Era casi medianoche en Bruselas y los l�deres europeos llevaban ya cinco horas inmersos en una reuni�n de emergencia con un �nico tema de debate: c�mo gestionar la ruptura con Estados Unidos.El nuevo a�o apenas llevaba tres semanas y el presidente Trump, tras derrocar al aut�crata de Venezuela, hab�a amenazado brevemente con arrebatar Groenlandia a Dinamarca. Alrededor de una mesa circular en la sede del Consejo Europeo, conocida como The Space Egg, los jefes de Gobierno se desahogaban con tanta vehemencia sobre el 47� presidente que algunos de los casi 30 l�deres presentes calificar�an m�s tarde la sesi�n como una �noche de terapia�. No hab�a c�maras ni grabaciones, y a cada uno de los presidentes y primeros ministros se les pidi� que acudieran solos, sin tel�fonos, para poder hablar con franqueza durante un momento.�Estamos marcando un l�mite aqu��, comenz� Emmanuel Macron, presidente de Francia, seg�n varios l�deres presentes y sus asesores de mayor rango. Durante un a�o, los aliados m�s cercanos de Estados Unidos hab�an intentado apaciguar a Trump con una mezcla de halagos y concesiones en materia de defensa mutua y comercio, con la esperanza de ganar tiempo. Ahora, los soldados franceses se encontraban en Groenlandia, junto a las fuerzas especiales danesas equipadas para una guerra abierta con Estados Unidos. El presidente franc�s repiti� un argumento que llevaba a�os defendiendo, con creciente urgencia: que la excesiva dependencia de Europa respecto a Estados Unidos supon�a un riesgo para la seguridad. �No hay vuelta atr�s�, afirm�.Un grupo de l�deres europeos se sum� a las quejas, se�alando que la Administraci�n parec�a m�s interesada en acuerdos mineros y energ�ticos que en defender el papel tradicional de Estados Unidos en el mundo. Europa corr�a el riesgo de convertirse en �una miserable esclava� de EEUU, se quej� el primer ministro de B�lgica. La primera ministra conservadora de Italia, Giorgia Meloni, discrep� y dijo a la sala llena de l�deres m�s liberales que, aunque quiz� no les gustara el presidente Trump, a�n se pod�a razonar con �l, seg�n personas presentes.A la izquierda de Meloni se sentaba la danesa Mette Frederiksen, tratando de mantener la compostura. Tras una semana de pol�tica de riesgo con Trump, la primera ministra danesa parec�a tan conmocionada que el canciller alem�n, Friedrich Merz, se tom� un momento para preguntarle c�mo se encontraba: ��Est�s bien?�.Pasaron las horas mientras los asistentes hablaban unos encima de otros en una conversaci�n con implicaciones tan trascendentales que parec�a surrealista: en su 250� aniversario, �se hab�a convertido Estados Unidos, protector de Europa, en una amenaza?Varios participantes mencionaron a un hombre que no estaba en la sala. Mark Carney, el nuevo primer ministro canadiense, hab�a estado enviando mensajes regularmente a los principales l�deres europeos utilizando un n�mero de tel�fono brit�nico de su �poca en Londres, tratando de convencerlos de que �la antigua Am�rica no va a volver�. Ahora, tras un discurso mordaz en la reuni�n anual de Davos, sus argumentos ganaban terreno. �Canad�, dijo el presidente del Gobierno de Espa�a, �est� diciendo abiertamente lo que deber�amos hacer�.En los meses venideros, las figuras m�s poderosas de Europa recordar�an la reuni�n de crisis de enero como el momento en que los pa�ses unidos por lazos de sangre y un sentido de destino compartido desde el final de la Segunda Guerra Mundial comenzaron a explorar caminos separados.Nadie ha presentado los papeles del divorcio, y figuras clave de ambos bandos est�n trabajando duro para mantener a flote un matrimonio sin amor. Desenredar los lazos entre Europa y EEUU ser�a una tarea tit�nica. Canad�, que est� animando a Europa a protegerse frente a una Am�rica m�s caprichosa, depende, parad�jicamente, mucho m�s de EEUU que casi cualquier otro pa�s del mundo.En el �mbito militar, es dif�cil imaginar que los aliados tomen caminos totalmente separados. La cumbre de la