Detrás de muchas de las grandes giras musicales que recorren la península se oculta la marca The Project, una de las principales promotoras del país responsables de giras como las de Dani Martín, Estopa, Quevedo, Fito & Fitipaldis o las cuatro actuaciones de Oques Grasses en el Estadi Olímpic. Son la parte más visible de los cerca de 2.000 conciertos que esta promotora barcelonesa organiza cada año, además de encargarse de festivales como el GuitarBCN o el festival de Jazz de Barcelona y gestionar el management de varios artistas a través de la compañía Exit.Tito Ramoneda, cofundador junto a Joan Roselló de la compañía en 1988, cuando contaba con 21 años, continúa al frente de una nave que poco tiempo atrás fue adquirida por la multinacional Warner Music. Con esta maniobra se aseguran el paraguas de una gran empresa del sector musical sin perder la autonomía que The Project disfruta desde su nueva sede, en un edificio del arquitecto Carles Ferrater en la zona alta de la ciudad. Desde allí, y con la mudanza todavía por concluir, Ramoneda otea a sus 63 años un panorama musical en el que ve una Barcelona en auge si sabe mantener su carácter.“Hace muchos años -comenta- que me imaginaba dónde estaría con 65 años, dónde estaría la compañía y los contenidos que tenemos que no dejan de ser patrimonio de todos, como el festival de jazz de Barcelona o el GuitarBCN. A comienzos del 2000, en un mundo que cada vez tendía más a la globalización, me di cuenta de que sería bueno encontrar un socio, un paraguas que te ayude a construir y perpetuar este proyecto. Y sobre todo que fuera alguien que se dedicara a la música, no un fondo de capital riesgo o una empresa que su corazón estuviera en el ticketing”.¿Y por qué Warner?Había varias opciones en este sentido, pero la que me hacía más ilusión era Warner Music porque cuando The Project nació, casualidad o no, el primer grupo nacional que hicimos fue Duncan Dhu en su momento de explosión, y El Último de la Fila, un concierto tan importante como el de la plaza de toros Monumental de junio del 88. Cuando después empezamos con el management los primeros artistas también vinieron de Warner, desde Suso Sáenz o Esclarecidos, una de las bandas míticas de la movida madrileña. Por eso cuando mis socios dijeron que querían dejar el negocio después de la pandemia, me puse a trabajar con Warner con la idea de crecer juntos. La industria de la música que empezó en Barcelona en los 70 ahora está más establecida en Madrid, pero con esta integración Warner recupera músculo en el ámbito del territorio catalán.Así como las discográficas en un momento dado se centralizan y saltan a Madrid, las empresas del directo más potentes todavía estamos en Barcelona. Somos una industria que ha crecido por su cuenta, por su proyección y modelos de negocio, pero con el reconocimiento de un país. Que Barcelona tenga un festival como el Primavera Sound, alabado en todo el mundo y que mira al mundo, no es fácil.¿Entre los objetivos junto a Warner está crear una residencia para músicos, como en Madrid?Podría ir por aquí, en Madrid tienen el Music Station, un espacio donde coinciden los trabajadores, conviven en el mismo espacio con los estudios de grabación, un espacio de directo y zonas de cowriting. Funciona 24 horas al día, 365 días a la semana, cualquier artista de Warner puede ir en cualquier momento e instalarse en un estudio, incluso a las 3 de la mañana si se ha inspirado. Es un modelo pionero en el mundo, que todo esto pueda pasar aquí, alimentarlo y acelerarlo, es uno de los objetivos que he planteado de cara al futuro.“El Music Station es un modelo pionero en el mundo, uno de los objetivos para Barcelona que he planteado de cara al futuro”¿Es una aspiración personal?El promotor es muchas veces el que decide, sales adelante y tienes que convencer a un artista o un manager para que este proyecto pase. Hay conciertos que no se iban a hacer y que por convicción los acabas haciendo.Un ejemplo podría ser el Festival de Jazz.The Project empieza con un concierto de jazz de Chet Baker y, el día que se tenía que celebrar, su manager llamó a las 10 de la mañana diciendo que estaban en Milán y que el artista no se movía de allí, que no vendría a Barcelona. Entonces llamé al hotel de Milán, intenté hablar con él y no contestaba, volví a llamar y hablé con el recepcionista para explicarle, con un italiano macarrónico, cuál era el problema. Le dije que debía subir a la habitación de Chet Baker, vestirlo y decirle como fuera que tenía que coger el taxi que lo esperaba para llevarlo al aeropuerto.