Hasta ahora, encontrar el mejor asiento del cine dependía de llegar pronto o de reservar con tiempo. Ahora también dependerá del bolsillo. Cinesa ha comenzado a implantar un sistema similar al de precios dinámicos inspirado en el de las aerolíneas por el que el coste de cada entrada varía en función de la ubicación de la butaca en la sala. Los asientos centrales son los más caros, mientras que las primeras filas y los laterales son los más baratos.PublicidadEl sistema, que de momento funciona como prueba piloto en los cines de Nassica (Madrid), Salera (Castelló) y Parque Principado (Asturias), divide la sala en cuatro categorías -Classic, Classic Plus, Classic Premium y VIP- con precios que oscilan entre los 8,90 y los 13,10 euros. Pero la diferencia no depende únicamente del lugar que ocupe el espectador, sino que también varía según el día de la semana. Así, un asiento de la zona más cotizada cuesta 8,60 euros un miércoles, mientras que esa misma localidad sube hasta 12,60 euros el resto de días laborables y alcanza los 13,60 euros durante el fin de semana.“Nos preocupa que con ese argumento suban globalmente las entradas, en lugar de bajar en las zonas de peor visibilidad”, señala Rubén Sánchez, director de Facua-Consumidores en Acción, a Público.La ley actual no prohíbe la tarificación por zonas y por días, pero sí obliga a las empresas a informar del precio completo antes de que el consumidor contrate el servicio. Al acceder a la página web de Cinesa, un aviso informa de que la compañía está "probando un nuevo sistema que te permite escoger dónde quieres sentarte según el precio que mejor se adapte a ti". Además, explica que los precios de cada zona se muestran desde el inicio del proceso de compra y que las promociones o tarifas especiales se aplican una vez seleccionada la entrada.Sin embargo, para la Federación de Consumidores y Usuarios (CECU) este mensaje sería insuficiente. "El problema no es tanto que el precio pueda variar, sino la falta de transparencia sobre cómo se fija", explica a Público Miguel Crespo, abogado de la organización. A su juicio, cuando una empresa utiliza sistemas de precios variables debe informar de forma clara cómo se calcula ese incremento. "Si las empresas utilizan algoritmos para fijar los precios, es imprescindible que expliquen qué variables tienen en cuenta y ofrezcan información suficiente para que los consumidores puedan entender por qué una misma entrada puede tener precios distintos en diferentes momentos. Si, por ejemplo, la diferencia de precio responde únicamente a la ubicación de las butacas, eso debería explicarse de manera expresa", explica.PublicidadDesde CECU advierten de que esta falta de transparencia genera "inseguridad e incertidumbre" entre los consumidores, que desconocen si están pagando el mejor precio posible o si éste ha seguido subiendo por criterios que no conocen. "Los precios dinámicos no pueden funcionar como una caja negra. Si se utilizan, deben aplicarse con criterios claros, comprensibles y transparentes para que cualquier persona pueda entender por qué está pagando un precio y no otro", añade Crespo.Por su parte, el grupo Cinesa señala que su modelo es similar a cómo se desenvuelve el ocio en teatros, conciertos o eventos deportivos. "Hemos incorporado más opciones de ubicación para que cada cliente pueda elegir la que mejor se adapte a sus preferencias, permitiendo que algunas zonas tengan precios más económicos que los disponibles hasta ahora", señala la compañía en un comunicado.Los precios dinámicos están en todos ladosAunque el debate ha llegado ahora a las salas de cine, los precios dinámicos llevan años instalados en otros muchos sectores. "Son precios que pueden cambiar en cada momento según la oferta y la demanda, los precios de los competidores, el stock disponible, el lugar de venta o las alternativas de compra en ese momento", explica la Federación de Consumidores y Usuarios (CECU).PublicidadEl ejemplo más conocido sigue siendo el de las aerolíneas, donde el precio de un mismo vuelo puede cambiar varias veces en un solo día conforme se venden plazas o se acerca la fecha de salida. Lo mismo sucede con plataformas como Uber, Bolt o Cabify, que incrementan automáticamente sus tarifas cuando llueve, se produce un concierto multitudinario o hay un pico de demanda, así como con hoteles y páginas de reservas como Booking, donde el coste de una habitación cambia constantemente en función de la ocupación prevista.La última gran incorporación a este modelo ha sido el Mundial de fútbol de 2026. Por primera vez, la FIFA ha asumido directamente la venta de las entradas y ha optado por un sistema de precios dinámicos. El resultado ha sido que las entradas para el campeonato que se juega en Estados Unidos, Canadá y México cuestan más del doble que las del anterior Mundial de Catar 2022, tras ajustar los precios por inflación, según un análisis de The Economist, y aproximadamente cuatro veces más que cuando EEUU albergó el torneo por última vez en 1994.Las mejores localidades para la final del 19 de julio llegaron a venderse por más de 32.000 dólares y, en el mercado oficial de reventa habilitado por la propia FIFA, algunas entradas han llegado a ofrecerse por encima de los 80.000 dólares. La polémica ha llegado hasta las fiscalías generales de Nueva York y Nueva Jersey, que han abierto una investigación para esclarecer por qué los precios de esta edición han superado con tanta diferencia a los de cualquier otro Mundial anterior y si han sido la aplicación de los precios dinámicos la consecuencia del incremento de precios de cerca de 90 de los 104 partidos del torneo, con subidas medias cercanas al 34%.