Organizaci�n del Tratado del Atl�ntico Norte de esta semana pondr� a prueba la determinaci�n de los l�deres para preservar un pilar emblem�tico del poder�o occidental ante la creciente desconfianza mutua.El avi�n en el que viaja Donald Trump Jr. llega al aeropuerto de Nuuk durante su visita privada a Groenlandia, el 7 de enero de 2025.EMIL STACHEFELa Casa Blanca ha afirmado que Trump espera mantener �conversaciones constructivas y francas con numerosos l�deres mundiales� en la reuni�n de Turqu�a. �El presidente Trump ha restablecido de forma efectiva la posici�n de Estados Unidos en la escena mundial y ha hecho m�s por la OTAN que nadie�, ha declarado la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly. �Tambi�n cree que algunos miembros de la OTAN deber�an esforzarse mucho m�s para cumplir con sus obligaciones�.Y, sin embargo, las conversaciones privadas sin tapujos que se est�n produciendo ahora en las altas esferas de las democracias europeas -muchas de las cuales se dan a conocer aqu� en detalle por primera vez- apuntan al peligroso camino que queda por delante.Los aliados estadounidenses han comenzado a pisar a fondo el acelerador en un experimento sin precedentes de �desamericanizaci�n�. Las autoridades, desde Francia hasta los Pa�ses Bajos, est�n retirando discretamente la tecnolog�a estadounidense de sus sistemas, adoptando software europeo de c�digo abierto e instando a los funcionarios a que dejen de utilizar Microsoft Teams u Office. Aunque con retraso, est�n invirtiendo cientos de miles de millones de d�lares para intentar impulsar las propias empresas espaciales privadas, las empresas de inteligencia artificial y los centros de datos europeos, con el fin de evitar depender de los gigantes estadounidenses.Los europeos est�n realizando estudios sobre d�nde almacenar�an sus datos o procesar�an sus pagos en caso de que se intensificaran las tensiones con EEUU, y sobre c�mo funcionar�an sus armamentos de fabricaci�n estadounidense sin la autorizaci�n de Washington. Naciones cuyos imperios en su d�a se extendieron por todo el mundo se ven ahora atrapadas tratando de liberarse de su humillante dependencia de la tecnolog�a y el poder�o militar estadounidenses, sin provocar a EEUU.Las acciones m�s recientes de EEUU no hacen m�s que reforzar la determinaci�n de los europeos. Para cuando los l�deres del Consejo Europeo se reunieron de nuevo en el Space Egg en marzo, los ataques a�reos de Trump contra Ir�n hab�an disparado los precios del combustible en todo el continente y el canciller Merz estaba furioso. Rusia, afirm�, ser�a la �nica ganadora de la nueva guerra en Oriente Medio, seg�n los l�deres presentes. Varios participantes iniciaron un debate ir�nico sobre si ser�a preferible una presidencia de JD Vance. Incluso la primera ministra italiana admiti� que estaba revisando su opini�n sobre el presidente estadounidense. Trump, lament� Meloni, �no es razonable�.Para comprender este cambio hist�rico, The Wall Street Journal habl� con jefes de Gobierno, sus ministros y altos asesores para reconstruir las reuniones a puerta cerrada en las que la alianza comenz� a resquebrajarse. WSJ pudo revisar notas detalladas tomadas por algunos participantes, as� como evaluaciones clasificadas que las agencias de inteligencia europeas proporcionaron a los l�deres que luchaban por orientarse en el nuevo Washington.Una de esas evaluaciones, procedente del sur de Europa, reza: �No est�s tratando con una administraci�n que siga unos procesos, sino con un �nico individuo vol�til�. El MI6 brit�nico, impresionado por el clima de miedo que se respiraba en Washington, ofreci� al primer ministro Keir Starmer una advertencia m�s aleg�rica: la segunda Administraci�n Trump, dec�a, �es una mezcla de The Crucible y Wolf Hall�, en referencia a dos obras de ficci�n sobre los juicios de brujas de Salem y la corte del irascible Enrique VIII de Inglaterra. La agencia de espionaje brit�nica orden� a su personal que no abordara el tema del