Era octubre del 2003 cuando un chico colombiano de 17 años, Ronny Tapias, moría desangrado por una cuchillada a las puertas de su instituto en Barcelona. Fue la cruda constatación de lo que hacía tres años que la policía alertaba: la implementación en el área metropolitana de bandas latinas con matriz en América pero con particularidades propias. Ronny murió porque sí, porque los autores (la mitad también menores) pertenecían a los ñetas y lo confundieron con un miembro de los latin kings, las dos bandas que se peleaban por la supremacía.EFERecuerdo muy bien todos los políticos, policías y analistas a los que los periodistas invitamos para intentar comprender. Aprendimos que las peleas eran por el control del territorio, sobre todo las plazas públicas, por el tráfico de drogas, por los robos, incluso por la prostitución. Se reclutaba a chicos cuanto más jóvenes mejor, inimputables según la ley del menor. Debían pasar violentas pruebas de acceso; las chicas, acompañadas de violaciones. Que los institutos se habían convertido en escenario de extorsiones y amenazas y las discusiones se acababan a punta de navaja. Que para los chicos la pertenencia a la banda lo era todo.Estamos donde estuvimos, pero ahora no podemos decir que nos pilla desprevenidosLa muerte de Ronny espoleó las soluciones. Tardaron un tiempo, pero funcionaron. Y, esta semana, los vecinos de Sant Andreu y todo Barcelona hemos visto horrorizados como un chico de 15 años moría desangrado por un tiro en un parque. Bandas. Tráfico de drogas, robos, extorsiones, menores reclutados. Armas, ahora, de fuego. Estamos donde estuvimos, con una diferencia: ahora no podemos decir que nos pilla desprevenidos.Hace más de veinte años el abordaje fue el que reclamaba esta semana el alcalde barcelonés, Jaume Collboni, en casa Basté: firmeza policial, cambios normativos y penas más altas. Pero ahora como entonces, tenemos un montón de chicos sin identidad, perdidos entre dos mundos, con baja autoestima y pocas expectativas de futuro a los que las bandas, como las sectas, les dan identidad y una tribu. De familias de allí y de aquí. Y ahora, como entonces, necesitan acompañamiento y ayuda. Y eso quiere decir más recursos. Por ejemplo, para los desbordados institutos.