69.431 edificios dañados en menos de lo que dura un asalto de boxeo. El golpe lo recibió Venezuela mediante dos terremotos consecutivos en un par de minutos. Con un saldo de 2.645 víctimas mortales y 12.666 heridos —cifras provisionales que aumentan a diario—, el doblete sísmico del pasado 24 de junio se convierte en uno de los mayores desastres naturales ocurridos en el país sudamericano. El mapa permite ver con más detalle dónde se concentra el impacto del sismo que azotó, de forma abrumadora, la costa norte venezolana. Cuatro de cada diez edificios dañados se encuentran en el municipio de Vargas, en el estado de La Guaira. Dentro de Vargas, tres parroquias soportan el grueso de la destrucción: Catia La Mar (con 7.692 edificios dañados), Caraballeda (5.934) y Playa Grande (5.417). Es decir, más de la mitad de los edificios analizados en Playa Grande y Caraballeda (52%) y uno de cada tres de Catia La Mar (33%) habrían sufrido daños por el terremoto. En los derrumbes no paran de sacar cuerpos. Filas de personas recibiendo todo tipo de donaciones se ven cada tanto, al igual que los campamentos de refugiados instalados en plena calle. No tienen comodidades ni tampoco agua y luz, al menos no en sectores de Urimare y Catia la Mar, aunque el gobierno insista en decir que fueron restauradas en 95% y 68% respectivamente. En 32 años, Mayerling Marín ha tenido la oportunidad de vivir en varios estados de Venezuela, incluyendo la paradisíaca isla de Margarita, "pero siempre vuelvo a La Guaira", dice, su paraíso personal porque allí nació. Mayerling describe a La Guaira como “tranquila” y “pacífica”, donde el mar y el río son dos vecinos más. Desde hace un año vivía en el edificio Vista Hermosa, en Caraballeda, un lugar que integra edificaciones coloniales, como legado histórico; construcciones modernas, reflejo de reconstrucción y superación y el atractivo turístico que representa estar a pocos metros del mar Caribe. El edificio de Mayerling está ubicado en plena vía principal. Alrededor había presencia de cadenas de comida rápida, abastos, centros comerciales, hoteles. Todo estaba cerca, incluyendo varias playas, de las más concurridas por los caraqueños, los turistas fieles de La Guaira. Ahora casi todo son escombros. Su edificio, aunque continúa de pie, muestra graves fracturas en la estructura. Ese día ella no estaba en casa, sus dos hijos sí. Al momento lograron salir, pero poco tiempo después, las paredes del apartamento se vinieron abajo. Desde los terremotos, todos duermen en un local de venta de repuestos, ubicado en la planta baja del mismo edificio, es propiedad del mejor amigo de Mayerling. Ella, como favor, se quedó vigilando que no entraran a robar, como ocurrió en muchos otros comercios cercanos, pero la zozobra y pensar en que en cualquier momento puede volver a temblar no la dejan dormir. Además, en las últimas noches ha llovido, un evento atmosférico que también trae malos recuerdos a los guaireños. 69.431 edificios destruidos El mapa que encabeza este reportaje es una estimación preliminar, aún sin verificar sobre el terreno, elaborada a partir de imágenes del satélite Sentinel-1 del programa europeo Copernicus. Los investigadores Corey Scher y Jamon Van Den Hoek, de la Universidad Estatal de Oregón, han comparado las observaciones antes y después de los seísmos para detectar cambios inusuales en la forma en que el suelo refleja las ondas del satélite. Cuando esas variaciones son lo suficientemente anómalas, se interpretan como posibles daños estructurales. Tras una primera estimación que identificaba 58.870 edificios con posibles daños, los investigadores han ampliado el área analizada un 25% y han elevado la cifra a 69.431 edificios afectados. Este análisis evidencia que el terremoto no afectó únicamente a la franja costera de La Guaira: el daño detectado casi se duplica en el área metropolitana de Caracas y aumenta significativamente en la costa de Carabobo, especialmente en el entorno de Puerto Cabello y Morón. Los daños se estiman en una cifra equivalente al 6% del PIB de Venezuela Sin embargo, otras estimaciones ofrecen cifras diferentes sobre los daños del desastre. El servicio de emergencias de Copernicus identificó a mano, sobre imagen de muy alta resolución y en zonas concretas, 3.072 edificios con algún grado de daño; mientras que el laboratorio Microsoft AI for Good, aplicando inteligencia artificial sobre unos 210 km² de la costa de La Guaira, cuantificó 8.410 edificios dañados. Las diferencias en el número de edificios afectados responden al método y al alcance de cada análisis. Pero detrás de cada punto en el mapa hay miles de personas que han perdido la vida y decenas de miles de familias se han quedado sin hogar; una dimensión del desastre que solo se comprende desde el terreno. Playa Grande-Urimare (La Guaira), el 7 de abril de 2026, antes del doble terremoto. Imagen de satélite Vantor, recortada del original. La misma zona el 27 de junio de 2026, tras los seísmos de magnitud 7,2 y 7,5. Imagen de satélite Vantor, recortada del original. Narcisa Padrón, de 65 años, nació en Ecuador. En 1991 emigró a Venezuela en busca de oportunidades. Su esposo llegó primero, un año después la trajo a ella. Finalmente, encontraron un pequeño lugar que parecía más un remanso soñado: la urbanización Playa Grande, en Urimare, al oeste de La Guaira. Una zona de edificios residenciales, construidos sobre colinas, en donde los balcones de los