Cientos de personas han sido detenidas en Turquía, tanto en manifestaciones como de forma preventiva, en la semana previa a la cumbre anual de la OTAN que acogerá una Ankara blindada por decenas de miles de agentes para evitar percances a los líderes y ministros de los 32 países miembros y de Ucrania, así como a representantes de Qatar, Kuwait, Baréin y Emiratos Árabes Unidos. Pese a la deriva cada vez más autoritaria del Gobierno de Recep Tayyip Erdogan —su mayor rival político está entre rejas desde hace más de un año y el principal partido de la oposición ha sido intervenido por la Justicia—, los socios han dejado a un lado la situación de los derechos humanos en el país euroasiático, conscientes de la importancia estratégica de Turquía para la defensa de la Alianza en un momento crítico.El tráfico en las grandes avenidas del centro de Ankara fluía de forma inusitada para un lunes por la mañana. “Han dado permiso administrativo a los funcionarios”, explica el taxista que transporta a este periodista por calles prácticamente vacías, en las que piquetes de policía vigilan cada esquina. Del 6 al 12 de julio, los funcionarios no esenciales tendrán vacaciones. Y eso es mucho en una capital como Ankara, donde 400.000 empleados —uno de cada 14 habitantes— trabajan para la administración pública. Están excluidos, eso sí, los 56.000 policías y gendarmes —un tercio de ellos traídos de otras provincias— que velarán por la seguridad de la cumbre, en especial las calles del entorno del Palacio Presidencial, cerradas al tráfico durante el martes y el miércoles. También se ha prohibido el acceso al centro de Ankara de vehículos de gran tonelaje y de camiones cisterna para evitar accidentes o atentados. El Gobierno ha emitido directrices a los taxistas angorinos ordenándoles que vistan camisa y pantalón, así como que tengan disponibles colonia y delicias turcas en el vehículo para ofrecer a los delegados extranjeros y dar buena imagen. Muchos, sin embargo, no han seguido la ordenanza.También se han prohibido los exámenes, simposios, ceremonias de graduación, festivales y celebraciones, así como toda manifestación o concentración en la capital durante las dos primeras semanas de mes, lo que ha obligado a suspender la protesta de los profesores de escuelas privadas que mantenían una huelga de hambre por sus condiciones laborales en una plaza de Ankara.Con todo, el Partido Comunista de Turquía desafió el domingo estas prohibiciones con una protesta en la céntrica plaza de Kizilay en la que se corearon lemas como “OTAN asesina, fuera del país” o “stop a la OTAN”. La policía intervino contra los manifestantes y detuvo a más de 100 miembros de la formación izquierdista. También el domingo, 39 personas fueron arrestadas en sus domicilios en diversos puntos del país. Entre ellas, activistas, políticos de izquierdas, abogados y periodistas, a las que la Fiscalía acusa de lazos con grupos armados. Igualmente, la policía anunció en la mañana del lunes que, en controles y redadas preventivas en Ankara, ha arrestado a otras 46 personas con antecedentes por posesión ilegal de armas o actividades violentas.Estas detenciones se unen a las redadas de las dos últimas semanas en las que más de 200 personas fueron capturadas por la policía —103 han sido enviadas a prisión preventiva—, entre ellas académicos y activistas medioambientales. Aunque la mayoría de los detenidos son de tendencia progresista, también ha habido una veintena de detenciones de islamistas radicales. El 24 de junio, además, un sospechoso de pertenecer a Estado Islámico murió en un tiroteo con agentes especiales que iban a arrestarlo en un pueblo cercano a la capital. “Las prohibiciones y restricciones, las detenciones y arrestos injustificados en Ankara a raíz de la Cumbre de la OTAN son completamente inaceptables. Reiteramos la necesidad de respetar las libertades democráticas y los derechos sindicales”, denunció Arzu Çerkezoglu, líder de DISK, una de las principales centrales sindicales turcas, en una protesta en Estambul celebrada el pasado domingo. La sindicalista también criticó que Ankara se haya convertido en “un escaparate para los jefes de Estado extranjeros”, puesto que únicamente se han renovado y solucionado los problemas urbanísticos a lo largo de las rutas que seguirán los