Crónica de una cocina, de Junichiro TanizakiEs la última novela del escritor japonés Tanizaki, un relato íntimo, pausado y costumbrista que narra la historia de Raikichi Chikura, escritor, y su mujer Sanko, y de la vida cotidiana junto a las mujeres que servían en su casa. El autor centra la trama entre 1936 y 1962 en Japón, un periodo de cambios y convulsiones en el país: el auge del fascismo, la militarización de la vida diaria, la guerra del Pacífico, la posguerra y la reconstrucción, la democratización y el comienzo del crecimiento económico de Japón... Todo ello le sirve a Tanizaki para enmarcar esta historia. “Mi propósito aquí es el de escribir sin tapujos sobre algunas de las criadas que han trabajado para la familia Chikura”, escribe el autor en cierto momento de la novela, creando en el lector el dilema de si Tanizaki está narrando los últimos años de su propia vida o simplemente se trata de un juego literario entre la realidad y la imaginación. Un terreno narrativo donde expone otros temas como el erotismo, la sensualidad, la mujer como dominadora, el amor prohibido (subrayado en la historia de amor lésbico entre Sayo y Setsu), la comida, los gatos e incluso la fascinación por los pies femeninos, muy recurrente en la literatura de Tanizaki. La comida está presente en la novela. La cocina es el lugar donde “todo se guisa”. Una pasión por la gastronomía que ya pudimos leer en relatos como El club de los gourmets (Editorial Gallonero) y que sirve aquí como indicador de las clases sociales, la mejor manera de responder al “dime qué comes y te diré a qué te dedicas”. Es un libro para leer con pausa, degustando cada capítulo, dejándose llevar por la sensualidad de las palabras, descubriendo un Japón desconocido donde las sirvientas son las que toman la palabra, haciéndose fuertes y generosas. Una novela costumbrista, incluso romántica, en la que el hombre —el autor— se muestra a ratos vulnerable y a otros intrusista, provocando en el lector rechazo y, en otras ocasiones, complacencia. ¿Quién sabe si realmente Tanizaki hizo con esta novela su personal homenaje a la literatura? Lo cierto es que, el brindis que aparece al final del libro, se podría considerar como una bonita manera de despedirse del mundo. Todo ello con una buena dosis de humor. A destacar la traducción de Ana Megumi Pías Suzukio, quien ha sabido captar a la perfección la mezcla de dialectos que aparecen en la novela, y el prólogo de Patricia Hiramatsu es la mejor puerta de entrada al universo Tanizaki. Piel de garbanzo, de Marta Soria CarroNarrar la historia de una familia a través de los guisos compartidos es un recurso muy utilizado en la literatura y con razón. ¿De qué mejor manera podríamos plasmar lo que nos une que hablando de lo que sucede en torno a una cocina o alrededor de una mesa? Si a esto le unimos el bebernos la tradición y la cultura de a poco, cucharada a cucharada, daría como resultado un relato profundo, sentido y nostálgico del vivir. A grandes rasgos se podría decir que todos estos ingredientes los ha echado Marta Soria Carro en la olla de su última novela, Piel de garbanzo (Tabletimes). Una historia corta que viaja al pasado de su familia para comprender el presente. Un relato intimista y sensual que hace de los pequeños gestos de la cocina casera, como pelar unos garbanzos, el motor de arranque de una trama sobre la búsqueda de la identidad. Está escrita con ese latir de la emoción de lo vivido y de la necesidad de comprender los porqués y los silencios. Es una novela deliciosa en la que la cocina se convierte en ese lugar donde habita la memoria. “A la pregunta de por qué tomarse la molestia de despellejar los garbanzos uno a uno, Menchu ha repetido lo que aprendió de chica: por respeto al plato”. La autora viaja desde su ciudad, Zaragoza, a los recuerdos de Marruecos, comprendiendo que detrás de una harira, la sopa tradicional marroquí, no solo se encuentra la historia de su familia, sino la de la cultura y el pueblo que la une. La relación entre madres e hijas, la memoria de la migración o la herencia cultural se cuecen a fuego lento. “Al fin y al cabo, una puede heredar la receta, pero no la razón íntima de ponerla en práctica”, dice su autora. Una cena en casa de los Timmins, de William M. ThackerayHay quien dice que los negocios y el amor se consolidan sentados en una mesa. Quizá en esto se inspiró William M. Thackeray para escribir esta irónica, sarcástica y descarada historia que cuenta el día que la señora Rosa Timmins y su marido Fitzroy Timmins deciden organizar una cena en casa para codearse con la crème de la crème de la sociedad inglesa. Aquí viene el drama: ¿a quién invitar y por qué? ¿Qué comer y quién servirá esa comida? ¿De qué hablar y de qué no? El mundo de las apariencias es trazado por el autor con ese humor inglés que hace del drama un divertimento. Lo que se come no tiene la menor importancia; la esencia de este cuentito es quiénes son los elegidos —“aunque sea para diez tienen que entrar 20”— y cómo mantener las apariencias. De esta manera, la mesa es el escenario donde se codean personajes distantes y ridículos que intentan aparentar quienes no son. “Timmins tenía en sus cuentas un descubierto de veintiocho libras, dieciocho chelines y seis peniques”. ¿Quién podría saberlo en la mesa de las apariencias? En definitiva, un librito que se lee rápido y con gusto, con una crítica inteligente al esnobismo. El aguardiente bendito de Algot y Anna Stina, de Jonas JonassonSuecia, mundo rural, siglo XIX, dos personajes marginales: Algot Olsson, un granjero inteligente y audaz, y Anna Stina Knapp, una mujer rechazada por la sociedad por ir en contra de la norma. Un día, Olsson hereda la receta secreta de un aguardiente del que se asegura que “es tan puro que podría sanar almas”. Aquí comienza una historia que va tejiéndose gracias a la unión de ambos personajes, que se las ingenian para “cocinar” el aguardiente y convencer a la sociedad de que el trago es la solución a todos los problemas. Es una historia cargada de ironía y humor, un relato que roza lo inverosímil, pero estimula la curiosidad: ¿hasta dónde son capaces de llegar estos dos personajes con tal de salir de su situación? Junto a los protagonistas el autor pone en escena a otros personajes excepcionales por sus rarezas y excentricidades. Así, se despacha contra la Iglesia, el ejército, la sociedad clasista y las desigualdades económicas. “Solo el alcohol puede sacarte de la pobreza”. Es más: el “aguardiente bendito”, que da título a la novela, funciona tanto como elemento narrativo como símbolo de la hipocresía de ciertas instituciones. Un viaje literarito por el absurdo, que ya Jonasson había creado con maestría en su anterior novela El abuelo que saltó por la ventana y se largó (Salamandra).