"Te he estado observando atentamente en los �ltimos d�as", me dijo El Carnicero de Mondrag�n. "Cre�a que eras una txakurra (perra), una polic�a", agreg�. Durante dos semanas, el jefe de fotograf�a del peri�dico Carlos Garc�a y yo, seguimos la pista a Zabarte y a una veintena de etarras. Escrut� los buzones col�ndome en las porter�as de la calle donde pensaba que viv�a, pregunt�, localic� a su hermana que siempre me dec�a que no estaba en casa mientras �l segu�a nuestros movimientos por la ventana. Ten�a 70 a�os y acababa de salir de prisi�n antes de tiempo, como los otros, gracias a la anulaci�n de la Doctrina Parot por parte de los tribunales europeos. Hac�a tres a�os del fin definitivo anunciado por la organizaci�n terrorista y nos pregunt�bamos c�mo estaban a su regreso los etarras. Si se sent�an gudaris, juguetes rotos o marionetas letales derrotadas despu�s de no haber podido abatir al Estado y de haberse visto infiltradas por las Fuerzas de Seguridad hasta extremos humillantes.Al final di con �l en la Casa del Pueblo de Mondrag�n. Esper� durante horas a que saliera en la plaza desde la que se ve�an los montes en los que los etarras mantuvieron enterrado 532 d�as a Jos� Antonio Ortega Lara. Accedi� a verme. No me permit� sentir repulsi�n. Al fin y al cabo, a esas alturas ya llevaba m�s de 20 a�os relatando el terror de ETA y sus entresijos y ese trabajo no hubiese sido posible si no hubiese mantenido cierto distanciamiento. Mi preocupaci�n era hacer las preguntas correctas para describirle tal como era y encontrar respuestas a planteamientos que nunca antes le hab�an sido realizados a un terrorista en esas circunstancias, a un asesino con 17 muertos y casi 700 a�os de condena que fue amnistiado por la democracia pero que prefiri� seguir matando. El lugar estaba en penumbra. Me identifiqu� con mi nombre y como periodista de EL MUNDO.Cuando sali� de aquel local estrecho en el que ya no quedaba nadie, hab�a decidido hablar, para disgusto de un amigo, militante en Sortu, que le hac�a la vida m�s f�cil tras sus 29 a�os en prisi�n y que pretend�a impedirlo. "Aqu� pone que es una experta en terrorismo, que es una simpatizante policial...", le iba advirtiendo a gritos por la calle su mientras consultaba la pantalla del tel�fono. "D�jame hacer mi trabajo", le espet�, "yo le explicar� qui�n soy".M�s tarde puse sobre su mesa parte de mi curr�culo: "S�, tuve que llevar escolta durante diez a�os porque me quisisteis matar, vigilasteis mi casa y mi puesto de trabajo pistola en mano en Madrid, recabasteis informaci�n sobre el lugar donde mi familia viv�a, me dedicasteis el Zutabe105 y recib� cartas de amenaza, despu�s, en Bilbao con vuestro remite". "Eso no puede ser", me dijo con una seriedad que parec�a sincera, "nosotros no mat�bamos por trabajar". No me pareci� que carcajearme con sarcasmo fuese una respuesta adecuada despu�s de los casi mil muertos y del inmenso dolor que hab�an dejado a su paso.Eligi� para hablar un peque�o bar donde hab�a varios etarras polimilis. Se saludaron con una camarader�a que hubiese resultado impensable en el pasado cuando estaban enfrentados a muerte literalmente. Ante ese p�blico, quiso exhibir un mayor desinter�s. Le hice una mala entrevista. El partido de Arnaldo Otegi m�s adelante quiso hacerle pasar por un descerebrado que se merec�a sus burlas condescendientes, pero Zabarte era lo suficientemente h�bil como para esquivar las preguntas aferr�ndose a la historia de ETA. La cuarta, la quinta, la