La pol�tica requiere de talante, convicci�n y �tica. Que esto lo sepan y que se lo apliquen los que "dan pases" en el ruedo pol�tico es otro tema.Domingo Ortega, que fue la m�xima figura del toreo en la d�cada de los treinta del siglo pasado y que, ya retirado, teoriz� sobre su profesi�n, dec�a que el arte de torear era un cosa y que pegar pases al toro era otra. Cuando estuvo en activo cumpli� con maestr�a con lo que luego explicar�a son las tres cl�sicas reglas de oro de la tauromaquia. Se llaman: parar, templar y mandar.Lo que dicen los sabios como Domingo Ortega sobre el arte que conocen �ntimamente, en este caso el de torear, puede servir para se�alar las conductas apropiadas en otras �reas y disciplinas, donde tambi�n, con harta frecuencia, se "pegan pases".El aficionado taurino comprende muy bien lo que dijo el maestro sobre las reglas de oro de su oficio. Lo entiende de la misma manera que toda persona dotada con algo de discernimiento sabe que el arte de escribir no consiste en juntar palabras ni el de pintar en dar pinceladas. Y adem�s, no hay que ser un exquisito esteta para entender lo que tiene belleza y valor y lo que carece de ambas cosas.Es as� como el que m�s y el que menos reconoce instintivamente que el arte de la pol�tica requiere, de entrada, un talante, una convicci�n y una �tica. Que esto lo sepan y que se lo apliquen los que "dan pases" en el ruedo pol�tico es otro tema."Parar", para Domingo Ortega y para cualquier taurino de pro, se refiere a los primeros compases de cada lidia, cuando el diestro detiene con el capote las violentas arrancadas iniciales del toro. En pol�tica, "parar" es sosegar a los de la fuerza bruta que en los m�tines gritan aquello tan ordinario que es "dales ca�a".El matador primero ataja las atropelladas arrancadas del toro y, a continuaci�n, con el capote primero y con la muleta despu�s, le ense�a a seguir los enga�os que le ofrece. Con el juego de sus brazos, de sus mu�ecas y de su cintura, arbitra el inicio y la velocidad de las embestidas de la bestia.Esto se llama "templar" en el mundo del toro y en el de la pol�tica es la acci�n de acompasar a la ciudadan�a. El pol�tico ha de saber regular y armonizar las expectativas y los arreones del electorado y este conocimiento est� reservado a los que sobresalen en el arte de la pol�tica.Por �ltimo, el deber del matador, seg�n el canon de Domingo Ortega, es el de "mandar". Ha frenado al toro (le ha "parado"), le ha calmado (le ha "templado") y ahora toca dominarlo ("mandar"). Y en el arte del toreo, dominar no es lo mismo que dar pases, es decir, no es la repetici�n de una tanda tras otra de muletazos.Al mandar, el diestro se prepara �l y prepara al toro para lo que los taurinos llaman la "suerte suprema", que es la de entrar a matar. Al volcarse sobre el toro con la espada el matador culmina su particular obra de arte.Para el pol�tico el tambi�n llamado "momento de la verdad" es el de las elecciones. El pol�tico que ha sosegado y acompasado al p�blico ha de convocarlo a las urnas y ganar su voto. La convocatoria es ineludible como lo es la obligaci�n de cuadrar el toro y enfilar el estoque. Como todo en la vida, la pol�tica y la tauromaquia tienen normas de obligado cumplimiento.Llegado a este momento, a la ejecuci�n de esta suerte final, el ciudadano que est� en el tendido o el que acude al colegio electoral puede estar de mejor o de peor humor. El buen aficionado taurino puede estar de un humor de perros porque el diestro ha dado demasiados pases sin "ligar", es decir, sin armon�a alguna.Y el ciudadano que es muy consciente de los deberes c�vicos y del valor del decoro puede estarlo porque el pol�tico vende fake news, dice digo cuando dijo Diego y se ha desdicho tantas veces que se ha perdido la cuenta.De ello tambi�n habl� Domingo Ortega. A las tres reglas del arte de torear a�adi� una de su cosecha que es la de "cargar" o "cargar la suerte" y esto equivale a atenerse a la verdad."Torear no es que el toro venga" y que el torero "se quede en la recta" dijo en una conferencia que en 1950 dict� en el Ateneo de Madrid. "Eso es destorear". Bienvenido sea el matador que "carga, echa el cuerpo hacia delante con la pierna contraria al lado por el que viene el toro". Para evitar la cornada, est� "obligado a torear".El arte en pol�tica no es ponerse de perfil ante los problemas y refugiarse en bloques. Eso es antipol�tica. Hay que buscar la verdad junto al adversario como hace el torero con el toro.
Toros y pol�tica
Domingo Ortega, que fue la m�xima figura del toreo en la d�cada de los treinta del siglo pasado y que, ya retirado, teoriz� sobre su profesi�n, dec�a que el arte de torear era...












