El leonés Jaime Santos, de 30 años, se consolida como profeta en su tierra tras ganar por 2ª vez -ya lo hizo en 2023- el Magistral Ciudad de León, uno de los torneos de partidas rápidas más prestigiosos del mundo. Su triunfo se fraguó en el primer asalto de la final contra el vietnamita Liem Le y, tras un empate sin apenas lucha en el 2º, se consolidó en el 3º, que ganó de nuevo con las piezas negras. “¡Párate, párate ahora que te sobra tiempo!, exclamaba en la sala de prensa Marcelino Sión, entrenador de Santos desde que era un niño (también es el director de la organización del torneo). Esa frase ilustra muy bien por qué su pupilo lleva años entre los cien mejores del mundo pero nunca ha logrado estar entre los 50 de más arriba. Y también por qué nunca fue campeón del mundo de alguna edad (desde sub-8 hasta sub-20) a pesar de que rozó el oro varias veces. Desde que Jaime, aquel niño leonés de 9 años con pantalones cortos, ganó a Magnus Carlsen (actual número uno del mundo) en una exhibición de partidas simultáneas hasta que se proclamó campeón de Europa absoluto de la modalidad rápida en 2022, su gran problema fue siempre el mismo: jugar demasiado rápido cuando tenía una posición con ventaja decisiva. De ahí la exclamación de Sión, repetida a lo largo de la tarde, quizá también para desahogar sus nervios. El triunfo de Santos -quien ya había ganado el Magistral en 2023- se debe en gran parte a que preparó muy bien la primera partida de las cuatro previstas, en la que introdujo una mejora sobre una variante que Le había jugado hace sólo dos semanas en el Mundial Rápido por Clubes en Hong Kong (China). El leonés logró una posición muy aguda, con mucha actividad y armonía para sus piezas al módico precio de un peón sacrificado. Las máquinas indicaban que Le podía ganar con un juego muy preciso; pero el vietnamita no es una máquina, erró y perdió. Dado que esa victoria se produjo con las piezas negras, cabía suponer que Santos intentaría presionar con blancas en el segundo asalto para colocar a su rival en el borde del abismo. Pero hizo lo contrario, jugar descaradamente para hacer tablas con el fin de que la presión se limitara al campo psicológico: a su rival sólo le quedaban dos partidas para remontar. Santos demostró en la tercera que es un veterano de 30 años, capaz de doblegar a uno de los ajedrecistas más rocosos de la élite. La necesidad de ganar hizo que Le perdiera la compostura y el tacto de la posición. De inmediato, Santos dio el zarpazo para lograr ventaja decisiva. Pero entonces empezó el calvario para Marcelino Sión: “¡Ahora es el momento en que debe pararse y pensar! Si hace eso, Le se cocerá en la propia salsa de sus nervios”. Los periodistas españoles especializados con mayor experiencia recordaban aquellos días, años ha, en que tenían una crónica escrita, lista para ser publicada, sobre una medalla de oro del leonés cuando, de pronto, este jugaba a toda velocidad y no ganaba una posición ganadora. De hecho, la enorme ventaja de Santos también se evaporó en este caso, y Le logró igualar por un momento. Pero de algo tenía que servir que el gran maestro español tuviese seis minutos más en el reloj. El vietnamita volvió a errar, y esta vez el héroe local no perdonó, mientras el público estallaba en aplausos y el prodigio argentino Faustino Oro, de 12 años, residente en España, ensalzaba el juego del vencedor del torneo durante sus comentarios en directo junto a Pepe Cuenca y Sergio Estremera. Pero la fiesta no terminó ahí. Santos tenía un día muy dulce y se impuso también en la cuarta partida, de resultado intrascendente, para redondear un contundente 3,5-0,5 final. ¡Apisonadora Santos!, dijo esta vez Sión, relajado y feliz, mientras empezaba a pensar en cómo organizar la cuadragésima edición del Magistral, en 2027. Su pupilo radiaba felicidad: “Creo que es el torneo más duro que he ganado nunca. Y esto es un gran estímulo para intentar meterme entre los 50 mejores del mundo”.