Nunca fue sencillo interpretar a Alejandro Davidovich, un tenista imprevisible dentro y fuera de la pista. El lunes, el malagueño se quedó prácticamente mudo después de haber superado el debut en Wimbledon y respondía con monosílabos y escueto, muy desganado. Primero en la televisión; después, al reportero de la agencia EFE. Aunque no fue registrada por ninguna cámara, despachó esta segunda intervención en apenas 30 segundos. “Sí, muy bien”. “Muy bien”. “Contento por la victoria”. “Totalmente”. El tenista venía de ganar su primer trofeo, en Mallorca, después de haber perdido las cinco finales previas que había disputado. Sin embargo, nadie lo hubiera dicho. Tampoco desprende demasiada alegría tras haber accedido a la tercera ronda.Ha batido al húngaro Fabian Marozsan por 6-3, 6-0 y 6-3 (en 1h 20m), y prolonga de ese modo el buen momento. Sin embargo, dice que no siente ni frío ni calor. ¿Qué espera de sí mismo en este torneo? ¿Puede haber alguna esperanza de que complete un recorrido brillante, teniendo en cuenta que asiste como primer representante español en el ranking? “No espero nada. En dos días puedo perder o ganar. En hierba todo el mundo juega muy bien”, contesta. Antes explicaba que el día del estreno (contra Juan Manuel Cerúndolo) se encontraba “muy mal” de la espalda y que casi no podía moverse, pero que confiaba en que fuera algo temporal y en que en la transición de una ronda a otra pudiera recuperarse y “estar al cien por cien”.Visto lo visto, ni rastro de dolor, sino un triunfo sólido y un encuentro el viernes con otro húngaro, esta vez de nombre Marton Fucsovics. Aun así, Davidovich mantiene el gesto que tiende a la desafección, como si estuviera harto de la rutina y de ir de aquí para allá, sometido a examen semana tras semana. Fue precisamente aquí, en Wimbledon, donde el andaluz empezó a escribir una bonita historia cuando tenía 18 años y se convirtió en campeón júnior. Desde entonces, el peso de las expectativas y los vaivenes han definitivo una trayectoria que se dirige hacia una teórica madurez profesional, con 27 años y una experiencia ya lo suficientemente dilatada como para interpretar su deporte.Preguntado por la arenga del lunes de Novak Djokovic, quien demandó una renovación integral de las estructuras del tenis, responde sin responder: “Siempre estamos con la misma historia y nunca cambia nada. No voy a opinar porque diga lo que diga, da igual. Llevamos años hablando de lo mismo, así que prefiero no entrar”. En cambio, sí precisa que está “golpeando bien la pelota y eligiendo las bolas correctas”, y que eso está aportándole muchos “puntos gratis”. En cualquier caso, el tenista, instalado en el vigesimotercer peldaño del circuito de la ATP, prefiere quitarse cualquier lastre innecesario de encima y se ciñe estrictamente a lo inmediato: ni el mañana ni el hoy, simplemente el ahora. Trabajo, no resultado“Lo dije ya desde Queen’s: si tienes delante a un jugador que saca bien durante mucho tiempo es muy complicado romperle el servicio, y eso te mete mucha presión al resto. Intento hacer mi mejor papel con el saque y restar lo mejor posible, pero no tengo ninguna expectativa. Estoy contento con el nivel que estoy dando y el trabajo que estamos haciendo. Ahora mismo, el resultado es lo de menos”, apunta ante la pregunta planteada por EL PAÍS; “la semana siguiente jugaré en Umag y tendré otra oportunidad. No quiero basar todo en esta semana ni meterme presión. Estamos en un Grand Slam y todos sabemos lo que significa, pero intento quitarle hierro al asunto. Es una semana más en el calendario”.Davidovich mantiene el buen rumbo y encabeza una jornada en la que el madrileño Dani Mérida ha cedido ante el ruso Daniil Medvedev, al que al menos ha logrado arrebatarle un set (3-6, 6-3, 7-5 y 6-2, en 2h 14m). “Aquí he jugado las semifinales [2023 y 2024], pero quiero hacerlo mejor”, transmite el de Moscú. No tan lejos, pero sí hasta la tercera ronda, llega Jessica Bouzas, quien al igual que Davidovich, lidera la representación española —desde el escalón 52, al no estar presente Cristina Bucsa (35ª)— y lo hace con buen pie. Como ya hiciera en las dos últimas ediciones, la gallega progresa y adopta sus mejores sensaciones en un terreno del que disfruta como ninguno. Al fin y al cabo, en Londres firmó sus mejores actuaciones.“Es mi torneo favorito, sin duda. Aquí he vivido muchas emociones”, subraya. Recuerda que hace un año alcanzó los octavos y que en 2024 eliminó a la defensora del título, la checa Marketa Vondrousova, a la que derrotó en la pista central. En esta ocasión se impone a Dayana Yastremska por 6-3, 6-7(1) y 6-2, tras 2h 04m. El viernes se enfrentará, por tanto, a una de las referencias del circuito y a la vez tocaya, Jessica Pegula. Digna resistencia de Sara Sorribes en el primer parcial, pero una vez sobrepuesta al estrés al que suele someter la valenciana, de 29 años e intentando esta reencontrarse con la aguerrida jugadora de siempre, la cuarta del mundo avanza implacable hacia la siguiente estación: 7-6(6) y 6-1, en 1h 30m.