Tip@s de inter�sEl jefe de Estado de M�naco impulsa desde hace 20 a�os una fundaci�n centrada en la regeneraci�n de los oc�anos y la biodiversidad: "El coste de la inacci�n ser� m�s alto"Actualizado Domingo,
julio
00:10Hay entrevistados que necesitan poca presentaci�n y aunque Alberto II de M�naco (M�naco, 1958) es uno de ellos, vamos a intentarlo. Hijo de Rainiero de M�naco y de Grace Kelly, es el pr�ncipe soberano de M�naco desde 2005, cuando sucedi� a su padre. Su nombre completo es Alberto Alejandro Luis Pedro Grimaldi, es el hermano mediano, entre Carolina y Estefan�a, y su madrina de bautismo fue la reina Victoria Eugenia. Est� casado con Charlene Wittstock, hoy princesa Charlene de M�naco, con la que tiene dos hijos. Hasta aqu�, nadie sorprendido. Sin embargo y pese a ser uno de los jefes de estado m�s conocidos del mundo, poca gente sabe que Alberto de M�naco tiene otra ocupaci�n.Impulsa desde hace 20 a�os una Fundaci�n que lleva su nombre y que ha movilizado m�s de 122 millones de euros para financiar unos 830 proyectos en cerca de un centenar de pa�ses. Ha convertido as� a la peque�a monarqu�a mediterr�nea en un actor de referencia en la financiaci�n de iniciativas relacionadas con los oc�anos, la biodiversidad, el clima o los recursos h�dricos y su actividad sirve como catalizador para atraer capital privado hacia la econom�a azul y demostrar que la restauraci�n del capital natural es tambi�n una oportunidad de negocio. "Tenemos que dejar de enfrentar beneficio econ�mico y protecci�n de la naturaleza", sostiene. "El coste de la inacci�n ser� mucho mayor que el de actuar ahora".Espa�a ocupa un lugar destacado en la estrategia de esta Fundaci�n y hace justo 10 a�os abri� aqu� una delegaci�n que lidera Carol Portabella. Alberto de M�naco ha visitado Madrid con motivo de esta efem�ride que, adem�s, coincide con el 150 aniversario de las relaciones diplom�ticas entre el Principado y nuestro pa�s. Fue recibido en Zarzuela por los Reyes, Felipe y Letizia, y atiende horas despu�s a Actualidad Econ�mica en el hotel en el que se aloja en la capital espa�ola.�Cu�l cree que ha sido el mayor retorno social y ambiental de la inversi�n que ha movilizado su fundaci�n en estos 20 a�os?Al reflexionar sobre estos �ltimos veinte a�os, creo que el mayor logro de la Fundaci�n no es necesariamente uno u otro proyecto concreto. Ha habido iniciativas extraordinarias relacionadas con los oc�anos, los bosques, la biodiversidad o la lucha contra la contaminaci�n. Pienso, por ejemplo, en Beyond Med, centrado en combatir los pl�sticos en el Mediterr�neo, o en los proyectos desarrollados en las regiones polares. Sin embargo, el principal �xito de la Fundaci�n ha sido su capacidad para generar un efecto multiplicador.�A qu� se refiere?Hemos conseguido atraer atenci�n hacia problemas que durante mucho tiempo permanecieron en segundo plano y convertirnos, junto con nuestros socios y otras organizaciones, en una aut�ntica plataforma internacional de acci�n para los oc�anos, la biodiversidad, el clima y tambi�n los recursos h�dricos, un �mbito del que a menudo se habla menos, pero que es igualmente esencial.�Qu� huella est�n dejando?Hemos apoyado m�s de 800 proyectos en casi un centenar de pa�ses, reuniendo a cient�ficos, ONG, responsables pol�ticos, fil�ntropos y empresas. Y hemos contribuido a ampliar soluciones que, de otro modo, habr�an permanecido aisladas.�De qu� est� m�s orgulloso?Me siento especialmente orgulloso de que la Fundaci�n haya ayudado a crear un verdadero sentido de acci�n colectiva. La filantrop�a ambiental puede actuar como catalizador. Proporciona financiaci�n, por supuesto, pero sobre todo conecta a las personas, aporta credibilidad, acelera iniciativas e inspira a actuar.Hace falta darle impulso a esa acci�n colectiva, �no?Llevamos a�os defendiendo una idea muy simple: nadie puede resolver estos desaf�os por s� solo. Cient�ficos, sociedad civil, empresas y responsables pol�ticos deben trabajar juntos para encontrar soluciones para nuestro planeta y su futuro.�Qu� papel tiene el sector privado?Implicamos al sector privado, ayudando a movilizar inversi�n y demostrando que el coste de la inacci�n ser� mucho mayor que el coste de actuar ahora. Existen soluciones y debemos escalarlas. Requieren inversiones importantes al principio, pero estoy convencido de que recogeremos sus beneficios en el futuro.No es habitual que un jefe de Estado impulse personalmente una fundaci�n ambiental. �Qu� le llev� a dar ese paso?Soy consciente de que no es algo frecuente, pero responde a dos razones muy claras.