Los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana de Barcelona han desmantelado un grupo criminal juvenil violento autodenominado los 300 con epicentro en Barcelona y su área metropolitana al que se atribuyen múltiples agresiones con machetes y catanas, robos violentos y tráfico de drogas. En el marco de la operación, llevada a cabo el pasado 19 de mayo, fueron detenidas 18 personas (12 mayores de edad y seis menores). De los arrestados, el juez dictó orden de prisión para siete adultos y el ingreso en centros de menores para dos. El inspector de Mossos d’Esquadra, José Merino, ha lamentado que este tipo de bandas ha aumentado en los últimos años en la capital catalana y ya operan entre cinco y 10 con constantes luchas de territorio entre ellas. De hecho, algunas de estas bandas operan en el parque de la Pegaso donde la semana pasada murió un adolescente de 15 años en un tiroteo. Merino no ha querido ni vincular ni desvincular la muerte del menor con una lucha entre bandas. La investigación que ha acabado desmantelando a los 300 comenzó en junio del año pasado. Guardia Urbana y Mossos concluyeron que el grupo actuaba de forma estable, organizada y jerarquizada. Los arrestados estuvieron involucrados en delitos de pertenencia a grupo criminal, tenencia de armas, tráfico de drogas, robos violentos, lesiones e -incluso- cuatro tentativas de homicidio. Durante los registros, practicados en Barcelona, Montcada i Reixac y Ripollet, los agentes intervinieron, incluso, un arma de fuego cargada, varios machetes y cuchillos, espráis de defensa, defensas extensibles y pasamontañas.El intendente de la Guardia Urbana de Barcelona, Juan Guzmán, ha advertido de que este grupo utilizaba la violencia como “herramienta de control y dominio de territorio”. Según los investigadores, la organización contaba con una estructura piramidal encabezada por un líder que coordinaba tanto las agresiones violentas como el tráfico de drogas. Por debajo, se situaban varios coordinadores operativos encargados de planificar las acciones y un tercer nivel formado por los denominados “soldados”, responsables de ejecutar las agresiones y otras actividades ilícitas. La investigación también ha acreditado la participación de menores de edad como autores materiales de acciones violentas.“Su manera de actuar es en grupo numeroso. Utilizando elementos para ocultar la identidad con armas blancas como machetes y catanas. Las agresiones no solo eran intimidatorias, sino que, muchas veces, eran agresiones graves para robar relojes y móviles”, advierte el intendente de la Guardia Urbana. Los Mossos sostienen que el grupo ocupaba y controlaba espacios públicos, especialmente plazas de los distritos barceloneses de Sant Andreu, Sant Martí y Nou Barris, utilizando la violencia como mecanismo de control territorial. Las agresiones tenían como principales víctimas a jóvenes relacionados con otras bandas juveniles, aunque también se registraron ataques contra personas elegidas al azar. La investigación también señala que el tráfico de drogas, principalmente de tusi o cocaína rosa y marihuana, constituía uno de los pilares económicos de la organización. “El grupo estaba formado por jóvenes de entre 15 y 27 años. Aprovechaban los menores para trasladar sustancias o armas blancas aprovechando que la responsabilidad penal era menor”, advierte Guzmán. “Incluso cocinaban la droga en sus domicilios. Además, las redes sociales eran una herramienta indispensable con la que transmitían su identidad, colgaban acciones violentas…”, ha advertido el intendente que -a la vez- a dado un mensaje a otras pandillas: “Actuaremos con toda la firmeza contra estos grupos”. Solo el año pasado, los Mossos d’Esquadra realizaron tres investigaciones contra estos grupos que según Merino han aumentado en los últimos años en Barcelona también “por las políticas anti inmigratorias de Estados Unidos”.En redes sociales, los 300 difundían contenidos con simbología del grupo, exhibición de armas y referencias explícitas a actividades violentas o delictivas con el objetivo de comunicarse, captar nuevos miembros y proyectar una imagen de intimidación. Los investigadores también han acreditado que producían y difundían canciones propias en internet reforzando la identidad y la cohesión interna de la organización.