Durante el último medio año ha habido dos crisis para Europa que han volado bajo el radar, especialmente después de que Estados Unidos e Israel lanzaran su ataque contra Irán, que ha consumido la atención y energías de Washington desde febrero: las amenazas estadounidenses respecto a Groenlandia y la posibilidad de que la Casa Blanca trate de imponer una paz mal negociada a Ucrania. Ahora, a raíz de la cumbre de la OTAN en Turquía y de lo que parecía el fin del conflicto contra Irán, esas dos crisis vuelven a estar sobre la mesa. El hecho de Trump haya dado por muerto el acuerdo con Teherán es un dudoso alivio para la preocupación europea. Al poco de aterrizar en Ankara (Turquía) para participar en la cumbre anualk de la OTAN, Trump volvía a poner el asunto de Groenlandia sobre la mesa, durante su reunión con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan. “Dinamarca no gasta dinero para ayudar de verdad a Groenlandia, pero es una zona importante para Estados Unidos, y está rodeada de barcos chinos y rusos”, explicó el inquilino de la Casa Blanca. El territorio ártico, dependiente de Copenhague, debería “estar bajo el control de Estados Unidos, no de Dinamarca” aunque los daneses “no quisieron aceptarlo” a pesar de “todo el dinero que gastamos para ayudarles con Rusia”, explicó el presidente norteamericano. La amenaza toma forma de queja, de lamento, un registro típico de Trump. El mismo que usó cuando también se mostró molesto con que los aliados europeos no hubieran demostrado lo que él considera lealtad durante los ataques estadounidenses e israelíes contra Irán (de los que no fueron informados en el seno de la OTAN). No necesitaba el apoyo de los aliados europeos, explicó, pero quería saber si estarían junto con EEUU, y no lo estuvieron. Esta queja llegó a su punto álgido con España, a quien de nuevo amenazó este miércoles con "cortar todo el comercio". Pero aunque sea como queja, los comentarios respecto a Groenlandia demuestran que Trump no considera resuelto el incidente, y que este puede volver a resurgir. Esa ha sido precisamente la tesis de Dinamarca durante estos meses. TE PUEDE INTERESAR El choque por la isla ártica llegó a su punto álgido a finales de 2025 y los primeros días de 2026, cuando la administración Trump llegó incluso a no descartar el uso de la fuerza para hacerse con el territorio. Copenhague desplegó unidades militares en Groenlandia, como también lo hicieron algunos aliados europeos, como Francia o Reino Unido. Trump respondió amenazando con aranceles contra aquellos países que respaldaban a Dinamarca. El asunto ha marcado la principal crisis de confianza entre EEUU y sus aliados europeos en décadas y ha deteriorado las relaciones. Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca, ha explicado que el país defenderá “cada centímetro” de Groenlandia incluso si es atacada por “un antiguo aliado” y ha subrayado que “por desgracia” la posición de la administración estadounidense respecto al territorio ártico “es muy clara”. Trump ha explicado que podría “retirar todos los soldados (norteamericanos) de Europa” como castigo, una amenaza habitual en el contexto de una actual revisión por parte de EEUU de la presencia de sus tropas en el continente. Negociaciones sobre Ucrania La otra crisis, la relacionada con las negociaciones sobre Ucrania, ha sido la otra gran fuente de tensión entre Washington y los aliados europeos, y hay señales esperanzadoras y amenazantes. El conflicto se encuentra relativamente estancado, con los ucranianos logrando ralentizar el avance del ejército invasor de forma significativa y lanzando ataques en el interior de Rusia. Pero no hay ninguna señal de gran ruptura a favor de uno u otro. Trump y su equipo, que en 2025 cortaron ya todo apoyo militar a Ucrania, que ahora están financiando los miembros europeos de la OTAN a través de PURL, han demostrado poca paciencia con el conflicto y con la falta de avances en las negociaciones que ha intentado patrocinar. La crisis del plan de los 28 puntos, un plan de paz estadounidense que había tenido una fuerte influencia del Kremlin, parece ahora lejano en el tiempo, pero la realidad es que es de noviembre de 2025: tiene poco más de medio año. Trump habló por última vez el año pasado con Vladimir Putin, presidente ruso, en diciembre, justo un mes después de que saliera a la luz el plan de 28 puntos que Steve Witkoff había elaborado mano a mano con el enviado personal de Putin para tratar con los estadounidenses. Y, desde entonces, la comunicación entre ambos líderes había tenido menos intensidad, con una llamada en marzo. A partir de la primavera, la comunicación volvió a coger fuerza: una llamada a finales de abril, otra el 14 de junio, por el cumpleaños del estadounidense, y otra el 4 de julio, por el 250 aniversario de la declaración de independencia. TE PUEDE INTERESAR Esa intensificación de la comunicación entre Trump y Putin se sigue con desconfianza desde Europa. Además, según el Kremlin, en junio ambos líderes acordaron una nueva visita de Witkoff y de Jared Kushner a Moscú, como la que realizaron en diciembre para tratar de salvar el famoso plan de 28 puntos que Witkoff había cocinado junto con Kirill Dmitriev y Yuri Ushakov. Trump es muy inestable respecto a Ucrania, y en los últimos meses los aliados creen que el presidente estadounidense ha empezado a cambiar su enfoque respecto al conflicto, hacia una posición favorable para los intereses de Kiev. También lo cree Volodímir Zelenski, presidente ucraniano, que ha hablado recientemente con el inquilino de la Casa Blanca y que se reunirá con el estadounidense durante la cumbre de la Alianza Atlántica. Pero eso depende de que el Kremlin ceda y esté dispuesto a negociar. Y lo saben los aliados europeos y lo sabe Moscú: para frustrar la posición de fuerza de Ucrania solamente tiene que arrastrar los pies en la negociación. Con su conocida falta de paciencia e irritabilidad, la falta de progresos en cualquier negociación es un riesgo para Ucrania. Durante el último medio año ha habido dos crisis para Europa que han volado bajo el radar, especialmente después de que Estados Unidos e Israel lanzaran su ataque contra Irán, que ha consumido la atención y energías de Washington desde febrero: las amenazas estadounidenses respecto a Groenlandia y la posibilidad de que la Casa Blanca trate de imponer una paz mal negociada a Ucrania. Ahora, a raíz de la cumbre de la OTAN en Turquía y de lo que parecía el fin del conflicto contra Irán, esas dos crisis vuelven a estar sobre la mesa. El hecho de Trump haya dado por muerto el acuerdo con Teherán es un dudoso alivio para la preocupación europea.
La cumbre de la OTAN reaviva las viejas obsesiones europeas de Trump: Groenlandia y deslealtad
El presidente estadounidense vuelve a la carga con Groenlandia y la crisis respecto a las negociaciones de paz para Ucrania vuelve a estar sobre la mesa










