Saca una manzana del bolsillo de la chaqueta, la frota contra la manga hasta sacarle brillo y se la ofrece al hijo del cantaor Enrique Morente. “Toma, Kiki. Cógela. Tu padre me dio una igual hace años”, le dice Antonio Arias antes de entrar a un ensayo en el que se escenificará el relevo generacional. Tocado con su habitual sombrero y tras unas gafas de sol oscuras, el bajista y cantante del grupo de rock Lagartija Nick apenas ha irrumpido en el estudio cuando un puñado de flamencos lo recibe al grito de “maestro”. Preparan una gira para conmemorar Omega, el álbum que hace tres décadas reventó las costuras de la música popular española desde Granada. Fundió la distorsión eléctrica de Lagartija Nick con los arrebatos de Morente, fallecido en 2010; las letras de Leonard Cohen con los versos de Federico García Lorca. El artefacto enfureció a la afición del cante jondo y heló a muchos roqueros. Solo el paso de los años lo ha elevado a la categoría de mito trascendental.Los cuatro integrantes de Lagartija Nick, Kiki Morente y un cuadro de músicos flamencos se han retirado a la vega granadina hasta el comienzo de la gira, cuya parada principal tendrá lugar el 14 de julio en las Noches del Botánico de Madrid. Ensayan de lunes a sábado ocho horas al día en una hacienda reconvertida en estudio y disimulada entre antiguos secaderos de tabaco a la que llega el rumor de las acequias de origen nazarí. “Queremos sumergirnos de nuevo en la atmósfera de las canciones y salir transformados. Invocar una vez más el espíritu de Omega”, abunda Arias (61 años) sobre un repertorio que culminó meses de investigaciones musicales con Morente, padre. El cantaor aplicó su oficio en el proceso para entretejer letras traducidas de Cohen con poemas de Lorca, rondeñas y soleares. Un cortapega entre lo culto y lo popular que se encuentra en los orígenes mismos del flamenco.Kiki Morente (Granada, 36 años), que ya ha firmado dos discos propios, nada en las aguas de Omega desde niño. Le gustaba acompañar a su padre en los ensayos y las grabaciones. El primer instrumento eléctrico que el pequeño de la saga sostuvo entre las manos fue el bajo de Arias. Sus hermanas, Estrella y Soleá, llegaron a ejercer como coristas en unas primeras actuaciones marcadas por la incertidumbre. En febrero de 1996, el público los echó a gritos del teatro Albéniz de Madrid cuando Lagartija Nick subió al escenario en los bises de un recital flamenco tradicional de Enrique Morente y Tomatito. “Yo no entendía muy bien qué hacía mi padre con aquellos roqueros más jóvenes que él. Venían mucho a casa, tenían un lenguaje propio”, rememora el único hijo del cantaor, que siente “el peso de la responsabilidad” al resucitar el repertorio. “Las canciones son perfectas. ¿Qué puedo aportar yo? Tal vez desempolvarlas, traerlas al presente en su aniversario”, se responde. Las ventanas del estudio conceden vistas al mar en calma de la vega, que se extiende bajo la atenta mirada de Sierra Nevada. Al comenzar el ensayo, los músicos se disponen en círculo como es costumbre entre los flamencos de casta. Kiki Morente se siente pleno al rodearse de los suyos. Comienza a templar la voz cuando uno de sus tíos, el cantaor y guitarrista Antonio Carbonell Montoyita, ya ha marcado con las palmas el compás de una bulería. Surgirán después uno a uno los melismas de Solo del pastor bobo, donde el verso libre de Lorca se logra ajustar al tiempo del palo flamenco más festivo. Junto a Lagartija Nick, Carbonell es el único de los presentes que participó en la grabación de Omega y su nombre aparece en la portada de la primera edición entre el de otros siete gigantes del toque como Vicente Amigo, El Paquete, Isidro Muñoz o Tomatito. Morente, padre tuvo la fortuna de convencer a algunos de los tocaores vivos más prestigiosos de que se sumasen a Omega y revistió así el