Hay páginas que explican una manera de mirar el mundo. Cien años de soledad es de ese tipo. Allí, Gabriel García Márquez retrata a Macondo como un lugar donde el júbilo colectivo tiene la fuerza suficiente para alterar el ritmo de la vida cotidiana. Basta la llegada del circo, de la música o de un invento desconocido para que el pueblo entero deje de lado sus preocupaciones y se entregue a la celebración, aunque sea por unas horas.Ese instante de felicidad compartida nunca es superficial. Ningún personaje celebra completamente solo: incluso quienes cargan con sus propias tragedias también encuentran en el júbilo colectivo un refugio momentáneo frente a la incertidumbre. En México conocemos bien esa sensación. Existen acontecimientos, como el Mundial de futbol, que son capaces de borrar las diferencias. Entonces las calles se transforman, las plazas recuperan su bullicio y millones vuelven a sentirse parte de una misma conversación nacional. Más que un deporte, es la oportunidad de reconocernos como integrantes de un pueblo que aún sabe emocionarse unido. De ahí que este Mundial volviera a recordarnos esa capacidad, porque, más allá de los resultados, ha servido para despertar un sentimiento que permanece dormido entre la rutina y el ritmo acelerado de la vida diaria. Durante unas semanas, México volvió a mirarse a sí mismo con entusiasmo, descubriendo que todavía existen motivos para celebrar en colectivo. Pero no es la primera ocasión que un Mundial refleja el espíritu de su tiempo. En 1970, México aprovechó la oportunidad para presentarse como una nación que aspiraba a la modernidad. Aquel campeonato proyectó la imagen de un país que buscaba abrirse paso entre las grandes naciones y que entendía el deporte como una ventana hacia el futuro.En 1986, el contexto era completamente distinto, porque esa Copa del Mundo terminó convirtiéndose en una celebración de la capacidad del pueblo mexicano para levantarse de la adversidad. Los mismos ciudadanos y ciudadanas que habían removido escombros tras el terremoto de 1985, para rescatar vidas, llenaron los estadios, con la convicción de que la solidaridad también podía convertirse en esperanza.Y es que los grandes acontecimientos deportivos funcionan como un espejo: si bien reflejan el nivel futbolístico de una selección, también muestran el estado de ánimo de todo un pueblo. Por eso, este Mundial dialoga además con el momento que vive el país. Después de años de gobiernos neoliberales que afirmaron que cambiar el rumbo de México era poco menos que imposible, la transformación iniciada en 2018 ha demostrado que las decisiones públicas sí pueden modificar la vida de millones de personas. La reducción de la pobreza, la ampliación de derechos sociales, el fortalecimiento del salario mínimo y la recuperación de un Estado con mayor capacidad para conducir el desarrollo nacional forman parte de una realidad que hoy viven miles de familias. Con la presidenta Claudia Sheinbaum al frente, el Segundo Piso de la Cuarta Transformación representa la continuidad de un proyecto que apuesta por consolidar esos avances y abrir nuevas oportunidades para las personas que permanecieron relegadas durante décadas.El futbol también enseña que las victorias duraderas nunca dependen de una sola figura, que detrás de cada campeonato existe un equipo que aprendió a confiar en el esfuerzo colectivo y a entender que el talento individual únicamente alcanza su verdadera dimensión cuando trabaja por el servicio común.La política comparte esa misma lógica, pues ninguna transformación auténtica puede sostenerse sobre el protagonismo de una sola persona, sino que requiere de la participación permanente de un pueblo consciente de su responsabilidad histórica.Nuestro movimiento lo sabe bien. A lo largo de los años enfrentó campañas de desprestigio, resistencias y malos augurios. Sin embargo, la convicción de millones de mexicanas y mexicanos terminó siendo más fuerte que cualquier intento por detenerlo. Hoy esa confianza y respaldo popular continúan siendo el principal motor para seguir construyendo un país más justo, más soberano y con mayores oportunidades para cada persona.El júbilo debería entenderse como una expresión de confianza en nosotros mismos, no como una emoción pasajera y sí como la certeza de que un pueblo unido puede sobreponerse a las dificultades sin renunciar a sus aspiraciones. Así lo demuestra un estadio lleno cuando canta el Himno Nacional y también un pueblo que decide participar, organizarse y hacerse cargo de su propio destino.Quizá la lección más valiosa que nos está dejando este Mundial es que los sueños colectivos siguen teniendo sentido cuando existe voluntad para perseguirlos, porque en la política y en el deporte no hay triunfos definitivos ni derrotas eternas. A final de cuentas, el júbilo también consiste en creer que lo mejor aún está por escribirse. Y si algo nos ha enseñado México es que nunca deja de levantarse para volver a intentarlo, y que, sin importar qué pase, siempre estaremos listas y listos para el siguiente reto o el siguiente Mundial.Coordinador de los diputados de Morena ricardomonreala@yahoo.com.mxX: @RicardoMonrealAÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Júbilo, escribe Ricardo Monreal
