‘Prefiero que gane Sánchez, porque si se excede es más fácil de sacar’, fue la verbalización de un miedo común entre los indecisos. Era el descarte de la anti política popular: vota por quien te parezca más vacable. No era vacable, en ese supuesto fatalista, Keiko, la cabeza del parlamentarismo de facto que escogió un Tribunal Constitucional y un Defensor del Pueblo a su medida. Este, a su vez, armó el concurso para escoger una Junta Nacional de Justicia ídem. Y las fuerzas del orden la aman. ¡Keiko ahora es presidenta! ¡Ni hablar! La alarma antiautoritaria no deja de chillar.