Once días después del doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela, la cifra de víctimas sigue creciendo. Mientras continúan las labores de búsqueda y rescate entre los escombros, el último balance oficial eleva a 2.295 el número de fallecidos y a 11.267 el de heridos, además de miles de desaparecidos.Los datos sobre el alcance de la destrucción también se han ido actualizando. Según el análisis del programa satelital de la UE Copernicus, hay al menos 606 edificios destruidos y 448 dañados, cifras algo superiores a las del Gobierno venezolano, que cifró en 885 los edificios afectados. Los modelos de Microsoft AI for Good Lab han detectado 10.510 edificios con algún tipo de afectación.En cualquier caso son datos destinados a crecer, ya que miles de personas siguen sin un lugar seguro al que volver: 15.866 personas lo perdieron todo y otras 28.380 no pueden regresar a sus casas aunque sigan en pie, según datos del Ejecutivo. Además, en los días posteriores al terremoto se han registrado nuevos derrumbes en inmuebles dañados y las autoridades mantienen desalojos preventivos ante el riesgo de nuevos colapsos.Los edificios dañados, vistos desde satéliteLas imágenes satelitales permiten observar con más detalle dónde se localizan los daños, aunque su cobertura sigue siendo limitada. Los resultados de los estudios preliminares de Copernicus y de Microsoft pueden consultarse en el siguiente mapa interactivo.Los daños detectados por satélite se concentran con mucha más intensidad en el estado La Guaira que en otras zonas analizadas más cercanas a los dos epicentros, como San Felipe o Morón. En concreto, las parroquias de Caraballeda, Catia La Mar y Urimare han sido las más afectadas. Coincide con la zona donde, según los primeros análisis, el terreno ha sufrido un mayor desplazamiento. La costa central venezolana se asienta sobre el límite entre dos placas tectónicas que se deslizan una contra otra: su principal línea de fractura es la falla de San Sebastián, paralela al litoral. En estos terremotos, la roca se fue rompiendo a lo largo de ese sistema de fallas y la ruptura avanzó hacia el centro del país, liberando su energía frente al litoral de La Guaira, que se llevó la peor parte. Es pronto para determinar las causas de la magnitud de los daños, pero los expertos apuntan al menos a otros tres factores que pudieron agravarlos. Primero, la escasa profundidad de los seísmos: cuanto más superficial es la ruptura, con más violencia se sacude el suelo situado encima. Segundo, el tipo de terreno, ya que el valle sobre el que se levanta Caraballeda está hecho de suelos arenosos y blancos: “el suelo blando puede provocar una amplificación de las ondas sísmicas y ser responsable de la licuefacción [pérdida de resistencia del suelo], si esta ha ocurrido, que es algo bastante probable dadas las imágenes que hemos visto”, explica el geólogo Nahúm Méndez-Chazarra.El tercer elemento es la resistencia de los edificios, es decir, si estaban construidos para soportar una sacudida así, algo que todavía no se ha esclarecido: “es muy sospechoso que un edificio se cayese y otro justo al lado no, habrá que estudiar concienzudamente el porqué”, razona Méndez-Chazarra.Torres de pisos y casas pequeñasEntre los edificios destruidos hay desde grandes torres residenciales hasta casas levantadas en programas de vivienda públicos en zonas densamente pobladas. Ocho de cada diez edificios destruidos medían menos de 20 metros, según un análisis preliminar de EL PAÍS a partir de las imágenes satelitales y la información de altura de cada inmueble elaborado por Google. Montañas de escombrosSegún una estimación de la Unidad Conjunta de Medio Ambiente del PNUMA y la OCHA, el terremoto dejó una montaña de cascotes de 17 millones de toneladas repartida por el norte de Venezuela. El cálculo, basado en imágenes de radar, imágenes ópticas y en evaluaciones de daños en edificios, identifica 96.046 edificaciones dañadas, casi el 3% del total analizado. La mayor carga se concentra en Miranda, con más de 5,3 millones de toneladas, seguida de Aragua, Caracas y Carabobo.Estos escombros no son residuos urbanos ordinarios, sino materiales procedentes de edificios y estructuras dañadas. Su retirada y gestión pueden convertirse en uno de los primeros grandes obstáculos de la reconstrucción.Fuentes