experimento de mayor legitimidad. Si estos días se echa en falta la colaboración de alguno de ellos, todos en activo, Arias sale al paso defendiendo que “el proyecto solo podía salir adelante si Kiki lo comandaba a su manera”. El objetivo de la gira no es replicar aquella alineación que hoy cautivaría al gran público y que unos cuantos promotores han perseguido con escasos resultados. “El disco venía acompañado de unos objetivos ideológicos que lo hacen muy actual. Se trataba de crear una escena basada en conceptos libertarios donde primara el trabajo en equipo”, desgrana en un aparte del ensayo el vocalista de Lagartija Nick, a quien avalan cuatro décadas de trayectoria. Alterna los ensayos con la promoción de su último elepé en solitario, Mawlid, que indaga en los orígenes de la música africana.El maestro Morente fue autodidacta, como los cantaores que sonaban en los discos de pizarra con los que creció. El Ronco del Albaicín, así se bautizó él mismo, aprendió la ortodoxia de los más grandes para desplegarla siendo aún niño en los tablaos y las fiestas privadas de Madrid. Allí conoció a su mujer, Aurora Carbonell La Pelota, una bailaora del barrio de La Latina con la que se fugaría en contra de las leyes gitanas. El hijo de ambos sí se ha formado en solfeo, canto y guitarra. Su padre se empeñaba en acompañarlo al conservatorio de Granada si se enteraba de que faltaba a clase. Kiki Morente ha heredado de él su cabello rizado y cierta seguridad frente al riesgo. Percibe Omega como un repertorio “mágico” que le permite dejarse llevar por “la emoción como ningún otro”, pero también toma la forma de una “marcha fúnebre” por los que no están, entre ellos su padre y el periodista de esta casa Jesús Arias, hermano de Antonio y compositor de la banda punk TNT.No en vano, el subtítulo que Lorca puso a los versos de Omega es Poema para los muertos, en alusión a las almas apagadas que deambulan por Nueva York, simbolizadas con la metáfora de un insecto en la necrópolis del dólar. “Tanto él como Cohen son nuestras guías espirituales en este viaje. También nos inspiran los familiares y amigos que se fueron”, detalla Arias para evocar después los días del álbum. Cuenta que el maestro Morente se refugió en el estudio de grabación solo unas pocas horas después del fallecimiento de su madre. Su voz quebrada por el dolor quedó registrada al entonar: “Aqueos, los golpes / Aqueos, por Dios / Que se le arrancan / Se le arrancan de fatiga”. El vocalista de Lagartija Nick admite que nadie entendió entonces la cerrazón del maestro en proseguir con el disco. “Aprendimos de su visión sanadora de la música, le dimos otra dimensión al trabajo”, remacha.En la decena de conciertos previstos se interpretarán todos los cortes del álbum y algunos descartes. El bailaor Israel Galván, premio Nacional de Danza, formará parte de la puesta en escena. Los tres hijos de Morente ya quisieron devolver una vez Omega a los escenarios, aunque tras el ensayo Kiki reconoce que aquello “no salió demasiado bien”. Arias sale en su defensa y alega que hacía falta “pararlo todo como se está haciendo estos días” para dedicarse en cuerpo y alma al proyecto. “Debemos estar a la altura de quienes dieron su vida por dignificar el flamenco”, proclama con solemnidad el roquero, cuya operación de riñón ha obligado a posponer el concierto en Madrid. Morente, padre solía decir que las fuerzas duran al menos hasta la séptima hecatombe, y “esta es solo la primera”, bromea Arias. Tal vez por esa razón, le ha sugerido al hijo del cantaor que no se coma la manzana hasta tener bien encaminada la gira.
Kiki Morente y Lagartija Nick invocan el espíritu libertario de ‘Omega’ en una gira 30 años después
El cantaor y la banda de rock reinterpretan un disco trascendental que reventó las costuras de la música popular española desde Granada












