Roger Serafín Rodríguez Vázquez —el hombre impasible que se sienta, desde el lunes, en el banquillo de los acusados en el juicio por la violación y muerte de la gerocultora, esposa y madre de dos chicos Elisa Abruñedo— “siente arrepentimiento, más que por el hecho que cometió, por la imagen que puedan tener su familia y sus allegados una vez conocido el crimen”. Así lo ha explicado, durante la cuarta sesión del juicio que comenzó el lunes en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de A Coruña, el médico del Instituto de Ciencias Forenses de León y Zamora que lo ha entrevistado en la cárcel. Roger Rodríguez le llegó a decir al especialista que, en los 10 años que pasaron hasta que la Guardia Civil dio con él (en un fino trabajo de seguimiento de líneas familiares a partir del ADN que obtuvieron del semen hallado en la víctima), había “olvidado prácticamente el tema”.
Este aficionado a la caza que después de una década fue cazado por la peculiaridad genética de ser pelirrojo “llevaba una vida ordenada, con actividad laboral y lúdica, integrado socialmente”. Las pruebas que le han hecho revelan que no tiene “ninguna alteración de la personalidad, ni patologías ni problemas que afecten a su memoria“. Ningún rasgo extraño, ha dicho el médico, más allá de ser un poco ansioso y ”perfeccionista”. ”No hay explicación psicopatológica a lo que hizo. Es una persona normal, que ha tenido una educación y ha pasado test psicotécnicos de conducción, de navegación, de caza”, ha abundado en la misma idea el forense.






