Actualizado Domingo,
julio
03:23Hay libros que nos pueden desviar del breve y mal camino que hay del prejuicio a la posverdad. Cuando en 2020 la francesa Fatima Daas public� La hija peque�a, su primera novela, no solo lo hizo para relatar sus experiencias como lesbiana y musulmana, sino para buscar la comprensi�n de una sociedad que, si rara vez mira hacia los suburbios de Par�s, menos todav�a va a comprender la angustia de la hija de inmigrantes argelinos que se debate entre sus creencias y sus sentimientos."Cuando me invitaban a alg�n sitio a hablar sobre La hija peque�a se me planteaban m�s cuestiones teol�gicas que literarias. Siempre me hac�an la pregunta de c�mo pod�a ser una persona LGTBI y musulmana si la homosexualidad es pecado en el islam", cuenta Fatima Daas (Saint-Germain-en-Laye, 1995). "Pero, por otra parte, mi libro tuvo un impacto muy positivo, en especial para las personas que se han sentido representadas con mi historia".Seis a�os despu�s del �xito de su �pera prima autobiogr�fica, Daas se adentra en la ficci�n conJugar el juego (Cabaret Voltaire) y nos pone en la piel de Kayden, una adolescente de familia inmigrante que afronta las dudas t�picas de la edad sobre su orientaci�n sexual, sus sentimientos o su futuro profesional. Afortunadamente, lo hace en la Francia de hoy. "Ten�a ganas de escribir algo m�s dulce, tierno y alegre. Quise reflejar el cambio generacional. La violencia contra el colectivo sigue existiendo, pero los temas que en mi �poca eran tab�, como las cuestiones de g�nero, ahora est�n fuera del armario".Para hacer este retrato de la juventud actual, Daas ha mirado al presente y al pasado. "Me bas� en mis recuerdos de la infancia y la adolescencia: mis sentimientos, mi relaci�n con mi cuerpo, mi primera regla y c�mo limit� mi libertad o mi forma de vestir el empezar a ser percibida como una chica", describe. "Tambi�n estuve en contacto con adolescentes a trav�s de mi trabajo en institutos, en talleres literarios y otras actividades. Eso me permiti� conocer mejor a los j�venes de hoy y saber c�mo se relacionan con el amor y la familia".Para saber m�sSu protagonista vive entre dos mundos: uno, el instituto, con su competitividad extrema y la promesa de un futuro pr�spero solo para los mejores; otro, el barrio donde ha crecido junto a su familia, del que la sociedad y su propio sistema educativo le dicen que debe aspirar a huir, aunque all� est� todo lo que ella ama y no puede dejar de amar.De hecho, al igual que deja patente la gran evoluci�n que ha experimentado su pa�s en cuanto a cuestiones de g�nero o sexualidad, su novela tambi�n refleja c�mo se ha recrudecido la situaci�n de las clases sociales m�s desfavorecidas. Algo que durante esta �ltima d�cada ha truncado a�n m�s las oportunidades de los estudiantes de familias de bajos recursos. "La situaci�n es crecientemente complicada en Francia y el sistema escolar supuestamente meritocr�tico en el que nos quieren hacer creer est� cada vez m�s influido por las desigualdades sociales, que son estructurales y herencia del sistema colonial", opina."La violencia contra el colectivo sigue existiendo, pero los temas que en mi �poca eran tab�, como las cuestiones de g�nero, ahora est�n fuera del armario""El sistema de cuotas que permite a algunas de estas minor�as llegar a determinados lugares no cambia la estructura que dice que viene a cambiar", prosigue. "En Francia se hace el postulado de que todos somos iguales sin hacernos la pregunta de qu� es lo que cambia de una familia a otra. �Qu� pasa si nuestros padres no tienen estudios y no nos pueden ayudar con los deberes? �O si no tienen dinero para llevarnos a museos o comprar libros? No tenemos las mismas oportunidades de base desde que nacemos y el sistema de cuotas busca camuflar eso, dar un golpe de pintura y decir que todo est� arreglado".Fatima Daas se cri� en Clichy-sous-Bois, un municipio en el extrarradio de Par�s con gran presencia de familias inmigrantes, en especial de origen magreb�. Sabe lo que es sentirse fuera de la cultura propia y de la ajena. Por esa raz�n, busca nexos a trav�s de la literatura. Una literatura que, por su propia concepci�n de universalidad y trascendencia, deber�a huir de los nichos. "Aunque se intente clasificar este tipo de libros como de banlieue o LGTBI, autores como yo escribimos para cualquier persona que sea sensible a lo que estamos contando, no solo para los que se nos parecen. Sobre todo, porque nosotros hemos crecido con historias de hombres blancos heterosexuales y nos han gustado, hemos disfrutado con ellas", apunta.Pero Daas sabe que la sociedad prefiere opinar en lugar de leer cuando se trata de temas que generan debate, y m�s en una sociedad poco dada a matizar. "Cuando publiqu� La hija peque�a pagu� el precio de hablar sobre el islam en Francia y, adem�s, mezclarlo con la homosexualidad. Pero yo no quiero renunciar ni a mi amor por Dios ni a la homosexualidad", aclara. "Mi historia ven�a a romper el relato en el que, si una persona como yo es homosexual, acaba apart�ndose de su familia y abandonando el islam. He tenido que explicar una y otra vez que yo no he roto con mi familia ni me he ido del barrio. Tampoco soy ese tipo de chica que huye del entorno del que viene para pertenecer a otro burgu�s y blanco"."El sistema de cuotas busca camuflar las desigualdades, dar un golpe de pintura y decir que todo est� arreglado"Lo que s� ha admitido Daas en numerosas ocasiones es que su madre no ha le�do su primer libro, porque hay detalles de su vida privada que no ha querido conocer. "Nada ha cambiado a este respecto y est� bien as�", apunta. "Es una manera de mantener mi jard�n secreto sin que ella sepa necesariamente c�mo es. Creo que eso incluso me ha dado m�s libertad que a otras personas, porque no he esperado a que mi madre me diga: 'Me parece bien que seas lesbiana'. Mi madre simplemente est� ah� y s� que puedo acudir a ella cuando la necesite".