presidente con sus hom�logos de la CIA.El informe revela el importante papel de Canad� a la hora de forjar el consenso aliado sobre c�mo lidiar con el nuevo Washington. Las amenazas de Trump de convertir a su vecino del norte en el estado n�mero 51 de Estados Unidos encendieron una mecha de consecuencias imprevistas que sigue ardiendo. Esto llev� al poder a Carney, un ex banquero central que hab�a dedicado los a�os posteriores a la crisis financiera de 2008-2009, a formular la tesis de que Occidente depend�a en exceso de un �nico pa�s, cada vez m�s impredecible. Como primer ministro, pudo empezar a poner en pr�ctica su teor�a.Con solo unos pocos aliados al principio —en particular Francia—, Carney se esforz� por convencer a sus hom�logos de que se enfrentaban a una dependencia estructural que no pod�a resolverse apaciguando a Trump. Su enfoque contrastaba con el de otra figura poderosa, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, un l�der veterano que ha intentado salvar la alianza liderada por Estados Unidos, en parte elogiando al l�der que la encabeza, una t�ctica que la prensa europea bautiz� como �diplomacia de la adulaci�n�.Lo que est� en juego no podr�a ser m�s importante para las docenas de aliados que se encuentran en medio, obligados a plantearse enormes preguntas que siguen sin respuesta: �ser� la antipat�a de Trump hacia Europa algo exclusivo de �l, o se convertir� en la nueva normalidad de Estados Unidos? �Deber�an comprar m�s tecnolog�a y armamento estadounidenses para convencer a Washington de que su alianza sigue siendo una bendici�n para la econom�a de EEUU o deber�an desarrollar los suyos propios y prepararse para el d�a en que la comunidad conocida como Occidente se desmorone?El �susurrador de Trump�Fue un a�o antes, en febrero de 2025, cuando Rutte gesticulaba animadamente ante los nerviosos l�deres europeos reunidos alrededor de una larga mesa de banquete iluminada por candelabros en el Palacio de Egmont de Bruselas, del siglo XVI, explic�ndoles c�mo abordar el enigma del reci�n reelegido Donald Trump.Apenas unos d�as despu�s de iniciar su segundo mandato, el presidente de EEUU amenazaba con imponer aranceles a Europa, y su hijo, Donald Trump Jr., hab�a aparecido en Groenlandia para posar con los lugare�os, a quienes hab�a regalado gorras de �MAGA�. La primera ministra danesa, Fredriksen, y el brit�nico Starmer se encontraban ambos en Bruselas para que los l�deres de la UE, el Reino Unido, Dinamarca y la OTAN pudieran ponerse de acuerdo sobre una estrategia com�n. La conversaci�n fue privada y estrictamente extraoficial: el lugar de la reuni�n se hab�a cambiado en el �ltimo momento para evitar el espionaje.Alto y teleg�nico, Rutte fue elegido para dirigir la OTAN en parte por su reputaci�n como �el que susurra a Trump�, ya que mantuvo un contacto amistoso con el presidente tras su derrota en 2020. Durante el almuerzo, Rutte present� una propuesta concisa que se convertir�a en su estrategia principal: darle una victoria a Trump.�Tenemos que destinar el 3,5 % a defensa�, afirm�, seg�n varios l�deres presentes, m�s o menos lo que gastan los EEUU y muy por encima del objetivo del 2 % del producto interior bruto que la OTAN hab�a alcanzado recientemente. Trump llevaba semanas insistiendo en que la cifra deb�a subir al 5 % —una cifra que los responsables europeos descartaban como fanfarronadas de Trump—, mientras que la cifra intermedia de Rutte proced�a de los planificadores militares de la OTAN que hab�an estudiado c�mo podr�a desarrollarse una guerra con Rusia.El presidente estadounidense, Donald Trump, recibe al canciller alem�n, Friedrich Merz, en el Despacho Oval de la Casa Blanca durante una reuni�n bilateral celebrada en marzo de 2026.SAMUEL CORUMEFEEn el lenguaje de la diplomacia europea, los l�deres se turnaron para afirmar y, al mismo tiempo, eludir el compromiso. Alemania afirm� que entend�a el objetivo, pero se preguntaba si no tendr�a m�s sentido hablar de qu� deber�an comprar, en