Kiki Morente no llegaba a los seis años de edad cuando en su casa se vivió una agitación inusual. Su padre, Enrique Morente, llevaba meses absorbido por una idea, un nuevo proyecto que no iba a ser un disco cualquiera. El gran cantaor, que ya había revolucionado el flamenco varias veces, se disponía a dar una nueva de tuerca al género con textos de Federico García Lorca y Leonard Cohen junto a unos extravagantes compañeros de viaje: la banda granadina de punk rock Lagartija Nick.

El invento se dio en llamar Omega; tras la sorpresa se convirtió en un clásico casi instantáneo y es una referencia ineludible en todas las listas de los mejores discos españoles del siglo XX. Ahora, 30 años después, aquel niño que miraba absorto a aquellos señores con botas y chupas de cuero se reúne con ellos para conmemorar aquel hito.

“Tengo recuerdos muy divertidos, flashes de la memoria y fotos muy bonitas de mi padre con los Lagartija”, evoca Kiki. “Por ejemplo, la primera vez que vi un bajo y una guitarra eléctrica fue precisamente en un ensayo de Omega. Pero sobre todo conservo en mi cabeza la sensación de que algo raro pasaba en casa, que mi padre estaba haciendo algo importante”.

Un chamán

Por su parte, el cantante y bajista de Lagartija Nick, Antonio Arias, recuerda que “en aquel momento la escena granadina era muy distinta. Gente como mi hermano, Mariano Maresca, Julio Juste o el poeta Javier Egea nos juntábamos en La Tertulia y vivíamos esa borrachera de luminosa amistad de la que hablaba Enrique, en la que todas las ideas eran bienvenidas. No pensábamos en problemas, todo eran descubrimientos”.