¿Cómo acabó?Una hora después el recepcionista me llamó para decirme que Baker estaba en el taxi, vino e hicimos el concierto. Aquel mismo año ya produjimos el Festival de Jazz de Barcelona y al año siguiente, cuando se decidió que no se haría más porque lo sustituiría la Olimpiada Cultural, pedimos que nos cedieran el nombre para continuar el festival, que entonces tenía 19 años. Con una mano delante, otra detrás y un único patrocinador, que era Fortuna, trajimos a Miles Davis. Esta empresa bebe del jazz, el festival es como la niña mimada de esta compañía, aunque en términos económicos sea un pequeño grano de arroz.La promoción se ha profesionalizado mucho desde sus comienzosAntes trabajábamos con télex, cerrábamos un concierto dos meses antes, íbamos a las imprentas a por las entradas, las vendíamos en Discos Castelló y llamábamos cada día para saber cuántas habían vendido. Todo era mucho más artesanal, con la digitalización el artista decide que pone a la venta el concierto pasado mañana y no necesitas ni hacer pósters ni nada. Las entradas se ofrecen a las 12 del mediodía y a los cuatro minutos has vendido un Sant Jordi, un estadio, o dos o tres, es un proceso más frío desde este punto de vista. No tienes tiempo de procesar las cosas, eres capaz de multiplicarte y hacer 15 conciertos al día, incluso en la misma ciudad en diferentes recintos. El consumo de música grabada es infinitamente más alto gracias a las nuevas tecnologías, generan mucha más demanda de ver en directo tus artistas. Los hábitos de la gente también están variando, es todo mucho más volátil, hay artistas que un día te llenan un Sant Jordi y al cabo de dos años no se sabe nada de ellos.Cuesta más saber quién triunfará...Ahora tienes acceso a toda la información del público que compra entradas: a qué hora lo hacen, qué edad, de donde son. Pero esto no sustituye el olfato de los promotores, no nos podemos basar únicamente en las métricas. Que un artista tenga más escuchas en Spotify no significa que se convierta en entradas vendidas.“Prefiero que la gente gaste 300 euros en 5 conciertos que no 300 euros en un solo concierto”Hay mucha más demanda y ofertaEl crecimiento de la música en directo estos últimos años es exponencial en número de entradas, de giras y facturación. Hay cierta sobredosis de festivales porque no hay ni tantos artistas ni tan públicos. Un factor muy importante es el precio de las entradas, por mucho que el artista llene no estoy a favor de subir los precios, prefiero que la gente gaste 300 euros en 5 conciertos que no 300 euros en un solo concierto. Hay artistas muy conscientes, como Dani Martín que las vende a 45 euros, y el resultado es que vendes muchas más entradas. El precio lo marca la retribución económica que quiere el artista, pero si entramos en una subasta entre promotores acaba afectando al precio final. Nosotros sabemos lo que queremos y hasta dónde llegar.¿Han perdido muchos artistas por esta política?Algunos, pero no nos arrepentimos de haberlo hecho.¿Por qué han cancelado el festival Salsón?Nosotros hemos traído a La Fania, Tito Puente, ahora traeremos a Rubén Blades, y Salsón era un proyecto que recogía toda esta esencia de raíz de la música latina junto con esta nueva hornada de artistas que miran hacia aquí, como Bad Bunny, C. Tangana o Rawayana. Creemos que este festival tiene espacio, pero cuando te das cuenta que no dispones del cabeza de cartel adecuado, y en una equipación como el Parc del Fòrum, con unas exigencias desde un punto de vista de infraestructuras y, por lo tanto, de gastos, no te puedes tirar a la piscina con un dedo de agua. Por eso a comienzos de año decidimos que no podíamos seguir adelante, esperemos poder recuperarlo en un futuro, estamos en conversaciones con el Ayuntamiento en este sentido. Nuestra ilusión seria mantenerlo pero todavía no está decidido.Lo que sí han puesto en marcha es el festival BartsHemos hecho muchos conciertos en el Poble Espanyol, incluso mientras se hacía el festival anterior, el Alma. En los años 80 y 90 hicimos Miles Davis, George Benson, BB King, Caetano Veloso, Van Morrison. Por eso decidimos aceptar la propuesta, y decidimos ponerle Barts en honor de una sala que marcó durante una década por las cosas que pasaron. Estamos en la primera edición y estamos muy contentos, y ya pensando en la edición del año que viene.