Javier S�nchezEnviado especial LondresActualizado Domingo,

julio

21:21Alejandro Davidovich, otra vez, derrotado por su malditismo. En los mejores escenarios, cuando juega ante miles de aficionados y le enfocan una docena de c�maras, la frustraci�n y la mala suerte se le ponen delante y son rivales demasiado poderosos. Toda la vida le han perseguido y, a sus 27 a�os, siguen haci�ndolo. El tenista de enfrente importa, claro que importa, pero m�s importa �l, lo que le ronda. Este domingo, el �ltimo espa�ol en pie perdi� por 6-7(4), 7-6(6), 6-3, 6-7(2) y 6-1 en octavos de final de Wimbledon ante F�lix Auger-Aliassime, sin que su tenis lo mereciera.Davidovich nunca hab�a estado mejor: en los partidos previos, e incluso durante el mismo encuentro, despleg� uno de los mejores tenis de todo el torneo, si no el mejor. Despu�s de proclamarse campe�n del reciente ATP 250 de Mallorca, sus golpes detonaban con fuerza, se le ve�a sobrado de confianza, volaba pese al cansancio acumulado y se consideraba una amenaza para Novak Djokovic, que iba a ser su rival en cuartos. Pero sus angustias y su mal fario aparecieron justo cuando menos conven�a.Kin CheungAP Photo/Kin CheungLe queda el balance de una fant�stica gira de hierba como motivaci�n, y la sensaci�n de que con su nuevo equipo -con Pepo Clavet como entrenador- ha encontrado por fin con qui�n rodearse. Pero es imposible dejar de lamentar esos minutos, pocos, 10 o 15 minutos, en los que dej� escapar la victoria que deb�a auparle a la �lite. Porque la igualdad con Auger-Aliassime -actualmente el n�mero cuatro del ranking mundial- fue exagerada. Exagerad�sima.Los instantes decisivosTanto que hubo que disputar tres muertes s�bitas y el primer 'break' lleg� cuando ya se hab�an jugado m�s de dos horas. Auger-Aliassime, ex pupilo de Toni Nadal, castigaba con su saque y su derecha siempre que pod�a, pero Davidovich hac�a lo propio y aprovechaba su dominio en los intercambios de rev�s. Si hac�a falta, repet�a un rev�s cruzado, y otro, y otro, hasta que el canadiense descarrilaba. Ni uno ni otro conced�a muchas oportunidades de rotura, y ambos reservaban fuerzas para el desenlace de cada set.Pero en el segundo set algo empez� a inclinarse en contra del espa�ol. Durante muchos minutos lo tuvo todo bajo control, exultante, en�rgico, atinado, pero con 6-5 a favor en el marcador disfrut� de tres bolas de set, Auger-Aliassime las salv� con tres dur�simos saques y llegaron sus primeros lamentos. "�No puedo hacer nada!", le gritaba Davidovich a los suyos antes del indeseado tie-break. Y, en �l, cometi� sus primeros errores de bulto. El derrotismo le arrebat� ese set decisivo y, por si fuera poco, le acompa�aron molestias f�sicas.GLYN KIRKAFPEn ese tie-break, Davidovich empez� a quejarse del tobillo izquierdo y ese dolor le acompa�� en ciertos tramos del partido. Auger-Aliassime tom� la iniciativa en el tercer y el cuarto set, y todo parec�a decidido, cuando el espa�ol decidi� seguir en la lucha. El n�mero cuatro del mundo sufre sobremanera para cerrar los partidos -siempre lo ha hecho y, a los 25 a�os, parece que siempre lo har�- y as� permiti� que el cuatro set se complicara. Despu�s del mejor punto de este Wimbledon, un intercambio inolvidable de ambos en la red, Davidovich logr� su primera rotura y un tembloroso Auger-Aliassime lo tir� todo fuera en el tie-break. Fue una pena que, en el esfuerzo, el espa�ol vaciara su dep�sito y que en el quinto set, desfondado, dolorido y desanimado, apenas pudiera dar m�s. Si acaso, ante un rival nuevamente err�tico, que neesit� hasta siete bolas de partido, salv� un juego, pero por entonces su malditismo ya le hab�a derrotado.