�Cu�les?La primera tiene que ver con mi legado familiar. Mis antepasados mantuvieron siempre una relaci�n muy estrecha con la naturaleza. Mi tatarabuelo, el pr�ncipe Alberto I, fue un pionero de la oceanograf�a y lider� numerosas expediciones cient�ficas. Su inter�s iba mucho m�s all� del mar; apoy� investigaciones sobre los or�genes de la humanidad y financi� numerosos trabajos cient�ficos, tambi�n en Espa�a. Mi padre, por su parte, impuls� diversas iniciativas relacionadas con la protecci�n del Mediterr�neo. Por tanto, existe una continuidad hist�rica.�Y la segunda?La segunda raz�n es la urgencia. Sent� que era necesario hacer m�s. M�naco ya desarrollaba numerosas iniciativas a trav�s de distintas instituciones, pero yo quer�a acelerar determinadas acciones y responder a desaf�os que se estaban volviendo cada vez m�s apremiantes.�C�mo se sensibiliz� de esa urgencia?Durante mis viajes observ� la creciente presi�n sobre los ecosistemas terrestres y marinos. Comprend� que, si no actu�bamos para frenar el deterioro del mundo natural, estar�amos comprometiendo las condiciones que hacen posible nuestro propio futuro. Estoy muy orgulloso de lo que hemos conseguido como una fundaci�n relativamente peque�a en comparaci�n con otras organizaciones internacionales. Hemos encontrado socios adecuados y construido alianzas s�lidas. Adem�s, hemos contribuido a reducir la distancia que exist�a entre el mundo empresarial, la filantrop�a y las soluciones ambientales.�Qu� clich� ha derribado?Hemos intentado demostrar algo fundamental: si se invierte en soluciones basadas en la naturaleza tambi�n se puede generar rentabilidad. Tenemos que dejar de enfrentar beneficio econ�mico y protecci�n del medio ambiente. Las soluciones existen y tiene sentido econ�mico proteger la naturaleza.Hist�ricamente, la sostenibilidad ha sido vista por muchas compa��as como un coste a�adido o como una cuesti�n reputacional. �C�mo ha evolucionado la visi�n de los l�deres empresariales?El cambio ha sido profundo. Hace dos d�cadas, el compromiso ambiental se percib�a a menudo como un gasto, un gesto simb�lico o una forma de filantrop�a. Hoy los l�deres econ�micos m�s avanzados entienden que la sostenibilidad forma parte de la estrategia empresarial. Es un elemento esencial para la resiliencia y para la competitividad.�De qu� modo se han convencido?El cambio clim�tico, la p�rdida de biodiversidad o la presi�n sobre los recursos naturales ya no son cuestiones abstractas. Afectan directamente a las cadenas de suministro, a las infraestructuras, a la seguridad alimentaria, a los costes energ�ticos y a la estabilidad social. Cada vez existe una mayor conciencia de que proteger la naturaleza significa proteger los fundamentos mismos de la actividad econ�mica.�Falta camino?S�. Eso no quiere decir que la transici�n est� completada. Sigue existiendo una distancia considerable entre los compromisos anunciados y los resultados reales. Pero la gran transformaci�n es que la sostenibilidad ha pasado de estar en los m�rgenes a ocupar un lugar central en los consejos de administraci�n. Ya no hablamos �nicamente de filantrop�a, sino de gobernanza, innovaci�n, gesti�n del riesgo y responsabilidad corporativa.Usted ha impulsado iniciativas como el Monaco Blue Initiative o el Blue Economy and Finance Forum para acercar el capital privado a la protecci�n de los oc�anos. �C�mo se convence al inversor de que es una oportunidad econ�mica?No se convence a los inversores apelando �nicamente a razones morales. Se les convence demostrando que no existe una econom�a resiliente sin un oc�ano saludable. El oc�ano sostiene sistemas alimentarios, transporte mar�timo, infraestructuras costeras, turismo, regulaci�n clim�tica y numerosas cadenas globales de valor. Su protecci�n es una condici�n necesaria para generar valor a largo plazo. El Blue Economy and Finance Forum nace precisamente con ese objetivo: conectar las cuestiones de gobernanza con emprendedores, inversores y capital. La experiencia de nuestro ReOcean Fund confirma esta visi�n. Estamos encontrando oportunidades muy interesantes en �mbitos como la reducci�n de la contaminaci�n marina, la transformaci�n de la acuicultura y los alimentos procedentes del mar, la descarbonizaci�n del transporte mar�timo, la restauraci�n de ecosistemas marinos y la mejora de los sistemas de datos oce�nicos. Son sectores donde la necesidad ambiental y la demanda del mercado convergen de forma cada vez m�s evidente.Cada a�o moviliza a cient�ficos, emprendedores o deportistas en sus grupos de Re.Generation. �Por qu� cree que es importante implicar a segmentos tan dispares de la sociedad?Porque ante la emergencia ambiental necesitamos movilizar a todos los actores dispuestos a participar. No solo a instituciones, empresas o cient�ficos, sino tambi�n a asociaciones, ciudadanos y deportistas.