convoyes de los líderes atlánticos. Más duro fue Tuncer Bakirhan, copresidente del partido prokurdo DEM, tercera fuerza del país, que comparó la situación a “una ley marcial no declarada”. “Usando la Cumbre de la OTAN como pretexto, el país ha sido convertido en un centro de detención de una punta a otra”, criticó. Represión políticaLa cumbre coincide, además, con varias citas claves en la represión de la oposición. El principal partido opositor, el socialdemócrata CHP, se dirige a una escisión después de que la Justicia depusiese a su líder, Özgür Özel, y reinstalase a su antecesor en su lugar, Kemal Kiliçdaroglu, quien se niega a convocar un congreso de inmediato, como le exige la militancia. Y este mismo lunes, el candidato del CHP a las próximas elecciones presidenciales, el exalcalde de Estambul Ekrem Imamoglu, ha comparecido en tres juicios diferentes por los que se enfrenta a una petición de más de 2.000 años de cárcel.La pasada semana, el tribunal que juzga a Imamoglu por supuesta corrupción anunció por sorpresa que acortaba el periodo para la exposición de la defensa hasta el próximo jueves, lo que ha motivado que el relator del Parlamento Europeo para Turquía, el socialdemócrata Nacho Sánchez Amor, haya viajado de urgencia a Turquía para expresar sus quejas: “El tribunal no parece que intente siquiera aparentar un juicio justo. Se está minando el derecho a la defensa”. El eurodiputado español también criticó otro arresto que ha sacudido al país: el del joven comediante Deniz Göktas, enviado a una prisión de máxima seguridad en el norte del país habitualmente reservada para condenados a cadena perpetua agravada, líderes de organizaciones criminales y presos difíciles. Fue acusado de “ofensas a los sentimientos religiosos” e “injurias al presidente”, después de que su espectáculo de humor político, en el que llama “dictador” a Erdogan, se convirtiese en un éxito en las redes sociales: solo en YouTube ha sido visto por 11 millones de personas en poco más de diez días.Al contrario que en la década pasada, cuando las reformas antidemocráticas y las violaciones de derechos humanos llevaron a críticas de sus socios occidentales e incluso a embargos armamentísticos, ahora los miembros de la Alianza Atlántica parecen haberse hecho a la idea de que es más productivo callar, dada la importancia estratégica de Turquía, con el segundo mayor ejército de la OTAN en número de efectivos, su pujante industria armamentística —que fue clave en el suministro de drones a Ucrania en los primeros compases de la invasión rusa— y su situación geográfica. “Tenemos que incrementar la presencia y la influencia turca”, afirmó el exministro de Defensa letón, Artis Pabriks, en un reciente simposio sobre la Cumbre de Ankara organizado por el Instituto Nórdico del Báltico, durante el que agradeció la contribución turca a la defensa aérea de los países bálticos.El control turco de los estrechos que comunican el Mediterráneo y el mar Negro permitió impedir el paso de buques rusos de guerra y el aprovisionamiento de su flota, y este mismo año se ha establecido un Mando de la OTAN en Estambul para vigilar esas aguas, en las que la Armada turca, junto a la búlgara y la rumana, patrulla para neutralizar minas navales que ponen en peligro rutas comerciales clave para los países ribereños. Además, la actual Administración de Donald Trump se ha apoyado en Ankara para mantener cierta influencia en Oriente Próximo, en especial en la nueva Siria pos-Asad. Y para los países europeos, la cooperación de Ankara es esencial para contener los flujos migratorios. “La importancia estratégica no puede sustituir la legitimidad democrática. Una Turquía democrática no solo es esencial para sus propios ciudadanos, sino también un socio más fuerte y fiable para la estabilidad y la seguridad de Europa y de la región en general”, criticó Sánchez Amor en un comunicado, en el que subrayó que los socios europeos de Turquía “no deberían considerar el Estado de derecho como una cuestión secundaria”.
Ankara recibe a los líderes de la OTAN con cientos de detenciones preventivas, un blindaje total y taxistas con colonia
Los socios occidentales han dejado de criticar la deriva autoritaria de Erdogan, conscientes de la importancia cada vez mayor de Turquía para la Alianza Atlántica