s�ptima asamblea... sac� a pasear todo el farragoso corpus ideol�gico de la organizaci�n con la eficiencia propia de quien hab�a tenido tiempo suficiente en la c�rcel como para aprenderse al detalle las consignas de la banda terrorista cuyo prop�sito era justificar su propia deriva y la de sus miembros.Recog� mis b�rtulos consciente de que publicar aquella conversaci�n iba a ser una exclusiva pero tambi�n un desastre, una pura apolog�a del terrorismo. Le ped� el tel�fono por si se me ocurr�a el modo de darle la vuelta. Zabarte paseaba cierta coqueter�a e iba sobrado. Probablemente le perdi� el alto concepto que ten�a de s� mismo. "�Y tu fot�grafo?", pregunt�.Haber mantenido a Carlos a distancia para no espantar al objetivo hab�a sido el otro error grav�simo aquella tarde. Carlos me lo afe� con raz�n y con mucho menos enfado del que hubiera merecido apenas sub� a su coche. Carlos siempre ha hecho que mi trabajo sea mejor y en esas semanas de b�squeda de terroristas su consejo fue muy importante. Llam� a Zabarte para intentar embridar aquella situaci�n. "Creo que tienes raz�n", le dije, "te hace falta una fotograf�a. �Cu�ndo quedamos para hacerla?". D�as despu�s, el terrorista hab�a elegido el lugar para la sesi�n de fotos y para acabar la conversaci�n. Quiso posar en unas escaleras de pasamanos anchos de piedra con las banderas espa�ola y francesa pintadas en ellos, tachadas y como simulando sendos ata�des. Los parroquianos eran amigos. De su oreja colgaba un pendiente con una serpiente, el s�mbolo de ETA. En ese preciso instante, El Carnicero de Mondrag�n pas� a ser un problema para Sortu -que trataba de que no se cuestionasen las prebendas que hab�a conseguido en su negociaci�n con el Gobierno de Rodr�guez Zapatero, mantenidas por el de Mariano Rajoy, porque se neg� a disimular y respondi� a las cosas tal y como las pensaba. Expuso su manual de etarra que no cerraba la puerta a que ETA volviera a matar mientras destilaba un estudiado desprecio por sus v�ctimas."�Qu� distingue a una persona que ha matado a 17 personas de un asesino en serie?", pregunt�"Yo no he asesinado a nadie, yo he ejecutado. Matar para mi es: nos enfrentamos a hostias y �ste cae y muere; ah�, yo no quer�a ni ten�a intenci�n. Asesinar es cuando t� buscas lucro personal. Y cuando ejecutas es cuando lejos de obtener un lucro personal, encima, vas a tener que pagar con la c�rcel o con lo que sea. Por tanto, yo no he asesinado a nadie. Y un asesino en serie ser� alg�n psic�pata", respondi�. Y ya no pudo refrenarse."No creo en el arrepentimiento. No tengo ning�n reparo en reconocer el da�o causado pero que el enemigo, que nos empuj� a la lucha armada, reconozca sus hechos" �Si me preguntas: �lo hac�as por hacer da�o? Yo te digo: s�. T� dices que ETA es una banda terrorista yo creo que el Estado es el terrorista�. �No reconozco que someti�ramos a la sociedad al terror. Que estuviera en contra s�, pero sometida al terror, no. �En serio? Desde luego, a los euskaldunes, no". "�Para qu� ha servido? Para lo que ves hoy. Vete a �lava, a Navarra. Hay m�s pueblo, m�s consciente, m�s politizado�.El etarra, Jes�s Mari Zabarte, 'Carnicero de Mondrag�n' (2014), asesino de 17 personas, entre ellas el ni�o Jos� Mar�a Piris.CARLOS GARC�A POZOZabarte se minti� a si mismo varias veces. Y una de ellas fue al hablar de Jos� Mar�a Piris, el ni�o al que asesin� con una bomba. "Tendr�s que pregunt�rselo a quienes la colocaron", dijo. "Yo no tengo nada que ver", a�adi� imp�vido. Manuel