�Qu� les aporta un deportista?Los atletas son referentes para millones de personas. Su compromiso puede convertirse en un poderoso instrumento de sensibilizaci�n. Adem�s, ellos mismos tienen inter�s en preservar el entorno en el que desarrollan su actividad: aire limpio, agua limpia y espacios naturales protegidos. Si queremos impulsar cambios reales debemos transmitir los mensajes adecuados a las audiencias adecuadas. Por eso el deporte es una herramienta tan poderosa. Representa valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo, el respeto a las reglas, la solidaridad y el respeto por el entorno natural. Muchos deportistas han asumido ya un papel activo en campa�as de concienciaci�n ambiental. Lo vemos tambi�n en la colaboraci�n entre mi Fundaci�n y la Fundaci�n Princesa Charlene de M�naco.�C�mo colaboran?La alianza que formalizamos recientemente combina deporte, educaci�n y protecci�n ambiental, especialmente en torno a la conservaci�n del Santuario Pelagos, una de las �reas m�s importantes del Mediterr�neo para la protecci�n de mam�feros marinos. Estoy muy orgulloso de esta colaboraci�n porque nos permite utilizar el deporte para llamar la atenci�n sobre una biodiversidad extraordinaria. Basta alejarse una hora de la costa de M�naco en determinadas �pocas del a�o para observar ballenas y delfines en libertad. Es una experiencia extraordinaria y un recordatorio de todo lo que a�n merece ser protegido.Mirando hacia los pr�ximos 20 a�os, �qu� debe cambiar para que el capitalismo sea realmente regenerativo?El principal problema es que seguimos definiendo la transici�n de forma demasiado limitada. El objetivo de emisiones netas cero es esencial, pero no puede ser nuestro destino final.�A qu� se refiere?Necesitamos construir una econom�a que no se limite a causar menos da�o, sino que contribuya activamente a restaurar los sistemas naturales de los que depende nuestra prosperidad. Hoy la restauraci�n sigue estando insuficientemente recompensada, mientras que la destrucci�n contin�a estando infravalorada. Mientras los mercados no asignen un valor adecuado al capital natural, los modelos regenerativos seguir�n siendo la excepci�n.�Ve desajuste entre los objetivos, los incentivos y lo que necesitamos?El verdadero desaf�o consiste en cambiar las reglas de creaci�n de valor. El Net Zero debe ser el suelo, no el techo. La ambici�n debe ser construir una econom�a clim�ticamente neutra, positiva para la naturaleza y capaz de restaurar las condiciones que hacen posible la vida.Impulsa herramientas como el Blue Economy Index. �No penalizan suficientemente los mercados a las empresas que no se adaptan a la transici�n ecol�gica?Los �ndices financieros tradicionales incorporan riesgos clim�ticos y criterios ESG, pero a�n no reflejan plenamente el coste de la inacci�n ecol�gica.�Qu� aporta entonces un �ndice como el Blue Economy Index?Ayuda a identificar a las empresas y sectores que est�n contribuyendo realmente a la transici�n, especialmente en �mbitos vinculados a la salud de los oc�anos, el uso sostenible de los recursos, el agua o la econom�a circular.�Acabar�n pagando un precio quien no se adapte?Con el tiempo afrontar�n una presi�n creciente a trav�s de la regulaci�n, los costes de los seguros o incluso la reputaci�n. La cuesti�n es si los mercados anticipar�n esta realidad con suficiente rapidez.�C�mo est� afectando la inestabilidad geopol�tica a esta causa?La inestabilidad geopol�tica no hace que la crisis clim�tica sea menos urgente, pero s� hace m�s dif�cil su ejecuci�n. Ya no nos enfrentamos a una falta de conocimiento cient�fico. Sabemos qu� est� en juego, conocemos los riesgos y, en muchos casos, conocemos tambi�n las soluciones.�D�nde est� el cuello de botella?El desaf�o consiste ahora en financiarlas e implementarlas a la velocidad y escala necesarias.