Ni el idioma, famosamente complicado para el hispanohablante, ni un clima inhóspito en algunas épocas del año, ni tampoco un coste de la vida más elevado que en España han disuadido a las maestras que en los últimos meses han decidido hacer las maletas e instalarse en Finlandia. El Ayuntamiento de Helsinki ha acelerado un plan para atraer a docentes de educación infantil del resto de Europa con el fin de suplir una carencia de unos 6.000 educadores. Y así ha dado un ejemplo práctico sobre cómo atraer talento y valorar como merecen a estas educadoras, fundamentales en los primeros pasos de la formación de los futuros ciudadanos.La capital finlandesa centra su búsqueda en España, por la buena formación y preparación. La oferta es generosa para los criterios españoles: 3.200 euros mensuales brutos, casi el triple de lo habitual en España en el primer ciclo de Infantil, de cero a tres años, y una vivienda municipal relativamente accesible. Para todo educador, trabajar en el sistema finlandés, un referente mundial, es una valiosa experiencia. Hay otro factor: la sensación, entre los docentes españoles, de que el sistema no los trata como a algunos de sus colegas en otros países europeos. Los recortes presupuestarios de las últimas dos décadas, nunca recuperados del todo, han hecho aún más difícil la vida en este sector, cuyos profesionales se han movilizado para exigir mejoras salariales y en las condiciones de trabajo.Durante mucho tiempo se trató a las maestras como simples cuidadoras y a las escuelas infantiles como lugares donde aparcar a los niños. Es una visión del todo obsoleta. Porque esta etapa es justamente el primer peldaño educativo, donde tan importante es aprender a comer solo y ponerse los zapatos como aprender los rudimentos para leer y escribir. “En los mil primeros días de vida empieza la desigualdad social”, suele repetir el neurólogo Boris Cyrulnik. Si no se cumple ese primer paso, los siguientes tardan en completarse, y ahí las maestras —en la fase de cero a tres años el 97% son mujeres– ejercen, junto a los padres, un papel determinante. Por eso resulta inexplicable que sus salarios en muchos casos no les den para vivir por su cuenta y no obtengan el reconocimiento debido. Y no es sorprendente que la opción de salir de España, aun con las dificultades que conlleva, sea cada vez más atractiva.Las educadoras de infantil no son las únicas. Médicos y sanitarios, investigadores, técnicos salen en busca de salidas mejor remuneradas y menos precarias. Pero por mucho que esta movilidad hable bien de la calidad de los profesionales españoles, hay varias lecciones en el ejemplo finlandés. Una es la defensa de la educación pública. Y la otra, primordial, la necesaria consideración social de las maestras y de su papel crucial para la sociedad: que nuestros hijos inicien el camino del aprendizaje en unos años decisivos. Finlandia es un espejo de nuestras carencias.