El cuerpo pegado al suelo obliga a avanzar despacio, con las patas abiertas y el peso repartido en cada paso. Ese movimiento bajo y arrastrado define a los cocodrilos actuales, que recorren la orilla con la panza casi tocando la tierra y dejan una silueta inconfundible en cuanto empiezan a desplazarse.

La forma en que se mueven no es un detalle menor, porque condiciona cómo cazan, cómo se acercan a una presa y cómo pasan desapercibidos en entornos húmedos.

Labrujasuchus expectatus se desplazaba erguido con un pico en lugar de dientes

Ese modelo tan marcado contrasta con lo que ha salido a la luz en un estudio publicado en el Journal of Vertebrate Paleontology, donde un equipo de paleontólogos describe a Labrujasuchus expectatus, un pariente lejano de los cocodrilos que caminaba erguido sobre dos patas hace unos 212 millones de años en lo que hoy es Nuevo México. El hallazgo, recogido por Mongabay, sitúa a este animal dentro de un grupo que siguió un camino muy distinto al de los reptiles actuales.

El aspecto de este reptil rompe con la imagen habitual ya que no tenía dientes, sino un pico, sus brazos eran pequeños y su cuerpo se aguantaba sobre las patas traseras, lo que lo acercaba más a la silueta de ciertos dinosaurios que a la de un cocodrilo moderno. Esa forma de moverse lo colocaba en una posición elevada, con una visión más amplia de lo que ocurría a su alrededor.