Actualizado Jueves,
mayo
22:59La muchedumbre balanceaba al viejo cl�sico ya con la noche a cuestas. Diego Urdiales tocaba el cielo de Madrid envuelto en su madura torer�a, a sus 50 a�os, despu�s de haber ense�ado al Rey de Espa�a lo que es torear y, sobre todo, el sentido verdadero del toreo ver�nica. Lo que es, fue y ser�. Diego contravino su leyenda negra y sorte� el lote de la fortuna de la gran corrida de Juan Pedro Domecq, con el premio especial de Mapan�. Coloc� su sello el arnedano a la Corrida de la Prensa que hab�a puesto su foco y las m�s altas expectativas en el regreso de Roca Rey, que sald� o salv� su cita con Madrid con una oreja, actitud y firmeza. Ya.A las 19.39, Diego Urdiales levantaba un monumento, el primero de ellos, a la ver�nica, tan ausente en esta feria de chicotazos. Urdiales se hund�a en cada lance, encadenando el toreo, que brotaba como una expresi�n antigua. Y as� se eterniz� -nunca mejor tra�da la eternidad- hasta los medios, donde cay� sobre la boca de riego la media cargada de torer�a. El toro se hab�a definido con prodigioso estilo sobre la mano derecha, algo m�s dormido por la izquierda, prometiendo el para�so con el formidable modo de estirar su generoso cuello: las dibujadas hechuras del juampedro jugaban muy a su favor, una seriedad arm�nica. Un quite por el mismo palo del tronco madre del toreo de capa fue todav�a m�s concentrado. Roca respondi� por chicuelinas y tafalleras, una de ellas cambiada. Vale. La faena empez� frondosa y torera, por la mano buena, la derecha, o sea. Pero algo faltaba en las series de Urdiales como para que trepasen. No acert� a descifrar qu�. Si el final del toro o ese apretarse de verdad en Diego. El caso es que subi� el diapas�n por el pit�n menos fluido, y eso llev� a que el cl�sico arnedano exigiese y se exigiese m�s, dibujando por naturales el mejor toreo. La faena se encontraba en la frontera de caer para un lado o para otro. Eso lo arregl� con una gran estocada, quiz� la estocada de la feria, s�lo en re�ida competencia con la suya propia del pasado d�a 15. Tan soberano espadazo dispar� la obra hasta la oreja, primer giro de llave de la Puerta GrandeVer�nica soberbia de Diego Urdiales al gran cuartoEfeA las 20.30, Diego Urdiales volvi� a cincelar el toreo a la ver�nica. El quite sucedi� despacioso, fundido en una escultura, el toro y �l, Diego y Mapan�, puro bronce.A las 20.30, Diego Urdiales volvi� a cincelar el toreo a la ver�nica, como si lo detuviese en el caluroso aire, para sublimarlo con su fuego hasta la excelencia. El quite sucedi� despacioso, fundido en una escultura, el toro y �l, Diego y Mapan�, puro bronce. Quedar� para la historia. Como aquel otro quite que inmortaliz� Rafael de Paula tal d�a como hoy (28 de mayo) de 1974. Hubo un lance exactamente, uno que par� el mundo a sus pies, y provoc� el estallido de la plaza en el ole m�s rotundo de 18 d�as de San Isidro, un quej�o, un quebranto, no s�. Qu� barbaridad. Adquiri� el toro de Juan Pedro Domecq toda su categor�a en ese instante detenido, con su fino hocico, sus finas puntas, su afinada calidad. Y con una cosa superior al anterior de su lote: los finales, esa manera de colocar la cara hasta el �ltimo aliento, enterr�ndose. Urdiales sinti� el aire que ven�a con su nombre por la Puerta Grande y brind� al coraz�n de Madrid. Fue hermos�simo el pr�logo de faena, los ayudados, dobl�ndose con el toro hasta desembocar en una trincherilla sideral. La obra transcurri� con el hilo conductor de la belleza, el clasicismo, los detalles broncineos, a falta de hallar una unidad de destino en la elecci�n de terrenos para reunir tanta riqueza con la categ�rica embestida de Mapan�. De pronto brot� por all� un cambio de mano de otro mundo, un mundo perdido, un mundo antiguo. El ep�logo, a dos manos, como el pr�logo, rodilla en tierra, desprendi� el sabor de toda una carrera de pureza. La estocada, algo delantera, coloc� certera la muerte. Fue bell�sima y lenta, muy brava, con Diego ense�ore�ndose ante el Rey. Que ya hab�a visto torear. Cuando Mapan� rod�, cay� la oreja necesaria para que el viejo cl�sico saliese a hombros. A Mapan� lo arrastraron entre palmas, con toda su grandeza.Pase camiado por la espalda de rodillas de Roca Rey al quinto toroLa corrida de Juan Pedro sigui� ofreciendo piezas de categor�a como un quinto, as� de bajo, descarado, otro toro notable. Roca Rey lo sinti� en un quite por ver�nicas. Estilo hab�a en el juampedro sobre el que el astro peruano construy� una faena s�lida, f�sica y ligada, ante un toro que ped�a otro filif�, que dir�a Antonio Lucas. Un par de tandas de redondos derechazos, con la muleta cosida al hocico, casi al final la faena, la subieron mucho en intensidad. Un raro pinchazo antes de la estocada rest� contundencia a la oreja. No a su actitud, ya digo. Que hab�a sido encomiable con un toro negro con mucho m�s que torear de lo que aparent�, con el h�ndicap de darle el ritmo que no ten�a, tan denso en su manejo, con la cara entre las manos entre series. Fue una labor sorda, un trabajo sin recompensa ni eco.Bruno Aloi confirm� alternativa, en los albores de la tarde, con un toro muy movido -en todos los sentidos- y con otro que se desentend�a en su manejable ser. El joven mexicano firm� su efem�ride muy discretamente. Ya llev�bamos casi tres horas de funci�n. La gente quer�a sacar por la Puerta Grande al viejo cl�sico, mecer a Urdiales con toda su madurez a cuestas. Y yo quer�a agradecer a Juan Pedro el gozo de verlo salir a hombros por �ltima vez.MONUMENTAL DE LAS VENTAS. Jueves, 28 de mayo de 2026. D�cima octava de feria. Corrida de la Prensa. "No hay billetes". Toros de Juan Pedro Domecq, todos cinque�os; hechurados y serios; constituyeron una gran corrida; extraordinario el 4�; notable el 5�; muy bueno el 2�; se movi� sin ritmo el m�s denso 3�; suelta la movilidad del 1�; m�s desentendido el 6�. DIEGO URDIALES, DE AZUL PAVO Y ORO. Gran estocada (oreja); estocada delantera (oreja). Sali� por la Puerta Grande.ROCA REY, DE BERENJENA Y ORO. Estocada. Aviso (silencio); pinchazo y estocada. Aviso (oreja). BRUNO ALOI, DE BLANCO Y ORO. Pinchazo, bajonazo, tres pinchazos y estocada. Aviso (silencio); pinchazo y estocada. (silencio).













