Una de las grandes tendencias en el mundo de la tecnología de consumo es que el usuario decida de cuántas prestaciones quiere disfrutar cuando adquiere un dispositivo, en función de si paga los servicios de suscripción correspondientes. Puede ocurrir con un coche, que ofrece determinadas prestaciones si el dueño se abona a una cuota mensual. Una conocida marca alemana le puso un precio mensual incluso a los asientos calefactables del coche, una decisión que corrigió ante la indignación de los propietarios de los vehículos, pero ha mantenido otras funciones bloqueadas detrás de un pago.Mark Zuckerberg con uno de los modelos de las gafas de Meta Carlos Barria / ReutersLa última en caer en la moda de la suscripción de funciones ha sido Meta con sus gafas inteligentes. La compañía de Mark Zuckerberg ha creado una cuota mensual para funciones como Conversation Focus, que amplifica la voz de la persona con la que habla el usuario para que pueda oírla mejor en un entorno ruidoso. La suscripción tiene un punto abusivo, porque toda la función se ejecuta en las gafas, sin conexión con servidores externos de Meta. Ni siquiera necesita conectarse a internet, pero si el usuario no paga, sólo podrá usar la función tres horas al mes.La gran tendencia son las suscripciones para desbloquear cosas por las que ya has pagadoEl dispositivo es de la persona que lo ha adquirido. En el momento en el que lo ha pagado, lo que haga con el aparato es cosa suya. Debería poder usarlo plenamente, pero la empresa que lo ha creado veta una parte de sus funciones y las libera a medida que se paga un rescate. No me atrevería a llamarlo mordida o estafa, pero que cada cual juzgue cómo calificar esta práctica.Para que las cosas no parezcan lo que son, los genios del marketing han encontrado un término que disfraza esta costumbre cada vez más extendida. Lo llaman suscripción, aunque pervierte el significado de esta palabra. Se supone que cuando alguien se abona a un servicio es para que le suministren cosas que no tiene. No lo que ya es suyo.Pagar por algo que ya has comprado por completo es una de esas incongruencias de estos extraños tiempos. Si la tendencia evoluciona, podemos acabar teniendo secuestradas numerosas funciones de nuestros aparatos.Igual estoy proporcionando ideas perversas a algunos fabricantes, pero imaginemos un televisor en el que hay que pagar para que el sonido, el color, el brillo o el contraste sean óptimos. O que, a partir de determinado número de horas de funcionamiento al mes, se ponga en blanco y negro si uno no paga la suscripción correspondiente.Llevado a otros aparatos, repasemos cuántos dispositivos tecnológicos utilizamos a lo largo del día e imaginemos todos los conceptos por los que podríamos ponerles suscripciones.La Comisión Europea, que tanto vigila lo que hacen algunas compañías, podría poner el foco en estas situaciones antes de que absolutamente todo lo que tenemos funcione por suscripciones.Licenciado en Periodismo por la UAB. Redactor de La Vanguardia desde 1996. Ha cubierto las áreas de Política, Deportes y Comunicación. Especializado en tecnología. Autor del libro 'Bicicletas para la mente' (Península)