La Generalitat Valenciana lanzó hace poco la campaña “el turismo que sostiene”. El eje, como puede intuirse, es la muy manida sostenibilidad, palabra hueca en la actualidad tras su sistémico vaciado de significado durante décadas. Ya fue utilizada como eslogan turístico en 2024, cuando el gobierno de Mazón proclamaba que “nuestra actitud nos hace sostenibles”... al mismo tiempo que echaban espumarajos por la boca ante la simple mención de la tasa turística. En el vídeo y el resto de los materiales publicitarios asociados a la campaña actual se pueden escuchar y leer frases como que sostener es “dar oportunidades”, también “ofrecer una parte de todo lo que es nuestro”, “cuidar el hogar que compartimos” y “dejarlo mejor de como lo encontramos”. Que las frases parezcan de taza motivacional o de cojín de bazar de saldo no es lo grave; lo realmente hiriente es cuán alejadas se encuentran de la realidad.¿Qué sostiene exactamente el turismo? En múltiples localidades turísticas de todo el País Valenciano nos lo preguntamos a diario, empezando por una València en la que el transporte público o las aceras acusan -y de qué manera- la presencia de miles de personas llegadas cada día a la ciudad por tierra, mar y aire, con el único afán de consumirla lo más rápido posible. Nos lo preguntamos cuando nos sentimos extraños en nuestra ciudad, incapaces de vivirla, de disfrutarla y redescubrirla. Cuando el paisaje cambia a una velocidad criminal y la geografía colectiva se desvanece entre carteles luminosos de franquicias internacionales. Pero algo sí es cierto: el turismo de masas sostiene algo. ¿El qué? Un empleo precario y una estructura económica frágil y tremendamente dependiente de fluctuaciones económicas, la inestable geopolítica y un cambio climático que muy pronto hará completamente indeseable la visita por motivos de ocio a amplias zonas de nuestro territorio.Por otra parte, ¿a qué se refiere la campaña con eso de ofrecer una parte de lo que es nuestro, con cuidar el hogar que compartimos, con dejarlo mejor de como lo encontramos? Más allá de que la última frase no tiene sentido alguno si va dirigida a los indígenas -quizás ChatGPT tenga algo que ver con lo inane del guion-, resulta extraordinariamente llamativo que la Generalitat realice estas afirmaciones justo ahora, cuando el Partido Popular se arrodilla dócilmente ante quien de verdad marca la política autonómica, la ultraderecha de Vox. ¿Cómo puede compatibilizarse este discurso de jubilosa bienvenida y de gustoso ofrecimiento con la xenofobia que piensa institucionalizar Pérez Llorca a través de la estampación de la prioridad nacional en los presupuestos y la consecuente acción de gobierno?Esta campaña turística, pese a su asombrosa vacuidad, muestra con ofensiva claridad que la Generalitat actual entiende la hospitalidad como una estrategia de venta dirigida a quienes pueden pagar el producto, que son nuestros ecosistemas, pueblos y ciudades. Nuestras vidas. ¿Puedes venir a pagar un alquiler inasequible para quienes vivimos aquí, expulsándonos de nuestros barrios? ¡Bienvenido! ¿Vienes a saltarte las normas de circulación en bicicleta, a levantar las baldosas de nuestras calles a las tres de la madrugada, a ensuciar impunemente edificios que son patrimonio de la humanidad, a subir los precios de los cafés y las cervezas, a colapsar un transporte público que ya está al límite? ¡Seas bienvenido una y mil veces! ¿Vienes a trabajar y a buscarte una vida? ¿Huyes de una guerra, de la pobreza, del maltrato? ¿Eres, por ponerlo de otra forma, pobre? Ah, entonces no. Entonces no estamos aquí para sostenerte, para ofrecerte nada de lo nuestro o facilitarte la vida. Despreciaremos tu lengua y siempre nos parecerá insuficiente tu nivel de castellano, mientras aprendemos a chapurrear inglés, francés o italiano para hacernos los graciosos o poder servir una cerveza bien fría al turista mientras el sudor recorre nuestra espalda y comprobamos -¡qué graciosos son los guiris!- que pese a haber venido ya diez veces a España sigue atascándose al decir “buenos días”.La inoperancia de la sostenibilidad se demuestra preguntándole por su significado a la propia palabra: ¿qué queremos sostener? Porque de eso trata la sostenibilidad: de sostener. ¿De verdad nos parece deseable el estado actual de las cosas, en el que imposibilidad de acceder a una vivienda digna tritura vidas, en el que el transporte público está colapsado a todas horas, en el que los precios de todo están disparados y la ciudad se vacía de quienes le han dado forma y sustancia, historia e identidad? Lo que vende este Consell postrado ante los grandes intereses económicos es, en última instancia, xenofobia y aporofobia, no hospitalidad. Que no cuenten con mi sonrisa de bienvenida al que venga a sostener este sistema criminal.
Sostenibilidad, xenofobia y hospitalidad
La Generalitat Valenciana lanzó hace poco la campaña “El turismo que sostiene”, pero ¿qué sostiene exactamente el turismo?














