Han tenido que pasar 127 días para que el poder de la República Islámica haya podido rezar, ayer por la mañana, la oración fúnebre por el ayatolá Ali Jamenei, asesinado el primer día de los bombardeos israelíes y estadounidenses.Frente los féretros del líder supremo y cuatro miembros más de su familia, incluida su nieta, se situaron en una larga fila cada una de las principales figuras políticas, religiosas y militares de Irán, incluidos tres de los hijos del líder a quienes no se les había visto en público hasta ayer. El cuarto de ellos, Mujtaba Jamenei y quién debería haber liderado la oración, fue el gran ausente en un acto que también era el último adiós a su esposa, Zahra Haddad Adel.Quienes están a cargo de su seguridad determinaron que no existen garantías para que apareciera por primera vez en público desde que fuera designado como nuevo líder supremo de la Revolución, diez días después del asesinato de su padre.Tampoco se le ha visto en ninguna grabación ni se ha difundido un audio de su voz. Hace una semana, el ministro de Defensa israelí afirmó que Mujtaba Jamenei está “marcado para morir”.Frente a las cajas cubiertas con la bandera iraní estaba el gran ayatolá Jafar Sobhani, de 97 años y considerado una de las fuentes de emulación más importantes del islam chií. La voz débil con la que pronunció la oración se mezclaba con los sollozos de quienes desde primera hora llenaron el interior del Gran Mausoleo de Teherán, la explanada que rodea el recinto y algunas calles aledañas. “Venganza”, era una de los clamores. Había quienes cargaban letreros donde se leía “Maten a Trump”.“No tenemos prisa para que [Mujtaba] aparezca, lo importante es que sabemos que está vivo. Hoy venimos a despedir a su padre, que es nuestro padre también”, dijo Zahra, que llegó desde Busher, en el golfo Pérsico, y que logró encontrar un lugar desde donde podía apreciar la pantalla que mostraba lo que pasaba en la parte baja del patio, donde se situaron los féretros para la oración. La joven, de 27 años, no podía dejar de lagrimear al mirar la imagen; su dolor, como el de muchos de ellos, parecía realmente profundo. “Perdí un padre”, repetía.“Ellos muestran su dolor porque pueden, si nosotros mostramos el nuestro, nos matan”, afirma un opositorLas exequias, que comenzaron el sábado y se extenderán hasta el jueves, cuando el líder sea enterrado finalmente en Mashad, han puesto a prueba la capacidad de Irán meses después de terminada la guerra. “Todos estábamos a la espera de que llegara el momento”, afirma el director del hospital Rasol, que –en previsión de multitudes– ha abierto una extensión en el complejo con cien camas, 25 doctores y 60 enfermeras.Ayer al mediodía al menos veinte personas estaban siendo hidratados con suero. Este es uno de los seis hospitales que se instalaron en el complejo religioso para atender a los peregrinos que se esperaban por millones. Hasta el momento, las autoridades no han dado cifras, pero un grupo de voluntarios de la Media Luna Roja calculan más de cinco millones.El funeral ha demostrado la enorme capacidad de movilización que tiene la República Islámica entre el sector que la respalda, pero también deja en evidencia el distanciamiento que existe con una sociedad mucho más amplia y diversa, que nunca se hace presente en estos escenarios.“Me pueden pagar un millón de dólares y nunca iría allí”, dice Ali, un ingeniero de 32 años que muestra una gran cicatriz en el brazo derecho. Es consecuencia de una bala que recibió durante las protestas de enero. Las autoridades reconocen 3.170 fallecidos, pero la organización Hnara (que investiga violación a los derechos humanos) asegura haber documentado siete mil muertos hasta el momento. “Ellos están hoy mostrando su dolor porque pueden, si nosotros mostramos el nuestro, nos matan”, añade.Al caer la tarde, los alrededores del Gran Moslá seguían llenos de gente. Estas escenas contrastan con la normalidad en otras partes de la ciudad, donde los jóvenes, pero especialmente las jóvenes sin velos ni gabardinas, seguían compartiendo en cafés en la previa al gran desfile de hoy lunes: el féretro del ayatolá Jamenei recorrerá por última vez las calles de Teherán, desde donde lideró Irán durante 37 años.
La plana mayor del poder iraní reza ante el féretro de Jamenei
Sólo hubo una ausencia: Mujtaba, el hijo y sucesor del líder supremo










