Cuando Kevin Warsh tomó posesión como nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed), remitió una nota a los más de 20.000 empleados de la entidad en la que dejó las cosas en el aire, sin concretar hacia dónde va. Esta es la gran cuestión que los economistas tratan de despejar.“Ahora más que nunca, debemos asegurarnos de que la Reserva Federal esté preparada para cumplir su misión y centrada en el futuro”, escribió a primeros de junio. “Somos la Reserva Federal”, subrayó.Los dirigentes de bancos centrales se tranquilizan en la reunión que tuvieron con Warsh en PortugalNominado por el presidente Donald Trump bajo la presión de recortar los tipos de interés, Warsh dirige el banco central de Estados Unidos en un momento en el que los mercados apuestan por lo contrario, por una subida ante una inflación disparada por el impacto de la guerra en Irán y la subida del precio del petroleó.Su objetivo, como él mismo remarcó, consiste en “garantizar la estabilidad de precios”, después de cinco años en que la inflación se ha situado siempre por encima de la meta del 2% que se marca la institución.Pero estos últimos días ha evitado pronunciarse sobre si habrá un incremento de las tasas en la reunión de julio o en las de septiembre u octubre, como muchos analistas apuestan a pesar de que hubo menos creación de empleo en junio de lo previsto.Sus primeras semanas al frente de la Fed, en su opinión, han coincidido con una disminución de los riesgos de una mayor inflación. A su juicio, eso demuestra que los mercados ya han comprendido su postura firme frente al aumento de los precios.“Las expectativas de inflación futura [en las últimas cuatro semanas] han disminuido. Los riesgos inflacionarios también han bajado”, sostuvo Warsh el miércoles. Añadió que quienes esperen que la Fed tolere una inflación por encima del 2% “se llevarán una decepción”. El directivo eludió precisar, sin embargo, qué medidas podría adoptar para cumplir su promesa de estabilidad de precios, incluida la posibilidad de una subida de los tipos de interés. Se limitó a indicar que quería un “buen debate interno” entre sus colegas antes de que se adopte una decisión.Transcurridas estas primeras semanas, y después de presidir su primera reunión sobre política monetaria –se mantuvieron los tipos de interés–, Warsh da señales de que ha asumido algunos de los principios que tradicionalmente han guiado la marcha de la Fed.Esta semana pasada, en Sintra (Portugal), Warsh se citó con responsables de bancos centrales de todo el mundo. Hubo alivio al interpretar que la Fed, con su nuevo presidente, seguirá comprometida en la escena mundial, lo que rebajó los temores de una retirada de los foros internacionales que sustentan la cooperación entre bancos centrales. Algunos de los convocados habían expresado en privado su preocupación de que una Fed dirigida por una persona designada por Trump pudiera mostrarse más susceptible a las presiones de la Casa Blanca sobre los tipos de interés o menos comprometida con la coordinación.Esta es una lectura. Otra es que ha prometido sin tapujos que está en marcha un cambio de fondo. El eje de su estrategia es la creación de varios grupos de trabajo centrados en cinco áreas que, según él, son fundamentales para la conducción general de la política monetaria. Abarcan la forma en que la Fed comunica sus decisiones; su cartera de 6,7 billones de dólares en deuda pública y títulos respaldados por hipotecas; las fuentes de datos a las que concede prioridad; las tendencias de la productividad y el empleo, y los modelos e indicadores que utiliza para comprender la evolución de la inflación.A falta de detalles, predomina la incertidumbre sobre hasta dónde y con qué rapidez Warsh intentará impulsar estos cambios, así como sobre cuál será, en última instancia, el criterio para medir su éxito.
Warsh elude concretar el rumbo que tomará la Fed bajo su mando
El nuevo presidente de la Reserva Federal no precisa qué puede pasar con los tipos