lugar de cu�nto deber�an gastar. La italiana Meloni afirm� que le gustar�a gastar m�s, aunque la opini�n p�blica se mostraba muy reacia y, adem�s, las normas presupuestarias de la UE no lo permitir�an. El presidente de Ruman�a dijo que tambi�n apoyaba esa idea, pero pregunt�: �no desencadenar�a esto una carrera armament�stica en el continente?No tenemos otra opci�n, replic� Rutte. Los aliados tendr�an que intentarlo.Rutte, de casi 60 a�os, hab�a sido toda su vida un estudioso de la indispensabilidad del poder estadounidense. Su padre, prisionero de guerra en las Indias Orientales Neerlandesas, probablemente habr�a muerto bajo custodia japonesa si las fuerzas estadounidenses no hubieran barrido el Pac�fico. Rutte, el primer ministro que m�s tiempo ha permanecido en el cargo en la historia de los Pa�ses Bajos, se form� como admirador de Ronald Reagan y cre�a que el ej�rcito estadounidense y su paraguas nuclear seguir�an siendo la garant�a definitiva de la paz en este continente tan conflictivo. Pr�cticamente nunca se tomaba vacaciones; volv�a tarde del trabajo en bicicleta a casa para practicar con el piano.Sin Washington, argumentaba, el caleidoscopio de gobiernos de coalici�n de Europa —en docenas de pa�ses, muchos de ellos profundamente endeudados— tendr�a que destinar m�s del 10 % de su producto interior bruto solo a la defensa, especialmente ahora que la invasi�n rusa de Ucrania hab�a llevado la guerra a sus puertas. Por no hablar de la abrumadora tarea pol�tica que supondr�a construir un arsenal nuclear capaz de sustituir al de Estados Unidos. Elegido por unanimidad por los Estados miembros para dirigir la OTAN, afirm� que no ve�a otra opci�n que mantener a Estados Unidos como el eje en torno al cual se construy� Occidente. A los l�deres que coqueteaban con la idea de un nuevo Occidente, sin Estados Unidos como eje central, les respond�a: �Seguid so�ando�.�La gente con visiones�, sol�a bromear, �deber�a ir al m�dico�.Ahora, en la cima de su carrera, Rutte les dijo a sus confidentes que su misi�n primordial era mantener unida a la OTAN asegur�ndose de que Trump y Estados Unidos siguieran comprometidos con ella. Para ganarse algo de margen para plantarle cara a Trump en privado, Rutte comenz� a bombardearlo con muestras p�blicas de apoyo y elogios.Cuando enviaba mensajes de texto a Trump, Rutte imitaba la propia sintaxis y la hip�rbole del presidente, manteniendo sus mensajes en tono de felicitaci�n, con frases entrecortadas. Se meti� tanto en el papel que algunos jefes de Gobierno que trabajaban con �l empezaron a describirlo como un actor que nunca sal�a del personaje.Pronto, los l�deres europeos siguieron su ejemplo. El presidente de Finlandia y el primer ministro de Noruega empezaron a preparar sus mensajes de texto a Trump, discutiendo qu� palabras deb�an escribir en may�sculas. A veces, el l�der noruego prefer�a que fuera su hom�logo finland�s quien enviara el mensaje. A los responsables n�rdicos les preocupaba que la mera menci�n de Noruega, sede del Premio Nobel de la Paz, pudiera reabrir una herida dolorosa.A menudo, los europeos le devolv�an a Trump sus propias palabras: cuando el presidente se hac�a eco del rechazo de Vlad�mir Putin a un alto el fuego en Ucrania, ellos empezaron a describir su plan de paz —que equival�a a un alto el fuego— como �detener la matanza�. Trump reprendi� a la alta funcionaria de la UE, Ursula von der Leyen, por defender sanciones contra Rusia, por lo que ella empez� a referirse a la presi�n econ�mica como �aranceles�.El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibe al presidente franc�s, Emmanuel Macron, a su llegada a la Casa Blanca para mantener una reuni�n bilateral, en Washington.BONNIE CASHEFEUna sucesi�n de l�deres visit� la Casa Blanca, con la esperanza de moldear cuidadosamente a Trump con argumentos acordados en llamadas de coordinaci�n, para evitar cualquier desacuerdo abierto. A las pocas semanas de comenzar el segundo mandato de Trump, Macron le