“Voy detrás de este hombre”. Es lo que pensó Manuel Gavira, portavoz de Vox en el Parlamento de Andalucía y futuro vicepresidente en el nuevo gobierno del popular Juan Manuel Moreno, cuando en 2014 conoció al líder de su formación, Santiago Abascal, durante una visita a Cádiz. “Fue el cambio de chip”, reconoció el dirigente de extrema derecha en el arranque de la campaña electoral durante una entrevista en un programa de la cadena Almería 24TV. “Vi una determinación y una convicción política que no había visto en nadie”. Ese fue el momento en el que decidió adentrarse de lleno en el mundo de la política con un partido que acababa de ser relanzado. Quien primero le había presentado los postulados de Vox fue el que entonces era el primer presidente provincial de Vox en Cádiz, Manuel González Bazán. Pese a no estar conforme con todos ellos ―sí con el 90%―, se afilió al partido y ya al año siguiente, en 2015, encabezó las listas por Cádiz para las elecciones generales, algo que repitió al año siguiente, para presentarte a las elecciones andaluzas en 2018, donde formó parte de los 12 primeros diputados de la formación de extrema derecha en entrar en un Parlamento español en la historia de la democracia. “Pasé por la travesía del desierto”, cuenta sobre esos primeros años en la política activa.Pese a que se ha convertido en la cara más reconocible de Vox en Andalucía, poco se sabe de la vida privada o profesional de Gavira antes de llegar a la política. Hijo, marido y yerno de panaderos, nació en Cádiz en 1969 en el barrio popular de Loreto, donde se crio con sus dos hermanos, menores que él. Padre de dos hijos, el dirigente ultra reivindica su origen humilde y recuerda que tuvo que trabajar para poder costearse los estudios de Derecho en el campus de Jerez de la Universidad de Cádiz, debido al temprano fallecimiento de sus padres. Desde 1998 ejerció como abogado durante dos décadas, con despacho propio. Compaginó la abogacía con la empresa privada, además de dar clases en academias de formación para Policía, Guardia Civil y vigilantes de seguridad, hasta que en 2018 solicitó la excedencia, al ser elegido parlamentario andaluz.Gavira no es ni más duro ni más blando que otros dirigentes de Vox. “Es un soldado”, dicen de él en la formación. Es decir, alguien que replica argumentarios, ideas y propuestas de la dirección de Madrid. No se sale del guion, como sí lo hicieron sus antecesores en Vox Andalucía como el juez Francisco Serrano ―dos veces candidato ultra a la presidencia de la Junta y a la espera de un juicio por estafa y fraude de subvenciones― y Macarena Olona, también candidata en 2022, y hoy fuera del partido. Precisamente, fue él quien asumió la portavocía del grupo cuando tanto Serrano como Olona cayeron en desgracia dentro de la formación. Sin vivienda en propiedad, es el candidato que más dinero tiene en el banco, 100.000 euros, según la declaración de bienes que consta en el BOJA (Boletín Oficial de la Junta de Andalucía).El futuro vicepresidente de la Junta ha mantenido duros enfrentamientos con Moreno en el Parlamento andaluz, especialmente en inmigración y en concreto con los menores no acompañados como ocurrió hace dos años. “Todos son varones y magrebíes, ¿dónde están los niños? Tiene más cuerpo y barba que usted y yo”, le dijo al barón popular. Entonces Moreno renegó de “participar en la cacería del inmigrante”, acusó a Gavira de utilizar de “manera sangrante” la inmigración para captar votos y lo acusó, de manera retórica, de equiparar a los extranjeros con “unos salvajes”.Fiel las consignas ideológicas de su partido, Gavira no ha dejado de cuestionar la eficacia de la ley contra la violencia de género, y a mediados del año pasado también advirtió, en otro pleno de control al Gobierno, de la “islamización” de Andalucía, en respuesta al anuncio de rebajas fiscales para los dueños de mascotas que Moreno acababa de anunciar. “No nacen niños y van a llenar Andalucía y España de moros”, aseveró. En plena precampaña, el dirigente ultra advirtió a Moreno de que recordarían a los andaluces “las víctimas de la inmigración ilegal, las niñas violadas, los ancianos atracados, las mujeres agredidas y las que tienen que ir dos pasos por detrás de los hombres con una capucha en la cabeza”, además del Pacto Verde que el PP había votado con el PSOE en Bruselas. Entonces Moreno lo acusó de polarizar. Poco menos de un año después, ha firmado con él un acuerdo en el que se limita la aplicación de ese acuerdo medioambiental, se criminaliza a los migrantes y se prohíbe a las mujeres entrar con burka o niqab a espacios públicos de la administración andaluza.Una de sus intervenciones más recordadas en la Cámara andaluza fue cuando el pasado 3 de diciembre, poco después del anterior pleno que se acaba de recordar, y en las vísperas de la conmemoración de las manifestaciones del 4 de diciembre de 1977, parafraseó el tema de cantautor Carlos Cano, La murga de los currelantes, para denunciar que la situación socioeconómica de Andalucía no había cambiado nada desde que el compositor granadino escribiera ese himno reivindicativo hace casi medio siglo. La apelación a esta letra por parte de un partido que reniega del Estado de las autonomías y del andalucismo y que no celebra el 28F, Día de la Comunidad, sorprendió a todos los grupos políticos. “Soy andaluz, conozco la historia, sé que se pedía el 4D y ya está bien de que nos vean montado a caballo o de terrateniente”, respondió Gavira a preguntas de este diario. El líder de la extrema derecha andaluza reivindicaba entonces una transversalidad que siguió defendiendo en campaña. “La gente no está con el rollo de soy de izquierda o soy de derecha, eso ya ha pasado, es cosa de viejo. La gente quiere realidades”, dijo durante una entrevista en la Cadena Ser. Esa transversalidad también subsiste en su ámbito personal. Además de motero, es lector empedernido, su autor de referencia es Baltasar Gracián, escritor aragonés del siglo de Oro, pero se reconoce fan de Bad Bunny, en lo musical ―al que ha llegado a imitar―. Aunque su verdadera pasión es el Cádiz Club de Fútbol, del que es socio y sufridor empedernido, a su pesar, casi por encima de su ciudad natal ―presume de ser el único candidato a la presidenta de la Junta oriundo de la capital gaditana―. Esa querencia se nota en el uso habitual de expresiones gaditanas. “Ojú picha”, es el sticker con el que definió el acuerdo de gobierno alcanzado con el PP y su vicepresidencia en el Gobierno andaluz.
Manuel Gavira, un “soldado” de Vox
El nuevo vicepresidente de la Junta de Andalucía se ha mantenido fiel a las consignas ideológicas de la formación de Abascal sobre inmigración, igualdad o cambio climático en el Parlamento autonómico