Hay páginas que explican una manera de mirar el mundo. Cien años de soledad es de ese tipo. Allí, Gabriel García Márquez retrata a Macondo como un lugar donde el júbilo colectivo tiene la fuerza suficiente para alterar el ritmo de la vida cotidiana. Basta la llegada del circo, de la música o de un invento desconocido para que el pueblo entero deje de lado sus preocupaciones y se entregue a la celebración, aunque sea por unas horas.Ese instante de felicidad compartida nunca es superficial. Ningún personaje celebra completamente solo: incluso quienes cargan con sus propias tragedias también encuentran en el júbilo colectivo un refugio momentáneo frente a la incertidumbre. En México conocemos bien esa sensación. Existen acontecimientos, como el Mundial de futbol, que son capaces de borrar las diferencias. Entonces las calles se transforman, las plazas recuperan su bullicio y millones vuelven a sentirse parte de una misma conversación nacional. Más que un deporte, es la oportunidad de reconocernos como integrantes de un pueblo que aún sabe emocionarse unido. De ahí que este Mundial volviera a recordarnos esa capacidad, porque, más allá de los resultados, ha servido para despertar un sentimiento que permanece dormido entre la rutina y el ritmo acelerado de la vida diaria. Durante unas semanas, México volvió a mirarse a sí mismo con entusiasmo, descubriendo que todavía existen motivos para celebrar en colectivo. Pero no es la primera ocasión que un Mundial refleja el espíritu de su tiempo. En 1970, México aprovechó la oportunidad para presentarse como una nación que aspiraba a la modernidad. Aquel campeonato proyectó la imagen de un país que buscaba abrirse paso entre las grandes naciones y que entendía el deporte como una ventana hacia el futuro.En 1986, el contexto era completamente distinto, porque esa Copa del Mundo terminó convirtiéndose en una celebración de la capacidad del pueblo mexicano para levantarse de la adversidad. Los mismos ciudadanos y ciudadanas que habían removido escombros tras el terremoto de 1985, para rescatar vidas, llenaron los estadios, con la convicción de que la solidaridad también podía convertirse en esperanza.Y es que los grandes acontecimientos deportivos funcionan como un espejo: si bien reflejan el nivel futbolístico de una selección, también muestran el estado de ánimo de todo un pueblo. Por eso, este Mundial dialoga además con el momento que vive el país. Después de años de gobiernos neoliberales que afirmaron que cambiar el rumbo de México era poco menos que imposible, la transformación iniciada en 2018 ha demostrado que las decisiones públicas sí pueden modificar la vida de millones de personas. La reducción de la pobreza, la ampliación de derechos sociales, el fortalecimiento del salario mínimo y la recuperación de un Estado con mayor capacidad para conducir el desarrollo nacional forman parte de una realidad que hoy viven miles de familias. Con la presidenta Claudia Sheinbaum al frente, el Segundo Piso de la Cuarta Transformación representa la continuidad de un proyecto que apuesta por consolidar esos avances y abrir nuevas oportunidades para las personas que permanecieron relegadas durante décadas.El futbol también enseña que las victorias duraderas nunca dependen de una sola figura, que detrás de cada campeonato existe un equipo que aprendió a confiar en el esfuerzo colectivo y a entender que el talento individual únicamente alcanza su verdadera dimensión cuando trabaja por el servicio común.La política comparte esa misma lógica, pues ninguna transformación auténtica puede sostenerse sobre el protagonismo de una sola persona, sino que requiere de la participación permanente de un pueblo consciente de su responsabilidad histórica.Nuestro movimiento lo sabe bien. A lo largo de los años enfrentó campañas de desprestigio, resistencias y malos augurios. Sin embargo, la convicción de millones de mexicanas y mexicanos terminó siendo más fuerte que cualquier intento por detenerlo. Hoy esa confianza y respaldo popular continúan siendo el principal motor para seguir construyendo un país más justo, más soberano y con mayores oportunidades para cada persona.El júbilo debería entenderse como una expresión de confianza en nosotros mismos, no como una emoción pasajera y sí como la certeza de que un pueblo unido puede sobreponerse a las dificultades sin renunciar a sus aspiraciones. Así lo demuestra un estadio lleno cuando canta el Himno Nacional y también un pueblo que decide participar, organizarse y hacerse cargo de su propio destino.Quizá la lección más valiosa que nos está dejando este Mundial es que los sueños colectivos siguen teniendo sentido cuando existe voluntad para perseguirlos, porque en la política y en el deporte no hay triunfos definitivos ni derrotas eternas. A final de cuentas, el júbilo también consiste en creer que lo mejor aún está por escribirse. Y si algo nos ha enseñado México es que nunca deja de levantarse para volver a intentarlo, y que, sin importar qué pase, siempre estaremos listas y listos para el siguiente reto o el siguiente Mundial.Coordinador de los diputados de Morena ricardomonreala@yahoo.com.mxX: @RicardoMonrealAÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.







