Cada vez que juega la Selección, el Mundial altera la rutina de las empresas, las casas y los comercios. En las oficinas, vuelve la discusión sobre permisos, pantallas encendidas y productividad. En la calle, el impacto aparece en supermercados, comercios de cercanía y aplicaciones de pedidos, donde las compras se aceleran antes del inicio de los partidos.

Según el estudio “Productividad en tiempos de Mundial” de Bumeran, el 95% de las personas trabajadoras de Argentina afirma sentirse igual o más productiva durante el torneo: el 80% dice que mantiene el mismo nivel de productividad, el 15% se siente más productivo y apenas el 5% considera que rinde menos durante este período.

Buenos Aires vuelve a salir a la calle por la Selección: dos plazas, pantallas gigantes y un operativo especial para los octavos

El dato corre del centro de la escena la idea de que el Mundial paraliza necesariamente el trabajo. El desafío para las compañías, en todo caso, pasa por administrar la flexibilidad: qué permitir, cómo ordenar los horarios y de qué manera evitar que la pasión se convierta en conflicto interno.

Ante un partido importante en horario laboral, la mayoría asegura que sigue con su rutina. El 56% de los talentos afirma que continúa trabajando normalmente, el 26% lo sigue “de reojo” mientras realiza sus tareas, el 13% pide autorización para verlo y solo el 5% reconoce que deja de trabajar durante ese momento.