El tropo de la mansión gótica viene de lejos y se sustenta sobre todo en dos novelas con asombrosas concomitancias, aun separadas por un siglo: Jane Eyre (1847), de Charlotte Brontë, y Rebecca (1938), de Daphne du Maurier, en la que se inspiró Alfred Hitchcock para su celebérrima película. En ambas obras el hogar adquiere un papel protagónico, ya sea la casa solariega de Thornfield Hall, coronada con almenas, o la finca de Manderley, a la que se accede por un sendero bordeado de enormes rododendros que estallan en flores rojo escarlata.Charlotte Bronte (1816 - 1855), autora de 'Jane Eyre' Stock Montage / GettyDos heroínas jóvenes e inexpertas irrumpen en las vidas de dos caballeros de pasado turbio (el señor Rochester y el viudo Maxim de Winter). En ambas obras, algo extraño ha sucedido con las respectivas primeras esposas: Berta Mason se ha vuelto loca y su marido la mantiene encerrada en el desván de un torreón; en la segunda, Rebecca ha muerto en un supuesto accidente de navegación. De igual forma afloran coincidencias en sendos finales: el fuego purificador y el triunfo del amor romántico; o la idea de él.Fue la escritora norteamericana Joanna Russ quien cayó en la cuenta de cómo el esquema narrativo que plantean estos dos clásicos se replicaba una y otra vez en novelitas comerciales, baratas y de bolsillo, publicadas en EE.UU. a principios de los años setenta, una lectura de evasión destinada a un público femenino, de clase media (o aspiracional) y raza blanca. El caserón victoriano, con sus candelabros y estancias secretas, se transmuta aquí, en lo que se dio en llamar “gótico moderno”, en “el chalé unifamiliar del barrio residencial”. Las rutinas domésticas y el matrimonio devienen una trampa hostil que amenaza también con la muerte o la locura, en ficciones que contribuyen a reforzar el rol de género; o sea, el de la mujer pasiva y miedosa. Russ vertió sus intuiciones en un artículo titulado Alguien me quiere asesinar… y creo que es mi marido (1973), que Siruela ha recuperado con una primera traducción al español, a cargo de Virginia Maza, y un prólogo enjundioso de Layla Martínez —la autora de Carcoma , en la editorial Amor de Madre— que amplía, contextualiza y renueva las ideas de la académica estadounidense.Russ revitaliza el gótico moderno con ‘Alguien me quiere asesinar.. y creo que es mi marido’El gótico moderno está demostrando una asombrosa capacidad para reinventarse en subgéneros como el thriller psicológico doméstico, del que podrían ser un ejemplo preclaro la novela Perdida , de Gillian Flynn, y su versión cinematográfica. Aunque las nuevas ficciones no revalidan ya el viejo orden patriarcal, la intimidad, la pareja, las paredes del hogar, aún constituyen un espacio de angustia y desintegración.Lee también ¿Adónde ha ido a parar ahora la mansión gótica? Pues la británica Gemma Files, en uno de los relatos que componen En ese infinito, nuestro final (La Biblioteca de Carfax) la trasladó a un apartamento alquilado tipo Airbnb, donde un zumbido del edificio parece alimentarse de la energía vital de quienes lo ocupan. Se ha abierto ahí, en nuestros miedos contemporáneos, un melón la mar de jugoso.