Las playas de Gijón —las del mar Cantábrico en general— han sido cuna de muchos y buenos futbolistas. La arena húmeda de la bajamar se convierte, todavía hoy, en el terreno de juego de muchos niños y jóvenes que, descalzos, aprenden el tacto del balón y fortalecen sus piernas. Uno de esos muchos futbolistas que aprendió en las playas fue Luis Enrique. El exblaugrana, técnico del PSG bicampeón de Europa, recibió emocionado el honor de ver cómo la playa verde del Rinconín ha sido bautizada con su nombre. El entrenador convirtió el acto en un homenaje a sus padres, presentes en el lugar. “Son mi faro”, dijo. “Han sido, son y serán mi referente”, añadió. Luis Enrique recordó cómo sus progenitores dejaron su pueblo natal para irse a Gijón “para darles a sus hijos una oportunidad”. Con la voz rota, el asturiano recordó a los presentes las dos leyes para la vida que su padre le enseñó: “De vagos nunca se escribió nada e intenta ser buena persona”. “Lo he intentado, espero no haberme equivocado demasiado”, cerró Lucho, entre lágrimas.