Drouville, nombre artístico de Sebastián Rodríguez, llega a la 14.ª edición de BADA con una obra atravesada por la memoria, la transformación personal y una pregunta profunda sobre aquello que permanece después de una experiencia límite. Diseñador gráfico de formación y artista plástico por necesidad vital, Rodríguez construyó un lenguaje propio a partir de materiales diversos, recuerdos de infancia y una historia personal marcada por el diagnóstico de mieloma múltiple, un cáncer de médula ósea que recibió el mismo día en que cumplía 36 años. Ese momento funcionó como un punto de quiebre. “El mundo se detuvo”, recuerda el artista al reconstruir aquel instante en el que la muerte dejó de ser una idea lejana para convertirse en una posibilidad concreta. Desde entonces, su vínculo con la pintura cambió por completo. Lo que antes era ejercicio, exploración formal o fascinación por las vanguardias, comenzó a cargarse de sentido. “Dejé de ser un pintor para convertirme en un artista”, afirma Drouville. La frase condensa una transformación íntima y estética: sus obras empezaron a tener contenido, a hablar de la vida, del miedo, de la pérdida, de la infancia y de los objetos que sobreviven a quienes ya no están.