visit� para hablar de la OTAN y Ucrania. Ambos pasaron horas juntos, y el presidente de EEUU parec�a abierto a sus ideas. Utilizaron una tableta para conectarse a una videollamada dirigida por Justin Trudeau. Pero mientras el primer ministro canadiense hablaba, Trump, frustrado por un problema t�cnico que le imped�a intervenir, lanz� el dispositivo por encima del escritorio Resolute y lo dej� caer al suelo, seg�n cont� un funcionario presente.Cuando Merz le visit�, se sorprendi� al encontrar a Trump �normal�, seg�n coment� m�s tarde un funcionario. Trump escuch�, hizo preguntas, parec�a abierto a nueva informaci�n y bien informado sobre algunos temas —aunque, sorprendentemente, desconoc�a otros, incluida la situaci�n militar en Ucrania—. Durante su charla, Trump le dijo a Merz que ten�a algo que ense�arle y acompa�� al canciller alem�n a un peque�o estudio junto al Despacho Oval. Se trataba, anunci� Trump, de �la sala Lewinsky�, y la hab�a llenado de recuerdos de MAGA, entre ellos gorras rojas y cajas de zapatos de vestir Florsheim. �Coged lo que quer�is�, dijo un afable Trump a sus invitados alemanes, a�adiendo que sus esposas podr�an vender el bot�n por �miles de d�lares�.Las lisonjas de Rutte parec�an mantener a Trump comprometido con la OTAN, hasta abril, cuando el nuevo embajador de Trump ante la OTAN, Matthew Whitaker, lleg� a la sede de la alianza en Bruselas con un mensaje de Washington: el 3,5 % del PIB no era suficiente. El objetivo era el 5 % para 2035. Y tendr�an que comprometerse a ello antes de la pr�xima cumbre anual de la OTAN en junio.Los pa�ses de la OTAN situados en las fronteras con Rusia entendieron la l�gica, pero otros se quedaron at�nitos.Para aliviar la carga financiera, Whitaker ofreci� un plan seg�n el cual el 3,5 % destinado a inversi�n militar podr�a complementarse con otro 1,5 % del PIB para �inversiones relacionadas con la seguridad�, como pistas de aeropuertos, servicios meteorol�gicos y ciberseguridad, gastos que los pa�ses ya estaban asumiendo. Rutte acept� r�pidamente la idea y tranquiliz� a los reticentes: ciertos puentes y t�neles podr�an considerarse v�as vitales para una posible guerra con Rusia. En privado, inst� a sus colegas europeos: la cifra principal era la �victoria� que Trump necesitaba. En la pr�ctica, sab�an que nadie iba a obligar a unos gobiernos con restricciones presupuestarias a cumplir el objetivo, fijado para dentro de diez a�os.A medida que se acercaba la cumbre de la OTAN de 2025 en La Haya, segu�an existiendo detractores que se hac�an o�r. B�lgica y Eslovaquia no se sumaron a la iniciativa hasta que Rutte afirm� que las contribuciones a Ucrania tambi�n pod�an contabilizarse como gasto militar. Carney, el reci�n elegido primer ministro de Canad�, apoy� el nuevo objetivo de gasto: �Trump ten�a raz�n en esto�, dijo a sus colegas. El pa�s que se mantuvo inflexible fue Espa�a, cuyo primer ministro socialista, S�nchez, insisti� en que el 5 % era una cifra arbitraria.Durante 54 horas, los responsables de la OTAN intercambiaron mensajes con sus hom�logos espa�oles, que se negaban a comprometerse con el objetivo —que probablemente pocos de sus vecinos llegar�an a cumplir realmentE—. Al final, acordaron estar en desacuerdo. Rutte afirm� en una carta, que S�nchez hizo p�blica, que Espa�a podr�a seguir �su propio camino soberano� para cumplir los objetivos y que se evaluar�a su cumplimiento en 2029.El 24 de junio, Trump aterriz� en La Haya, la ciudad natal de Rutte, donde el secretario general de la OTAN le entreg� una gran victoria en materia de pol�tica exterior. La alianza, afirm� Trump, ya no era una estafa para Estados Unidos. Uno tras otro, los pol�ticos m�s poderosos de Occidente se turnaron para elogiar a Trump en una sesi�n a puerta cerrada por haber fortalecido la alianza de la que hab�a amenazado con retirarse. Pero Carney se mostr� m�s comedido: Trump ver�a m�s all� de los elogios, razonaron sus asesores, y los menospreciar�a por ello.El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibe al presidente franc�s, Emmanuel Macron, a su llegada a la Casa Blanca para mantener una reuni�n bilateral, en Washington.BONNIE CASHEFEAlgunos l�deres intentaron distender el ambiente. El primer ministro esloveno felicit� a Trump por presionar a su pa�s para que aumentara el gasto en defensa, diciendo que si alguien sab�a lo obstinados que pod�an ser los eslovenos, ese era el marido de Melania Trump. Trump sonri� ante la broma. El primer ministro de Bulgaria no pudo evitar darse cuenta de lo forzada que resultaba toda la actuaci�n.