Ser inquilino empobrece y su impacto en la desigualdad ya supera al de otros factores como la edad. Entre los jóvenes, el principal factor que define sus bajas tasas de riqueza no es el salario, sino la carencia de una casa en propiedad. Esta es una de las conclusiones del último informe publicado en conjunto por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 y el CSIC, al que ha tenido acceso Público. El sociólogo y autor de Generación inquilina (Capitán Swing, 2026), Javier Gil, ha sido el coordinador de este estudio, realizado a partir de los datos de la Encuesta Financiera de las Familias del Banco de España.PublicidadUno de los datos que se extraen de esta publicación es el abismo existente entre lo que ingresan los rentistas y los inquilinos. Los primeros multiplican por cuatro su renta y por 450 su patrimonio respecto a los segundos. Mientras que los hogares que viven de alquiler tienen una renta mediana de 21.335 euros, la de los propietarios de una vivienda arrendada escala hasta los 50.959 euros. La brecha se dispara entre los multiarrendadores (quienes tienen al menos dos inmuebles en el mercado), cuya renta alcanza los 80.375 euros. En el caso de los propietarios, la renta mediana anual se mantiene en los 32.120 euros.Si se tiene en cuenta la riqueza patrimonial, el contraste es aún mayor. Un hogar arrendatario apenas acumula una riqueza mediana de 2.217 euros, frente a los 193.919 euros de quienes tienen su vivienda habitual en propiedad. El salto es exponencial al mirar a los rentistas: los caseros de un solo inmueble alcanzan un patrimonio de 407.975 euros (184 veces más que quienes pagan un alquiler) y los multiarrendadores rozan el millón, con 996.826 euros, lo que multiplica por 450 la cifra de partida.Según el informe, esta transferencia de rentas y riquezas hacia los rentistas no viene de lejos y se ha producido, principalmente, en las últimas dos décadas. Si en 2002, el 90% de los hogares acumulaban el 65,4% de la riqueza residencial, en 2022 ya poseían sólo el 58,1%. Ese porcentaje ha sido destinado al percentil más rico de la sociedad, que ha visto crecer su patrimonio del 34,5% al 41,9% del total.Además, los menores de 35 han visto cómo el mercado inmobiliario les cerraba las puertas. Si en 2011 casi el 70% de los jóvenes tenía una casa en propiedad, en 2022 esa cifra se había desplomado hasta el 31,8%. Esto se traduce en una paradoja: mientras que jóvenes y personas mayores tienen unos niveles de renta muy similares (en torno a los 26.000 euros), la desigualdad entre ambos grupos se acrecienta si se mira la propiedad. Aunque los grupos de mayor edad también han visto cómo se reducía en aspectos globales su patrimonio, la caída no ha sido tan brusca. PublicidadEste proceso no hace más que agravarse con la subida de los precios del alquiler. Las nuevas generaciones pierden capacidad de ahorro y se empobrecen aún más, mientras que quienes se dedican a la especulación se ven beneficiados por la transferencia de rentas. Con estos nuevos ingresos, advierte el informe, podrán, incluso, seguir acaparando más mercado residencial: "Lejos de reducir las desigualdades, el sistema tiende a reforzarlas, desplazando recursos desde hogares con menor riqueza hacia quienes ya concentran más patrimonio inmobiliario".El informe ha sido elaborado en el marco del Protocolo General de Actuación suscrito entre el Ministerio y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con un equipo de investigación integrado por Javier Gil, Óscar Villas, Miguel García Duch e Irene Lebrusán. Aunque el Banco de España publicó el pasado 16 de abril de 2026 su avance metodológico de la Encuesta Financiera de las Familias (EFF) de 2024, la base de microdatos de dicha oleada aún no es accesible para su análisis. Por ello, este estudio trabaja sobre los últimos datos detallados disponibles, que corresponden a la encuesta de 2022.