En marzo de 2021 la manera de cocinar y alimentarse cambió radicalmente en casa de los Guilland. Charlotte, por entonces una niña de 7 años, fue diagnosticada de diabetes tipo 1 y celiaquía, dos enfermedades crónicas y autoinmunes. “De un día para otro salimos del hospital con una pregunta devastadora: ¿Cómo alimentas a una niña cuando parece que el placer está prohibido? Al principio llega el miedo. El duelo. La tentación de decir que no. No al gluten. Cuidado con el azúcar. No a la espontaneidad”, cuenta Olivier Guilland por teléfono a Comer.Hace un año y medio, se mudó junto a su esposa y mellizos a Megève (Francia), un pueblo de 2.300 habitantes, desde el que se ve el Montblanc y en el que se practica mucho deporte. “Cuanto más deporte practicas menos dosis de insulina necesitas”, apunta Guilland que durante años trabajó en el mundo de la gastronomía a un ritmo frenético.Recuerda que conocer el diagnóstico de su hija y tuvieron que aprender a comer sin gluten y a contar los glúcidos, pero a cambio descubrieron el sorgo, el sarraceno, el maíz, y que si “comes 100 gramos de arroz son 30 gramos de azúcar, y que si tomas carne, queso y verdura eliminas el azúcar”.“Una vez aprendimos todo eso quise dar un paso más. En vez de pasar el día diciéndole que no, decidimos ofrecerle mil maneras de decir que sí. Sí a la cocina hecha en casa. Sí a la alegría de cocinar. Sí a una alimentación que cuida sin castigar. Entonces cogí mi mochila y fui a buscar a quienes realmente saben. A los grandes chefs. A deportistas de élite. Y les hice una única pregunta: ¿Cómo alimentáis a vuestros hijos, de forma sencilla, para que crezcan fuertes, libres y felices?”, argumenta Guilland.Lee tambiénEntre los chefs que ya han cocinado con Charlotte están Léo Troisgros, Enrico Bartolini, Regina Escalante, Jordi Roca o Mauro Colagreco, entre otros. “Hace poco volamos a Madrid y en la cocina de Diego Guerrero invitamos al que fue el capitán del Real Madrid, Nacho Fernández, que es diabético, y cocinamos buñuelos de calamar”, recuerda Guilland.En este contexto nació el proyecto La petite Charlotte, que Oliver Guilland define como un acto de transmisión: “Porque lo que ponemos en el plato moldea nuestro estado de ánimo, nuestro cuerpo, nuestro rendimiento, y la relación que tenemos con nosotros mismos. Porque la industria ha conseguido que lo malo parezca deseable y que lo bueno parezca aburrido”.Crítico con lo que comemos y lo que transmitimos a nuestros hijos, Guilland lanza otra interesante reflexión: “Hoy en día comemos mierda, y la mayoría de padres no tiene tiempo para cocinar. Un niño sabe hacer un Swipe en Tiktok pero no sabe hacer un huevo frito. ¿Por qué los niños no cocinan?”.
Olivier Guilland: ¿Por qué los niños no cocinan?
El proyecto 'La petite Charlotte' promueve el comer sano entre los más pequeños y nació tras el diagnóstico que recibió la hija de Guilland que padece diabetes y celiaquía