�Hab�a risas en la sala, pero ocultaban una profunda ansiedad�, afirm� Rosen Zhelyazkov, el entonces primer ministro. �Los l�deres europeos segu�an aferr�ndose a la creencia de que pod�an manejar a Donald Trump mediante la adulaci�n diplom�tica y el encanto personal�.�Rendimientos decrecientes�Semanas m�s tarde, la cumbre celebrada a mediados de agosto en Alaska entre Trump y Putin volvi� a hacer saltar las alarmas en Europa. Trump se mostr� aparentemente esc�ptico sobre las posibilidades de Ucrania en la guerra y intrigado por un plan ruso para ponerle fin en t�rminos m�s cercanos a los de Mosc� que a los de Europa. Un informe de inteligencia de car�cter confidencial difundido por un pa�s europeo ofrec�a detalles de los planes comerciales y econ�micos que la Administraci�n Trump estaba llevando a cabo con el Kremlin, incluida la explotaci�n conjunta de tierras raras en el �rtico. El presidente franc�s Macron defendi� en un chat grupal cifrado con sus hom�logos que deb�an viajar juntos a Washington para mantener una reuni�n urgente con Trump con el fin de apoyar al presidente ucraniano Volodymyr Zelensky.Seis presidentes y primeros ministros europeos, adem�s de Rutte y von der Leyen, de la UE, entraron en la Casa Blanca pasando junto a un cuarteto de cuerda y elogiaron al presidente por su fortaleza como negociador, mientras las c�maras de los medios grababan. �Muchas gracias, Mark�, le dijo Trump a Rutte. �Eres un gran l�der. Est�s haciendo un trabajo fant�stico�.Macron, que observaba la escena, parec�a inc�modo.La Casa Blanca resultaba casi irreconocible para el presidente franc�s, que llevaba en el cargo desde los primeros meses del primer mandato de Trump. Un plant�n de roble albar europeo, procedente de un campo de batalla de la Primera Guerra Mundial, que ambos presidentes hab�an plantado juntos ceremoniosamente en 2018 en el Jard�n Sur, hab�a sido retirado por temor a que portara par�sitos, y hab�a muerto. Una antesala junto al Despacho Oval estaba decorada con portadas de revistas enmarcadas del 47.� presidente. Los l�deres permanecieron en vilo mientras Trump, desde otra habitaci�n, llamaba inesperadamente a Putin durante 40 minutos.Al final, la intervenci�n solo les proporcion� un breve respiro. En cuesti�n de semanas, Trump volv�a a expresar dudas sobre las posibilidades de Ucrania y a considerar un plan de paz ruso que promocionaba oportunidades para las empresas estadounidenses. Los l�deres se dieron cuenta de que no podr�an obligar a Trump a apoyar la posici�n occidental sobre Ucrania —ni quiz� ninguna otra pol�tica—.Fue �una experiencia insoportable�, afirm� una de las personas presentes, y una se�al de la escasa influencia que los aliados m�s cercanos de Estados Unidos, incluso actuando de forma conjunta, ejerc�an sobre la Administraci�n.El fr�gil consenso en torno a los halagos comenzaba a resquebrajarse, una tendencia captada por el MI6 brit�nico. Esa forma de diplomacia, seg�n una evaluaci�n del servicio de inteligencia, estaba �sujeta a la ley de los rendimientos decrecientes�.Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del ingl�s por D. Lema.
"No hay vuelta atr�s": La historia desde dentro de la ruptura de Europa con Estados Unidos
Era casi medianoche en Bruselas y los l�deres europeos llevaban ya cinco horas inmersos en una reuni�n de emergencia con un �nico tema de debate: c�mo gestionar la ruptura con...