apartamentos tienen una vista privilegiada del mar. Equipados con piscinas, canchas deportivas, áreas verdes y clubes privados de playa a pocos metros. “Una zona residencial muy bonita y muy visitada los fines de semana por los caraqueños que tenían sus apartamentos aquí”, dice Narcisa, quien, a 11 días de la tragedia, ve pasar las horas sentada en una plaza cercana a su edificio, con la esperanza de que el cuerpo de su esposo sea rescatado de las ruinas, al igual que el de uno de sus dos nietos que sigue tapiado en otra residencia aledaña. Los restos de su hija, su otro nieto y su yerno ya los encontraron. Ella sobrevivió porque salió de casa para ir a misa. La iglesia donde estaba no sufrió daños, pero al salir de allí, su vida era otra. Aquella vida idílica, junto a su familia, ahora está en el pasado. “Pensé que humanamente lo tenía todo controlado, pero Dios tenía otros planes”, es lo que repite. Mientras habla sobre Playa Grande, se le corta la voz y sus ojos se nublan. Hace pausas para poder seguir. Narcisa siente que está dentro de un mal sueño del que intenta despertar, pero no lo logra. “Creo que todavía estamos en una pesadilla”, describe. Narcisa no se ve regresando a Ecuador, tampoco viviendo en Caracas, “Allí sería una extranjera y Caracas me parece muy bulliciosa”, añade. Por los momentos, ese lugar destrozado sigue siendo su hogar. 6.700 millones en daños directos Al recuento de muertos y heridos se suma una incógnita mayor: la cifra real de desaparecidos, que nadie puede precisar todavía. El registro ciudadano 'Venezuela te busca' acumula más de 39.000 personas por localizar, y el coordinador de Emergencias de la ONU, Tom Fletcher, considera “terroríficamente plausible” que haya más de 50.000 desaparecidos. En las labores de búsqueda y rescate trabajan 67 equipos de 29 países, con 2.431 efectivos y 188 perros adiestrados, que han conseguido rescatar con vida a 6.462 personas. Mientras tanto, la recuperación de los servicios avanza de forma desigual. El suministro eléctrico se ha restablecido hasta el 95%, aunque persisten cortes en las zonas más dañadas. El acceso al agua sigue estancado en el 68% desde finales de junio. A la tragedia humana se suma el golpe económico en un país en el que casi un tercio de los hogares vive en la pobreza extrema. Los daños materiales directos se estiman en 6.700 millones de dólares, una cifra equivalente al 6% del PIB de Venezuela, según Naciones Unidas. UNICEF calcula que 1,8 millones de personas necesitan asistencia humanitaria, entre ellas, 680.000 niños, mientras que 15.050 han perdido su hogar y más de 11.500 se reparten en los 59 campamentos temporales habilitados. El doble terremoto del pasado 24 de junio es el más grave sufrido en Venezuela en más de un siglo, según la ONU. El Servicio Geológico de EEUU ha registrado en los últimos 50 años 1.816 sismos de magnitud 2,5 o superior en el país, pero solo dos habían alcanzado la magnitud 7: los de 1997 y de 2018, ambos frente a Carúpano, en el estado de Sucre. Ninguno provocó una destrucción comparable. Su impacto se explica por la sucesión casi inmediata de dos terremotos, el llamado doblete, y por la profundidad. El de 1997, de magnitud 7,0, a unos 20 kilómetros de profundidad, es el único precedente con esa magnitud tan cerca de la superficie terrestre y se cobró más de 70 vidas. El de 2018, aún más potente (7,3), se originó a casi 150 kilómetros de profundidad, lo que redujo de forma notable su impacto. Once días después del doble terremoto, las autoridades han contabilizado 890 réplicas. Cada sacudida es un recordatorio para un país que aún busca a los suyos entre los escombros. Metodología El mapa de edificios dañados que encabeza esta pieza se basa en una estimación mediante radar satelital elaborada por los investigadores Corey Scher y Jamon Van Den Hoek a partir de datos del satélite Sentinel-1 del programa Copernicus de la Unión Europea. La metodología emplea la detección de cambios de coherencia: el radar mide la estabilidad de una superficie entre pasadas del satélite, y una pérdida brusca de esa coherencia respecto a una serie de referencia de aproximadamente un año anterior indica un cambio compatible con daños estructurales. Para cada edificio se mide cuánto se desvía su coherencia posterior al terremoto respecto a la de aproximadamente un año previo, en desviaciones típicas. El edificio recibe el nivel de confianza más alto que supera en al menos el 50% de su superficie: "daño probable" (2 desviaciones o más) y "daño casi seguro" (3 o más). La resolución del análisis es de unos 30 metros, por lo que edificios pequeños o muy próximos entre sí pueden no distinguirse individualmente. El contorno del mapa delimita la zona con cobertura útil del radar. El análisis cubre el 100% de la zona de sacudida fuerte (intensidad MMI ≥ VI según el Servicio Geológico de EEUU); fuera del contorno el terreno no pudo evaluarse, así que la ausencia de puntos significa "no medido", no "sin daños". Cuando el mapa muestra el porcentaje de edificios dañados en una zona, este se calcula sobre el total de edificios efectivamente evaluados, excluyendo aquellos que no pudieron analizarse.
Casi 70.000 edificios destruidos: los satélites que demuestran la verdadera escala del terremoto en Venezuela
Imágenes por satélite, análisis de daños e información desde el terreno para comprender la magnitud del terremoto del pasado 24 de junio en el norte de Venezuela.