�Qu� consecuencias tiene eso sobre los flujos de capital?En un contexto internacional fragmentado, el capital se vuelve m�s cauteloso. Como consecuencia, la financiaci�n tiende a dirigirse hacia tecnolog�as maduras, mercados menos arriesgados y proyectos con retornos m�s claros a corto plazo.�Y qu� deja fuera?Algunas de las necesidades m�s urgentes: adaptaci�n, protecci�n de la biodiversidad, conservaci�n de los oc�anos, resiliencia comunitaria y soluciones basadas en la naturaleza.�C�mo de importante cree que sigue siendo la filantrop�a?M�s que nunca. La filantrop�a suele ser m�s flexible y est� m�s dispuesta a actuar all� donde otros dudan. Puede apoyar acciones concretas sobre el terreno, mantener la continuidad de proyectos locales y financiar ciencia.Pero no basta.Evidentemente no. La filantrop�a no puede sustituir ni a la financiaci�n p�blica ni a la inversi�n privada. La magnitud del desaf�o es demasiado grande. Pero las crisis clim�tica y de biodiversidad no van a esperar a que la geopol�tica se estabilice.La celebraci�n del 20 aniversario de la Fundaci�n coincide con los 150 a�os de relaciones diplom�ticas entre M�naco y Espa�a. �Qu� papel desempe�a la delegaci�n espa�ola?Estoy particularmente orgulloso de la labor que desarrolla la delegaci�n espa�ola. Se ha convertido en un puente capaz de movilizar universidades, medios de comunicaci�n, j�venes l�deres, empresas y actores locales alrededor de desaf�os ambientales.�Qu� destacar�a de su actividad?Su capacidad para conectar �mbitos muy diferentes. Lo vemos en la colaboraci�n con instituciones acad�micas como IE University, en las exposiciones p�blicas de nuestros premios de fotograf�a ambiental o en iniciativas que fomentan la convivencia entre la biodiversidad y las actividades humanas.�Tiene tambi�n una dimensi�n diplom�tica?Sin duda. En un momento en el que celebramos simult�neamente los veinte a�os de la Fundaci�n y los 150 a�os de presencia diplom�tica de M�naco en Espa�a, demuestra c�mo la acci�n ambiental puede convertirse en una herramienta de di�logo y cooperaci�n en el Mediterr�neo.La Fundaci�n impulsa proyectos como A Blue New Deal for the Balearic Sea, que combinan conservaci�n marina y turismo sostenible. �C�mo pueden los grandes destinos tur�sticos seguir siendo competitivos sin degradar activos naturales?En lugares como Baleares, el mar no es simplemente un paisaje. Es la base misma de la econom�a local.�Qu� implica eso?Que el agua limpia, los ecosistemas saludables, la biodiversidad y las costas preservadas son elementos esenciales para la calidad de la experiencia tur�stica.�Turismo y conservaci�n no son incompatibles?Al contrario. Debemos demostrar que la protecci�n marina y la econom�a local pueden reforzarse mutuamente. Eso exige una mejor gesti�n de la presi�n costera, de los residuos, una pesca sostenible y �reas marinas realmente eficaces.�Qui�n ser� m�s competitivo en el futuro?En el Mediterr�neo y tambi�n a escala global, los destinos m�s competitivos ser�n aquellos capaces de preservar y regenerar su capital natural.�Puede el Mediterr�neo convertirse en el gran laboratorio europeo de la econom�a azul?El Mediterr�neo concentra muchos de los desaf�os de nuestro tiempo. Es una de las regiones marinas m�s presionadas del mundo, con un intenso tr�fico mar�timo, turismo, pesca, actividad portuaria y desarrollo costero.Y precisamente por eso...Precisamente por eso es el laboratorio perfecto. Si somos capaces de desarrollar soluciones eficaces en un entorno tan complejo, podremos replicarlas pr�cticamente en cualquier lugar del mundo.A trav�s de Re.Generation trabaja con j�venes emprendedores y activistas de todo el mundo. �Qu� ve en ellos que no encontraba en generaciones anteriores?Lo que m�s me impresiona es la sinceridad de su compromiso.�Qu� los hace diferentes?Entienden que el clima, la biodiversidad, el desarrollo econ�mico y la justicia social est�n profundamente conectados. Son capaces de trabajar con cient�ficos, empresarios, ONG, inversores, administraciones p�blicas y comunidades locales.�Tambi�n cambia su forma de liderar?S�. Su liderazgo es menos vertical y mucho m�s colaborativo. Quieren construir coaliciones.�Y en el plano econ�mico?Quiz� ah� est� la mayor diferencia. No quieren simplemente reducir el da�o. Quieren regenerar.�Qu� significa eso?Entienden que la econom�a debe operar dentro de los l�mites planetarios y que la prosperidad a largo plazo depende de restaurar ecosistemas, fortalecer comunidades y reconstruir una relaci�n m�s saludable entre la humanidad y la naturaleza.







