La limpia agua de un estanque, el boicot previo de algunos artistas renombrados, sus miles de seguidores primero evacuados por la amenaza de lluvia y luego ya agotados escuchando una tormenta de frases sueltas en medio de un caos organizativo (también lo hubo en Nueva York), las calles de EEUU rebosantes de banderas cargadas sobre los hombros de todo tipo de acentos, el calor extremo... Esta es la crónica de un cumpleaños lleno de nubarrones que retrata a una nación. "America 250". El país más poderoso de la tierra, tanto como para adueñarse del nombre de todo un continente, cumplió ayer dos siglos y medio. La efeméride se llevaba planeando desde 2016 con una comisión parlamentaria integrada por republicanos y demócratas en los tiempos del presidente Obama para preparar un festejo de todos. La llegada de Donald Trump de nuevo a la presidencia en 2025 arrasó con todo ese proyecto. El neoyorquino creo su propia fiesta, "Freedom 250", envuelto en todo tipo de fuertes polémicas de partidismo y corruptelas. Da igual, en el gesto unilateral de ruptura se explica el deterioro institucional con el que se ha llegado aquí. El país celebró su cuarto de milenio con dos festejos paralelos, reflejo de su profunda brecha política. Toda fiesta debe tener su confeti. En esta hubo derroche. En Times Square, en Nueva York, bajó la mítica bola de año nuevo el 3 de julio para anunciar el cumpleaños patrio. Se lanzaron tantos fuegos artificiales por todo el país que las 50 estrellas de la bandera parecieron reventar en el cielo. El monte Rushmore se engalanó para conmemorar a sus héroes. Una fiesta de todos de una nación creada de retales. TE PUEDE INTERESAR De hecho, en el río Hudson desfilaron por la mañana los buques escuelas de ese mundo global que habita en las calles de EEUU, con el Juan Sebastián Elcano recortando Manhattan. Momento difícil el que viven las relaciones de ambos países. Trump se había mofado horas antes de España hurgando en la herida de 1898: "Renunciaron a su control sobre Cuba, Guam, Filipinas y Puerto Rico. Territorios que fueron todos nuestros. Los tomamos todos", dijo con sus dosis de testosterona y olvidando que hace 250 años la imperial España ayudó a crear a aquella incipiente nación. Por la noche se esperaba un discurso potente, marca de la casa, y el presidente no defraudó: el Trump de siempre hablando de lo de siempre. La lluvia retrasó sus palabras hasta casi el 5 de julio, pero Trump, en esa retórica donde se siente cómodo, se subió a una barca en una playa de Francia para anunciar que no faltaría a la cita por el clima: "Si ellos pudieron asaltar las playas el Día D, yo puedo dar un discurso", aviso a Fox News. Y entonces, por fin, habló. TE PUEDE INTERESAR Se rodeó en la tribuna de históricas banderas estadounidenses y veteranos de guerra, alguno de más de cien años. "El sueño americano está de vuelta", soltó, y empezó un mitin electoral en el que habló de sus récords de empleos, de sus éxitos en Venezuela e Irán, y habló de "los fantásticos Wyatt Earp, Bufalo Bill y Teddy Roosvelt". En sus saltos por la historia, en un momento donde ya se entendió que sus palabras iban a ser una miscelánea de ideas y no el discurso de un estadista, volvió a acordarse de España: "La marina de EEUU hundió la flota española hasta el fondo de la bahía de Manila, una de las mayores victorias navales, muy similar a nuestra reciente victoria al hundir toda la flota iraní". Luego usó una palabra que usa últimamente casi tanto como España: comunismo. "Hay que cortar el comunismo como un tumor desde el inicio", dijo. Trump siempre da pistas, y es evidente que piensa usar el as de la amenaza de los comunistas como su principal baza electoral en las elecciones de noviembre. TE PUEDE INTERESAR Su público aplaudía las ocurrencias del presidente y gritaba "USA, USA…", mientras por el estrado aparecían astronautas a los que él anunciaba que "la próxima ver iremos a Marte". Tuvo también tiempo para repetir sus clásicos patrones. Los que esperaban y apuntaban a que esta noche se vería un Trump distinto, los que hablaban de un discurso histórico, se equivocaron. "Ya no habrá trampas en las elecciones", aseguró. Y en ese estilo tan propio, remarcó varias veces que "tenemos libertad de expresión, de religión, justicia igualitaria bajo la ley, aunque a mí no me trataron tan bien, pero no entraremos en eso". Usó esa fórmula varias veces, la de tirar la piedra primero y decir que no la quería tirar después, aunque esta vez es cierto que no hubo la retahíla de ataques a sus predecesores demócratas Finalmente, en un discurso en el que había expectativas muy altas y no hubo nada nuevo, anunció que para EEUU "lo mejor estaba por venir". Y dejó a la multitud bajo los espectaculares fuegos artificiales de Washington que se iluminaban sobre las aguas que el mandó limpiar del estanque del Lincoln Memorial del Capitolio. Finalmente, esa fue la gran novedad de su fiesta del 250 cumpleaños para el país. La limpia agua de un estanque, el boicot previo de algunos artistas renombrados, sus miles de seguidores primero evacuados por la amenaza de lluvia y luego ya agotados escuchando una tormenta de frases sueltas en medio de un caos organizativo (también lo hubo en Nueva York), las calles de EEUU rebosantes de banderas cargadas sobre los hombros de todo tipo de acentos, el calor extremo... Esta es la crónica de un cumpleaños lleno de nubarrones que retrata a una nación.
El cuarto de milenio de los Estados (Des) Unidos de América de Trump
El presidente ofrece un discurso repetitivo y plano en el que se acuerda de nuevo de las victorias militares sobre España y advierte de la amenaza comunista