¿Por qué decidieron retirarse del concurso por el festival de Porta Ferrada, que habían llevado durante muchos años?Llevábamos mucho tiempo colaborando, la última licitación fue de ocho años, y conseguimos cifras de espectadores que nunca se habían logrado. Desde el punto de vista artístico hicimos cosas muy próximas a este ADN de lo que es Porta Ferrada, mirando a la clásica y a cosas más populares. Pero cuando se plantea la nueva licitación, los cánones económicos que regían el contrato no estaban dentro de nuestros parámetros, por eso decidimos no presentarnos. Tenemos una una relación fantástica con el Ayuntamiento de Sant Feliu de Guíxols, hasta el punto de pensar que quizás un cambio de aires le podría ir bien al festival. Le deseo mucha suerte a Cruïlla, espero que sean capaces de mantener el espíritu donde lo dejamos el año pasado.Este año hay muchos festivales de verano en Barcelona y sus alrededores ¿Puede ser un problema?Hay cierta masificación a nivel estatal de ciclos, festivales y giras, y es lógico que no todo funcione porque la gente no tiene tanta capacidad económica como para asistir a todo lo que le gustaría. Es cierto que también a nivel de infraestructuras y de operativa de las giras, de los recintos, de los gastos, los incrementos estos últimos años han sido importantes. Tenemos un problema también de formación técnica de personal. Faltan técnicos, buenos montadores de escenarios, en un concierto entramos a las ocho de la mañana con una producción de diez trailers al Palau Sant Jordi, y a las 5 de la tarde se están abriendo puertas. Todo debe ir milimétrico, la gente no se da cuenta del trabajo que hay detrás de un concierto, con 300 personas trabajando como una orquesta.Este problema crece porque hay más conciertos.Tenemos que estar muy orgullosos de que la música haya tomado este protagonismo en la vida de las personas, y para que no se pierda lo importante es el precio, el servicio que le das a la gente y también ahora mismo hay cierta carencia de espacios. La música en directo ha construido su realidad adaptándose a espacios que no han sido hechos para ella. Con el Sant Jordi ya se pensó que podía tener una segunda función, que ahora mismo es la primera. El nuevo proyecto del Sant Jordi Club ha sido plenamente pensado para la música, y está en marcha un proyecto para mejorar el Palau Sant Jordi en este sentido. Pero continúan faltando salas en nuestro país, hay que descentralizarlo de la ciudad de Barcelona, en Nueva York es muy normal irte a ver un concierto en New Jersey, o hacer 30-40 kilómetros.Aquí también es normal, para la gente que vive fuera de Barcelona.Si pudiéramos tener recintos en el entorno del área metropolitana nos facilitaría muchas cosas, pero va ligado a un transporte público adecuado, con horarios adecuados, que esta movilidad funcione.¿Esta creación de nuevos espacios le corresponde a la administración o a un inversor privado?A la iniciativa privada, en Madrid ya se están haciendo cosas como el nuevo Arena que el Atlético está construyendo en el Metropolitano junto con Live Nation. En València está el Roig Arena, pensado para acontecimientos musicales y deportivos, y además el propietario lo cederá al Ayuntamiento de València de aquí a 50 años. El Barça tiene que hacer un nuevo Palau Blaugrana que tendría que servir para conciertos, pero lo que primaría es la actividad deportiva, y el Barça tiene mucha. También nos faltan espacios de capacidad media, más aún porque perderemos el Sant Jordi Club durante dos o tres años. Tendríamos que recuperar espacios como la Mar Bella o el pabellón de la Vall d’Hebrón, y un Olímpic de Badalona que debe estar más en el mapa. La música en directo está al alza, y estos números han llegado para quedarse. La cultura es una de las industrias que más crece, más que el turismo y que otros sectores. Pero al final también hablamos del dinero que tiene la gente para gastarse, además del tiempo. Competimos con muchas ofertas de ocio como las redes, Netflix o el deporte.En esta competencia, ¿Madrid le puede ganar espacio a Barcelona?Madrid tiene ventajas como la radialidad, la población, que es el doble de Barcelona en 50 kilómetros a la redonda, y además tiene la conexión con Latinoamérica, que la sitúa como un gran competidor. Lo que tiene que hacer Barcelona es aprovechar su identidad, su ADN, toda esta cultura formada a lo largo de tantas décadas, esta proximidad a Europa, esta mirada cultural mucho más amplia, este atractivo como ciudad, tenemos que creer en nuestro valor. Barcelona no perderá porque Madrid crezca, que crecerá, es innegable, pero si Barcelona es fiel a sí misma podemos competir con cualquier ciudad. No nos tenemos que comparar con Madrid, ni con París o Londres, somos una capital del mundo y nos pueden envidiar muchas cosas.