El líder ultraderechista británico Nigel Farage ha decidido echar un pulso a las acusaciones de corrupción en su contra y aferrarse a su carisma para salvar su carrera política. El líder de Reform UK ha renunciado este martes a su acta de diputado para forzar una elección parcial en su circunscripción de Clacton-on-Sea —donde logró en 2024 un 46% de los votos—, y ha anunciado que se presentará de nuevo para que sean los votantes los que decidan su futuro.Farage estaba cada vez más acosado por casos de corrupción generados por los lujosos regalos y donativos que había recibido de varios amigos multimillonarios. El Parlamento se disponía a interrogar al político sobre todos estos asuntos, y el sentir general en el debate público del Reino Unido coincidía en pronosticar que tenía los días contados.Una investigación del diario The Sunday Times publicada este domingo revelaba cómo el empresario y aristócrata George Cottrell, conocido como “George el Pijo” (Posh George), que se dedica a las apuestas ilegales con criptomonedas y fue condenado en Estados Unidos por fraude electrónico al participar en un esquema de lavado de dinero para narcotraficantes, proporcionó durante años al político —de quien llegó a ser su mano derecha― personal de seguridad, trabajadores que gestionaron sus cuentas en las redes sociales, viajes y hasta el uso de un apartamento de lujo en Londres, cercano al palacio de Buckingham.La dirección de Reform UK, el partido que lidera Farage, había negado hasta ahora cualquier vestigio de ilegalidad en estos donativos, que, según ha explicado el político, recibió antes de obtener su acta de diputado en julio de 2024.En su comparecencia de este martes, el líder ultraderechista ha vuelto a defender la licitud de todos estos regalos, ha explicado que gran parte del dinero recibido lo destinó a su seguridad —“soy el político que más amenazas de muerte ha recibido en estos veinte años”, ha afirmado—, y ha denunciado una conspiración general en su contra, por parte de partidos y medios de comunicación tradicionales, ahora que la fuerza de Reform UK en las encuestas es arrolladora, señalaba.“Básicamente, la prensa parece tener problemas con el hecho de que un diputado obtenga ingresos fuera de su actividad parlamentaria. Y contempla con mucho escepticismo a aquellos que siguen manteniendo intereses empresariales. Pero ganar dinero no es ningún crimen”, ha intentado defenderse Farage.El político que más ponzoña ha vertido en el debate público del Reino Unido del Reino Unido se ha intentado presentar como la víctima de una conspiración y un acoso que, según él, se ha extendido a su familia, y en concreto a su hija.“La ley te permite aceptar regalos, apoyos o como lo quieras llamar procedentes de un amigo personal si los recibiste antes de convertirte en diputado y responden a razones puramente personales. No hay nada más en esta historia”, explicaba el domingo a la BBC Robert Jenrick, quien ocupó posiciones de secretario de Estado en los gobiernos de Boris Johnson y Rishi Sunak antes de abandonar el Partido Conservador en enero para sumarse a las filas de la ultraderecha.Precisamente en los últimos meses Jenrick ha sido una de las figuras señaladas por diversos medios como parte de una conspiración para reemplazar a Farage, a quien acusan de tibieza frente al discurso más ultraderechista y extremo de Restore Britain, una escisión de Reform UK que ha comenzado a arañarle votos y apoyos.Aunque la ley exige a los diputados que solo declaren los ingresos recibidos en el año previo a la toma de posesión del escaño, y excluye de esta obligación las donaciones o regalos que respondan a motivos “puramente personales”, en caso de duda las normas parlamentarias recomiendan que se declare todo.Parte de las aportaciones de Cottrell, como las tres personas destinadas a manejar las redes sociales del político —que se dedicaron a producir mensajes contrarios a la inmigración, el derecho humanitario europeo o los valores progresistas—, podían ser perfectamente consideradas como una ayuda directa a los objetivos políticos de Farage.El Partido Liberal Demócrata había reclamado con éxito al Comisionado Parlamentario para los Estándares del Reino Unido, Daniel Greenberg, encargado de supervisar el cumplimiento del código ético por parte de los diputados, que incorporara a sus pesquisas las donaciones de Cottrell.Greenberg ya estaba investigando a Farage por los cinco millones de libras (unos 5,7 millones de euros) que el político aceptó a principios de 2024 de otro empresario e inversor en criptomonedas, el británico-tailandés Christopher Harborne. Se disponía a interrogar al político sobre el asunto este mismo martes.Farage ha admitido que esa cuantiosa donación, “equivalente a un gran premio de lotería”, resulta llamativa, pero era el modo, ha explicado, de garantizar su tranquilidad. “Voy a necesitar seguridad el resto de mi vida, y no puedo expresar con palabras lo agradecido que estoy a Harborne, porque desde ese momento ya no tuve que preocuparme de si contaba con los recursos [para garantizar la seguridad]. Ahora los medios han decidido atacarme para llamarme sinvergüenza y deshonesto y buscar una nueva razón para odiarme”, se ha defendido.Si el político vuelve a ser reelegido en la elección parcial de Clacton-on-Sea que él mismo ha provocado —y la apuesta es arriesgada, por la erosión a su reputación que ha supuesto este escándalo y la competición por la derecha que le ha surgido con Restore Britain―, Farage lograría un refuerzo extra de legitimidad política proporcionado por el apoyo directo de los votantes, pero eso no frenaría necesariamente la investigación parlamentaria.Si el proceso concluye que Farage se saltó el código ético de los diputados al no declarar la donación en el registro de intereses de la Cámara, su carrera parlamentaria se vería suspendida una vez más, e incluso finalizada por completo, lo que supondría para él —además de quedarse sin sueldo público— la pérdida de una plataforma institucional fundamental para trasladar sus mensajes.Farage, acorralado, ha recurrido una vez más al arma política que mejor le ha funcionado durante todos estos años: la de presentarse como la voz del pueblo frente a un establishment empeñado en acabar con él y con lo que representa: “Voy a pelear, para seguir adelante con la revolución política que Reform UK comenzó. Y por eso digo a los votantes de Clacton: si yo gano, vosotros ganáis. Si pierdo, son ellos [el establishment] los que ganan, y seguiremos con el tradicional bipartidismo incapaz de impulsar el cambio necesario para reparar un Reino Unido que está roto", ha advertido.
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