Marraco, magn�fico periodista de Tribunales del peri�dico, escribi� entonces que Zabarte se aferraba a que �l no hab�a puesto materialmente la bomba destinada a un guardia civil pero que se desprendi� del veh�culo y estall� cuando Jos� Mar�a y su amigo Fernando la patearon mientras jugaban. Sin embargo, el tribunal le conden� por su participaci�n �directa, material y voluntaria� en el atentado porque fue �l quien capt� a los dos miembros del comando Iharri que pusieron el explosivo. �Indujo a la comisi�n del atentado, plane� y aport� los datos para que se pudiera llevar a cabo�. Minti� sin conmoverse.Se ufanaba de no haberse quedado nunca sin dormir por las pesadillas que pudieran causarle las personas a las que hab�a asesinado. Si se le hubieran aparecido sus fantasmas en prisi�n, bromeaba, pod�an haber matado el aburrimiento jugando una partida de cartas y tomando unas cervezas. Y no ser� yo quien modifique la imagen de crueldad extrema que quiso dejar especulando con que si minti� sobre el asesinato del ni�o Jos� Mar�a Piris fue porque algo, a lo que le resultaba dif�cil enfrentarse, le reconcom�a por dentro. Tambi�n minti� cuando atribuy� a "invenciones" el relato que le colocaba persiguiendo a una ambulancia para rematar al polic�a que hab�a resultado herido en uno de sus atentados.No le pregunt� por el momento de su detenci�n, que fue realmente embarazoso para �l.Una v�ctima del terrorismo se sinti� ofendida por el testimonio de Zabarte y llev� la entrevista a los tribunales. Me llam� la atenci�n que la entonces fiscal de la Audiencia Nacional, Dolores Delgado, fuera m�s all� que el abogado del terrorista al poner en duda la veracidad del relato. Deduje que la fiscal se encontraba en una posici�n dif�cil: no conven�a en aquel momento pol�tico que Zabarte regresase a prisi�n o fuese condenado por apolog�a y tampoco le conven�a desairar a las v�ctimas. De modo que decidi� cargar contra la periodista cuestionando incluso la ejecuci�n del texto. "No creo que estemos en posici�n de dar clase de g�neros period�sticos a �ngeles Escriv�", le replic� el juez, que despu�s pidi� y obtuvo la cinta con la grabaci�n. A la salida intent� averiguar hablando con la fiscal, futura ministra de Justicia y Fiscal General del Estado, el motivo de su desconcertante posici�n. Sin permitir explicaci�n alguna atribuy� la realizaci�n del reportaje al inter�s del ministro Fern�ndez D�az en que se realizara. La representante del Ministerio P�blico pas� por alto dos elementos: que el Gobierno de Rajoy estaba siguiendo a pies juntillas la senda marcada por el gobierno socialista anterior y jam�s quiso sabotear la negociaci�n de Zapatero, y que mis relaciones con el ministro del Interior del PP eran m�s que nefastas.Al morir Zabarte, he recibido decenas de mensajes con motivo de aquella entrevista. El de una v�ctima intelectualmente muy brillante, que vio c�mo los etarras asesinaban a su padre cuando �l ten�a 13 a�os, dec�a: "�Qu� tal le ir� a Satan�s con el nuevo?". "Estar� encantado", le respond�. "Es carne de su carne. Cobarde y malo". No me respondi�. Le conozco. Estoy segura de que nada le consuela.
La intrahistoria de la entrevista con 'El Carnicero de Mondrag�n', el asesino al que no le conmov�an los ni�os: "Te he estado observando, cre�a que eras una 'txakurra'..."
"Te he estado observando atentamente en los �ltimos d�as", me dijo El Carnicero de Mondrag�n. "Cre�a que eras una txakurra (perra), una polic�a", agreg�....












