El mundo del vino está conmocionado por la muerte de Iván Sanz Cid, de 48 años y director general de ‘Dehesa de los Canónigos’, una persona muy conocida y querida en el sector, aunque muy especialmente en la Ribera de Duero. Sanz, que era un hombre cálido, generoso y abierto, dio un nuevo impulso a una bodega con más de 40 años de historia a través de la presencia internacional de sus vinos en más de 20 países. Y lo hizo sin perder la personalidad característica del proyecto familiar fundado por su padre Luis Sanz Bustos, fallecido hace un año. “Un grandísimo bodeguero y una grandísima persona. Su muerte nos causa un dolor terrible”, aseguraba este lunes el presidente de la denominación de origen Ribera de Duero, Enrique Pascual. “Era una familia entrañable a la que todo el mundo quería”. Con Iván fallecieron el pasado domingo su mujer, Irene Garijo, de 45 años, que trabajaba en la Diputación de Valladolid, y sus dos hijos mayores, Irene, de 17, y Luis Álvaro, de 14 años, que viajaban juntos en el coche, un todoterreno Ford Bronco que se salió de la vía en el término municipal de Herrera de Pisuerga, en Palencia, cuando regresaban de Cantabria. Su hija menor, Carlota, de 9 años, sobrevivió, pero está ingresada en estado grave. A las condolencias se sumaron los responsables de las bodegas vecinas ‘Pago de Carraovejas’ y ‘Abadía de Retuerta’, entre otras muchas, así como el presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, y el vicepresidente Carlos Pollán. “Todo mi cariño y mi más sentido pésame a sus familiares y amigos. Deseo de corazón la rápida recuperación de la niña herida”, escribió en la red social X Fernández Mañueco. A ellos se sumaron el presidente de la Diputación de Valladolid, Conrado Íscar, que se mostró “tremendamente impactado” por la muerte, y el líder regional socialista, Carlos Martínez, que se reconocía “consternado” por el fatal accidente. Pero también la alcaldesa de Palencia, Miriam Andrés, y el ministro de Transportes, Óscar Puente, así como el club de rugby VRAC, al que la familia estaba vinculada. Estado en el que quedó el todoterreno de la familia Sanz tras dar varias vueltas de campana (Efe) La bodega logró situarse muy bien en los mercados gracias al esfuerzo realizado en la última década para impulsar las exportaciones. Iván Sanz, que era ingeniero técnico agrícola con formación en dirección de empresas, y que se había formado en Estados Unidos, fue el gran artífice de esa expansión, incluso bajo la dirección de su padre, al que relevó como director general en mayo del año pasado tras el fallecimiento del progenitor. Luis Sanz Bustos creó la bodega, junto a su mujer María Luz Cid, en los años ochenta, aunque no elaboraron sus primeros vinos propios hasta el año 1989. Antes, suministraron la uva de sus cosechas a la vecina bodega de Vega Sicilia. "Más importante la uva que la cuba" El CEO de ‘Dehesa de los Canónigos’ solía decir que “es más importante la uva que la cuba”, para dejar claro dónde había que poner el foco: más en la materia prima que en las innovaciones tecnológicas a las que todas las bodegas se han entregado, y a las que Dehesa de los Canónigos tampoco renunció. Era un auténtico lema familiar que la empresa nunca traicionó. Para preservar la calidad de la uva desde la vendimia, el fruto se traslada en pequeñas cajas con un máximo de 20 kilos, con el fin de asegurar que los racimos lleguen en las mejores condiciones al proceso de selección. La variedad de uva predominante es el tempranillo, aunque la bodega también trabaja con otras modalidades como merlot, cabernet sauvignon o albillo mayor. Iván Sanz no sólo consolidó el diseño de los vinos que habían dado prestigio a la empresa familiar, sino que la enriqueció con otros nuevos “Dehesa de los Canónigos ha mantenido los perfiles más sentimentales de la Ribera del Duero. Una visión del mundo del vino más genuina y pegada a la tierra, menos marketiniana, lo que no ha impedido que consolidara la bodega como un referente nacional”, explica el periodista especializado Javier Pérez Andrés. Premio Cossío de Periodismo. Iván Sanz no solo consolidó el diseño de los vinos que habían dado prestigio a la empresa familiar, sino que la enriqueció con otros nuevos. El nombre ‘Dehesa de los Canónigos’ hace referencia al propietario original del pago en el que está instalada la bodega: el Cabildo de la Catedral de Valladolid, con 22 monjes canónigos. Con la desamortización de Mendizábal, la finca cambia de manos a mediados del siglo XIX y es el empresario Toribio de Lecanda y Campo el que la adquiere para traspasársela luego a su hijo Teodosio Lecanda, un reconocido arquitecto que construyó allí su casa a imagen de un caserío vasco. Ese edificio se conserva y es uno de los elementos más característicos de la bodega, que está localizada en el término vallisoletano de Pesquera de Duero, en la zona conocida como ‘milla de oro’ de la Ribera de Duero. El fallecido Iván junto a su padre y su hermana Belén, en una imagen de la bodega (Dehesa de los Canónigos) Posteriormente, la finca es comprada por la familia Cid en 1931, que se desprende de ella en los años sesenta para luego volver a recomprarla por el apego que la esposa del fundador tenía a ese terreno, donde finalmente desarrollarían una bodega. Una de las facetas que Iván mantuvo en la gestión de la bodega era su implicación en las causas solidarias, hasta el punto de tener un apartado como tal en la web de la bodega. Iván y Belén consolidaron la faceta solidaria de la familia con distintas acciones en favor de personas en riesgo de exclusión, de la infancia, "así como apoyar el mundo del arte y los hábitos deportivos". Iván y su hermana mantuvieron la tradicional subasta privada de una serie limitada de botellas que, desde 2011, la bodega hace y con la que ya llevaba recaudados más de 50.000 euros para distintos proyectos solidarios. Igualmente, la ‘Family Home Benedict Menni’, que nació en 2010 para mejorar las condiciones de vida de las mujeres con enfermedad mental y sin recursos y que cada año se celebra un gran acto en las instalaciones de la bodega para recaudar fondos para la construcción y puesta en marcha de un centro de día y residencia en Kazhakuttam, Kerala, de más de 1.800 metros cuadrados. Su hermana Belén tomará las riendas El otro elemento característico de ‘Dehesa de los Canónigos’ es su proximidad al río Duero y el modo como se ha integrado en el paisaje. “Después de 40 años, se ha mimetizado con el entorno natural de la Ribera de Duero lo que la sitúa como una de las bodegas de mayor valor paisajístico”, según Pérez Andrés. Tras el fatal desenlace, todo apunta a que debería ser su hermana Belén Sanz, directora técnica y enóloga, la que tomara las riendas de la empresa. “Belén es una luchadora y la continuidad está garantizada. Y contará con toda la ayuda que necesite”, según Enrique Pascual. “Estas situaciones tan dramáticas resquebrajan a las empresas, pero terminan remontándose”, aseguró Pérez Andrés. “La bodega tiene que seguir adelante, porque ya está consolidada y la actividad está completamente garantizada”.