utiliza incluso el sistema parlamentario de estándares como "arma política". Pero la gota que habría colmado el vaso ha sido, según explicó, que esa presión alcanzara a su familia. Farage acusó al director de The Times de haber puesto “directamente en peligro” la seguridad de su hija al publicar una fotografía de su vivienda y denunció que después varios medios intentaron contactar con ella, señalando expresamente a Sky News. "Nunca he estado más enfadado en mi vida", aseguró. "Todo lo que hace gira en torno a una persona. Nigel Farage" Las elecciones parciales a las que ahora se enfrenta no detendrán las investigaciones. Pero la jugada política puede reforzar aún más su imagen entre un electorado profundamente descontento, en un momento de grave crisis política. Tras la dimisión de Keir Starmer el mes pasado, los británicos van camino de tener a su séptimo primer ministro en una década. Si Farage quería someterse al juicio de las urnas, difícilmente podía elegir un lugar más favorable. Clacton es mucho más que su circunscripción. Es uno de los territorios simbólicos de la revuelta política que transformó a Reino Unido durante la última década. Esta localidad costera del este de Inglaterra, con elevados niveles de privación, una población envejecida y un profundo desencanto hacia los partidos tradicionales, fue uno de los lugares donde el euroescepticismo y después el Brexit encontraron un terreno especialmente fértil. Se trata de una apuesta extraordinaria y no exenta de riesgos. Rupert Lowe, líder de Restore Britain, partido que va ganando apoyo con un discurso antiinmigración aún más radical, ha anunciado que presentará candidato. "Ha demostrado hoy una cosa y solo una: todo lo que hace gira en torno a una persona. Nigel Farage. La gente de Clacton no necesita que un circo mediático invada su localidad en plena temporada turística porque su diputado haya tomado una serie de malas decisiones. Debería haber declarado esos cinco millones de libras. Él lo sabe. Todos lo sabemos. Y ahora va a utilizar unas elecciones parciales como arma para distraer la atención de eso", afirmó. TE PUEDE INTERESAR Lowe —que en su día perteneció a Reform UK— acusó a Farage, su antiguo compañero en las filas parlamentarias, de "convertir todo nuestro proceso democrático en una farsa". "Tomó una mala decisión tras otra y ocultó dinero de una manera que le ha explotado espectacularmente en la cara. Unas elecciones parciales no desviarán la atención de ese hecho, ni deberían hacerlo", añadió. La cuestión que dominaba el Parlamento hasta este martes era si Farage había declarado correctamente el apoyo financiero recibido antes de las elecciones generales de 2024. A partir de ahora, el protagonista quiere que la pregunta sea otra: ¿quién tiene derecho a juzgarle, las instituciones parlamentarias o los ciudadanos? La maniobra ha sacudido Westminster porque es tan espectacular como innecesaria desde el punto de vista institucional. Farage no estaba obligado a renunciar a su escaño. Una victoria en Clacton tampoco cerrará las investigaciones abiertas sobre sus finanzas. El proceso parlamentario puede continuar aunque vuelva a ser elegido con una mayoría aplastante. Pero ese no es el terreno en el que quiere librar la batalla. Farage no busca una absolución técnica. Busca una absolución política. TE PUEDE INTERESAR "No he hecho nada malo", insistió este martes. Asegura que no ha infringido la ley, que no ha utilizado dinero público y que actuó después de recibir asesoramiento jurídico. Sobre los cinco millones, su argumento es que se trató de un regalo personal e incondicional. Llegó incluso a compararlo con "ganar la lotería". En definitiva, en lugar de pedir disculpas por haber recibido una fortuna de un multimillonario, reivindica el derecho a tener dinero. Y en lugar de adoptar el lenguaje defensivo de un político bajo investigación, abre un debate sobre si Reino Unido quiere dirigentes que sepan ganar dinero, dirigir empresas y desenvolverse en el mundo real. "Ganar dinero no es un delito" fue, en esencia, su mensaje. Pero la defensa central fue mucho más personal. Durante su intervención, Farage recalcó que necesita recursos extraordinarios para garantizar su seguridad y la de su familia. Habló de amenazas de muerte diarias y denunció que durante años pidió protección al Ministerio del Interior sin obtener respuesta. Fue entonces cuando expresó públicamente su gratitud hacia Harborne. Según Farage, gracias a esos recursos nunca tendrá que preocuparse de si puede pagar la seguridad que necesitará "durante el resto de su vida". TE PUEDE INTERESAR La explicación no resuelve la cuestión sobre las obligaciones de declaración parlamentaria. Pero, políticamente, cumple otra función: desplaza el debate desde el dinero hacia la persecución. De un regalo de cinco millones a las amenazas de muerte. De una investigación sobre estándares a la seguridad de su familia. De las normas de Westminster a dos décadas de ataques contra su persona. Al terminar el discurso, el investigado se había convertido en víctima. Farage lleva más de 20 años perfeccionando esa operación política. Durante décadas fue el hombre al que buena parte del sistema británico trataba como una anomalía: un eurodiputado estridente, líder de una fuerza periférica, habitual de los pubs y de los platós de televisión, empeñado en sacar a Reino Unido de una UE que los grandes partidos consideraban un marco permanente. Perdió las elecciones. Fracasó siete veces en su intento de entrar en Westminster. Fue ridiculizado por conservadores y laboristas. Pero acabó ganando la batalla que definió su carrera. Este martes no perdió la oportunidad de recordarlo: "Sin mí no habría habido referéndum ni habría habido Brexit". Su método siempre ha necesitado un enemigo. Primero fue Bruselas. Después, la clase política que supuestamente intentaba traicionar el Brexit. Más tarde, los conservadores incapaces de controlar la inmigración. Ahora vuelve a ser Westminster en su conjunto: los medios, el Gobierno laborista, las instituciones parlamentarias y un sistema de estándares que, según él, se utiliza como "arma política". Por eso Clacton no será presentada como una simple elección parcial. Farage necesita algo más grande. Necesita una rebelión. "Es una oportunidad para hacerle una peineta a todo el establishment", dijo. El lenguaje no fue accidental. Tampoco lo fue su advertencia a los electores: "Si yo gano, vosotros ganáis". Es populismo en su forma más pura y también el terreno donde el líder de Reform ha demostrado ser más eficaz.
¿Dimitir ahora para llegar a primer ministro después? Descifrando la jugada de Nigel Farage
La estrategia la conoce: en 2024 tomó las riendas de Reform UK y logró, al octavo intento, entrar en Westminster. Y ahora aspira a meter un nuevo gol a las estructuras de poder para que nada ni nadie se interponga en su camino a Downing Street










