Con frecuencia, el debate público sobre salud gira alrededor de la falta de medicamentos, las largas filas o los hospitales saturados. 4 de julio, 2026 - 09h00Una emergencia médica no debería depender del código postal. Sin embargo, en Ecuador todavía ocurre. Cuando una persona sufre un infarto, un accidente de tránsito o una complicación obstétrica, el tiempo marca la diferencia entre la vida y la muerte. Pero antes incluso de que intervenga un médico existe otra variable silenciosa: la provincia donde ocurrió la emergencia. Esa es una desigualdad de la que poco se habla.Con frecuencia, el debate público sobre salud gira alrededor de la falta de medicamentos, las largas filas o los hospitales saturados. Todos son problemas reales. Pero existe una pregunta previa que rara vez aparece en la discusión: ¿están distribuidos los hospitales donde realmente los necesita la población? La respuesta es inquietante.Los datos muestran que Ecuador dispone de apenas 1,32 camas hospitalarias por cada mil habitantes (INEC, 2025). Pero el verdadero problema no es únicamente la escasez. Es dónde están esas camas y, sobre todo, dónde no están. ¿Por qué importa? Porque las posibilidades de recibir atención hospitalaria cambian según el territorio donde ocurre una emergencia. Mientras provincias como Tungurahua cuentan con 1,72 camas por cada mil habitantes, Pichincha alcanza 1,67, y Loja, 1,60; otras enfrentan una realidad muy distinta. Esmeraldas dispone de 0,93, Bolívar de 0,92 y Orellana apenas de 0,64 camas por cada mil habitantes, menos de la mitad de las provincias con mejor disponibilidad.PublicidadLa desigualdad también rompe algunos mitos. Podría pensarse que las provincias con los hospitales más grandes tienen resuelta esta situación, pero ocurre lo contrario. Guayas concentra el mayor número absoluto de camas del país y, aun así, cuando se consideran sus más de cuatro millones de habitantes, dispone de apenas 1,23 camas por cada mil habitantes. Esa realidad ayuda a explicar por qué sus hospitales viven al límite. Pero la desigualdad no se queda en las estadísticas. Cuando un hospital no dispone de capacidad suficiente, aumentan las listas de espera, se retrasan las cirugías y los pacientes permanecen durante horas o incluso días en las áreas de emergencia esperando una cama. Muchas familias deben trasladarse a otras ciudades para continuar el tratamiento de un ser querido. Y así la desigualdad territorial termina convirtiéndose en desigualdad económica.¿Cómo llegamos hasta aquí? Durante décadas, la infraestructura hospitalaria ha crecido respondiendo más a decisiones administrativas, disponibilidad presupuestaria o dinámicas históricas, más que a criterios de equidad territorial y necesidades reales de la población. Como resultado, algunas provincias concentran una mayor capacidad instalada mientras otras dependen de derivaciones constantes hacia hospitales ubicados a cientos de kilómetros. Desde la salud pública, esto representa mucho más que una diferencia estadística. Significa que el acceso efectivo a la atención especializada continúa condicionado por el territorio. PublicidadPublicidadLa solución no pasa únicamente por construir más hospitales. Pasa por planificar mejor. Planificar mejor significa decidir dónde hace más falta invertir antes que dónde resulta más sencillo hacerlo. Significa considerar cuántas personas viven en cada territorio, cuánto tarda una ambulancia en llegar, qué enfermedades predominan y qué capacidad tiene cada territorio para responder. ¿Están, entonces, distribuidos los hospitales donde realmente los necesita la población? La evidencia indica que todavía no.Mientras la capacidad hospitalaria continúe distribuyéndose de forma desigual, miles de ecuatorianos seguirán enfrentando una realidad profundamente injusta: que las posibilidades de recibir atención dependan, en parte, del territorio donde ocurre una emergencia. Porque una emergencia médica puede ser inevitable. Lo que nunca debería serlo es que las oportunidades de recibir atención cambien según el lugar donde una persona vive o donde la enfermedad la sorprende. La próxima vez que una ambulancia salga a un hospital, la diferencia debería depender solo de la gravedad del paciente y de la capacidad del sistema para responder. Nunca del código postal. (O)Ronald Jonathan Cañarte Sigüencia, médico y magíster en Salud Pública, GuayaquilPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?
Cuando el código postal decide una emergencia
Con frecuencia, el debate público sobre salud gira alrededor de la falta de medicamentos, las largas filas o los hospitales saturados.










