El todavía (por poco tiempo) primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, se tira de los pelos. Nunca desarrolló una estrecha amistad con Pedro Sánchez, pero si le hubiera pedido una copia de su manual de resistencia, y aguantado un poco más en Downing Street, tal vez habría sobrevivido al verano, visto la auto inmolación de Nigel Farage y la pérdida de brillo de su partido Reforma UK. Diluida la amenaza de que la ultraderecha tome el poder en las próximas elecciones generales, es probable que el Labour le hubiera permitido seguir al timón.Pero no ha sido así y Starmer no puede más que ver los toros desde la barrera, y retorcerse de rabia observando cómo su verdugo y próximo líder del país, Andy Burnham, se beneficia de los problemas de Farage por un par de escándalos de posible financiación ilegal que lo han puesto contra las cuerdas. Hasta el punto de que ayer anunció -rodeado de banderas de la Union Jack y con cara menos jocosa de lo habitual- que renuncia a su escaño por Clacton (Essex) pero se presentará a la reelección en una especie de referéndum contra el establishment.Farage asume un riesgo considerable. Aunque en el 2024 ganó en uno de los rincones más anti inmigración y más pro Brexit de Inglaterra con una mayoría cómoda, se enfrenta a un Partido Conservador que poco a poco está recuperando terreno bajo el liderazgo de Kemi Badenoch, y a una fuerza de ultraderecha aún más extrema que él, el grupo Restore UK de Rupert Lowe, que propugna la deportación masiva no tan sólo de inmigrantes ilegales, sino también de ciudadanos británicos con orígenes africanos y asiáticos.El líder de Reforma se ha visto obligado a jugárselo el todo por el todo en vista de una investigación del Parlamento -instigada por la prensa y el Labour- sobre donaciones que recibió del multimillonario de las criptomonedas Christopher Harborne, residente en Tailandia, y del oligarca George Cottrell, que cumplió ocho meses de cárcel en los EE.UU por fraude.Fuertes presiones para que se reformen las normas de financiación de los partidos políticos en el Reino UnidoEl reglamento de los Comunes obliga a declarar cualquier regalo de un valor superior a 350 euros recibido hasta un año antes de ser diputado y que “pueda ser razonablemente considerado por terceros como destinado a su carrera política”. Farage no informó de una donación de 5,85 millones de euros de Harborne, ni de que Cottrell había puesto a su disposición una casa al lado del Palacio de Buckingham, alegando que se trataban de favores personales en un momento en que sólo era líder honorario de Reforma y no tenía decidido su futuro parlamentario.El líder populista ha justificado los 5,85 de Harborne como la donación de un amigo para garantizar su seguridad económica y como premio a sus esfuerzos para sacar al Reino Unido de la UE, y se ha sabido que los utilizó para adquirir varias propiedades inmobiliarias, incluida una casa de dos millones en el centro de Londres.En cuanto al dinero de Cottrell, sirvió para pagar a sus guardaespaldas y a tres especialistas en redes sociales, y para que tuviera aposentos más que dignos en la capital en los meses previos a su conquista del escaño de Clacton al que ayer renunció tácticamente para salvar su carrera.La manera en que Farage ha manipulado en su beneficio las reglas ha suscitado un debate político sobre la financiación de los partidos en el Reino Unido y la conveniencia de limitar las donaciones. Actualmente se han de declarar las de más de 350 libras, pero no están prohibidas, y un extranjero puede entregar lícitamente hasta 125.000 euros. En la última campaña electoral los distintos partidos recibieron 130 millones de euros, de los cuales un 66% provino exclusivamente de los bolsillos de una veintena de millonarios. El Labour obtiene la mayoría de sus fondos de los sindicatos, que a cambio lo presionan incesantemente para la subida de sueldos y más derechos laborales.Ha renunciado a su escaño y se presentará a la reelección como una batalla de él contra todo el establishmentSi la investigación determinara que Farage ha incumplido gravemente las normas, podría convocarse a una reelección a su escaño por Clacton. Pero él se ha adelantado a los acontecimientos, y la va a convertir en un referéndum. Mientras, Starmer se pregunta cómo es que no ha sido capaz de resistir al estilo de Pedro Sánchez, sin jueces que lo hostiguen y con una gran mayoría absoluta.Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.