Los venezolanos pagan las consecuencias de haber elegido como presidente a un populista sin preparación ni escrúpulos, quien junto a su sucesor gestaron una catastrófica destrucción económica y crisis social. Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 de junio 24 deberían haber derrumbado unas cuantas edificaciones antiguas. El terremoto de Pedernales de 2016 fue de 7,8 grados, el triple de energía que el de 7,5 en Venezuela, y lo que se cayeron fueron edificaciones precarias y unas cuantas viviendas modernas hechas por particulares, y causó 661 fallecidos y 9 desaparecidos. Los terremotos venezolanos arrasaron zonas pobladas de altos edificios modernos. Se habla de 2.595 fallecidos, pero son los cadáveres recuperados. Se han pedido 10.000 ataúdes y no bastarán. La Misión Vivienda fue creada para beneficiar a oligarcas que construyeron empinados edificios en terreno blando sin pilotes profundos y con columnas sin estribo, causando un colapso tipo sándwich. Obra de Chávez y Maduro. Esto sucede en un país que ya no es soberano. Washington se entendió con Delcy y Jorge Rodríguez, vicepresidenta de la República y presidente de la Asamblea, respectivamente. A cambio del apoyo de EE. UU. para hacerse del poder, ambos facilitaron que en enero 3 comandos de EE. UU. capturen a Maduro y su esposa y los lleven a Nueva York a ser procesados. Además concedieron que la Casa Blanca administre los recursos petroleros y mineros de Venezuela; Trump anunció que EE. UU. entregaría a Venezuela el valor del petróleo en productos americanos no en dinero. En Venezuela el bolívar “soberano” se deprecia aceleradamente, los precios de las tiendas están en dólares, y en la calle no se siente ninguna mejoría económica. Se anuncia una reestructuración de la deuda externa sin participación del Fondo Monetario, para satisfacción de los fondos buitres que han comprado los bonos de la deuda venezolana a precio de gallina enferma y revolotean sobre su presa. Venezuela es hoy un protectorado de EE. UU. Salvo por Venezuela, toda Sudamérica tiene gobernantes democráticos. A partir de agosto 7, que se posesiona De la Espriella, siete de ellos tendrán afinidad con Trump. Los siete tienen la obligación de hacer ver a Washington, de manera conjunta y concertada, que si bien los EE. UU. ha intervenido militarmente en Centroamérica y el Caribe, nunca lo ha hecho en América del Sur, y lo de hoy es un precedente inaceptable. Si EE. UU. facilita una pronta transición con elecciones libres, en la que arrasaría Machado y Venezuela recupera su soberanía, la intervención para capturar a Maduro se vería positivamente: el fin del gobierno sanguinario. Si se mantiene la actual situación, se reavivará el antiamericanismo en Sudamérica. Los gobernantes con buenas relaciones con Trump serían acusados de lacayos del imperialismo. La izquierda, derrotada electoralmente por escaso margen, regresaría al poder y EE. UU. perdería su ascendencia en la región. La estrategia para negociar con Washington debe gestarse ya. ¿Qué tal si Noboa, aprovechando que Fujimori y De la Espriella aún no se posesionan, los invita a una visita para tejer estrategias conjuntas sobre este y otros temas? (O)