Donald Trump podrá exhibirse ufano este 4 de julio en los actos de celebración del 250 aniversario de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos. El mitin organizado en el National Mall de Washington entorno a su figura será su momento de gloria, la ocasión para alardear de que América vuelve a ser grande de nuevo, a pesar de que la guerra desatada en Oriente Próximo haya dejado a Irán más fortalecido que antes y de que EE UU haya perdido fiabilidad como socio comercial y político en el mundo. La liga que juega Trump es otra y, al menos en lo que respecta al mundo de la inversión, el momento le acompaña. Pese a haber puesto patas arriba los mercados financieros globales en 2025 con su guerra de aranceles, el capital internacional se entrega a las grandes compañías estadounidenses de inteligencia artificial y el dólar recupera terreno. Las políticas de Trump, que se habían convertido en amenaza para el aparentemente intocable excepcionalismo americano, no están alterando el apetito inversor por EE UU y la amplia diversificación de la inversión global más allá de Wall Street que iba a ser la consigna para este año se ha enfriado. Tras la guerra en Irán y el coste para el bolsillo de los ciudadanos —con más inflación y energía más cara— y las constantes sacudidas al mercado con sus declaraciones en su red social, Trump llega al Día de la Independencia —el genuino, no el de los aranceles— con una economía que ha demostrado su fortaleza y una resistencia mayor que la del resto de economías occidentales y una Bolsa cerca de máximos que disfruta del poder de atracción que ejercen sus valores tecnológicos. El excepcionalismo americano está muy vivo y el país se ha reforzado como potencia energética mundial, aunque EE UU también afronte riesgos crecientes en los que de momento el mercado no repara, como la elevada concentración de sus índices bursátiles en un puñado de gigantes tecnológicos o el creciente déficit público que siempre vigilan los inversores en bonos soberanos. La declaración de independencia comercial que anunció Trump en abril de 2025 con su andanada de aranceles pareció por momentos marcar un punto de inflexión en el dominio estadounidense en el mundo de la inversión. Se empezó a poner en cuestión el excepcionalismo americano, la consigna por la que EE UU es un destino único y sin rival para la inversión gracias a su capacidad de innovación y crecimiento. Los aranceles iban a mermar los beneficios empresariales, a restar crecimiento y atraer más déficit e inflación, el dólar se debilitó y se extendió la idea de que, tras años de incesante rally en Wall Street y de apuesta continua por la Bolsa estadounidense, era el momento de mirar más allá y de rebajar exposición a sus activos. La realidad fue que la economía y los beneficios empresariales resistieron mejor de lo esperado, gracias también a que los aranceles no fueron tan agresivos como lo planteado en principio y a que la Fed bajó los tipos de interés. Este año, que quedará como el de la guerra de EE UU e Israel contra Irán y el del cierre del estrecho de Ormuz, los activos estadounidenses vuelven a recuperar brillo en medio del caos geopolítico liderado por Trump. El dólar sube a máximos del último año y el PIB estadounidense crece a un ritmo superior al 2%. Se espera que en 2026 supere al resto de economías del G7, con un alza del 2,3% según estima el FMI. El banco estadounidense Citi destaca en un informe publicado este mes las sólidas cifras de empleo —se crearon 172.000 empleos en mayo y el paro se mantuvo en el 4,3%— y los índices PMI manufactureros. “El impulso de los datos económicos de EE UU se está acelerando rápidamente, divergiendo notablemente de otros mercados desarrollados. Esta divergencia podría indicar el regreso de un régimen macroeconómico de excepcionalismo estadounidense”, aseguran sus analistas. El tirón de la Bolsa estadounidense y la fiebre inversora por la inteligencia artificial son un claro ejemplo de ese regreso, mientras que la apuesta por la Bolsa europea —promesa para este año y que en 2025 logró batir por fin a Wall Street— se debilita. “Podemos comprender a quienes buscan una subida continuada del S&P 500 como expresión del excepcionalismo estadounidense”, añade Citi. Nabil Milali, gestor de multiactivos en Edmond de Rothschild AM, defiende que la guerra en Irán ha sido detonante para el resurgimiento de ese excepcionalismo. “Estados Unidos no solo mantuvo una posición de fuerza frente a otros países gracias a su condición de primer productor global de energía, sino que además se ha convertido en el principal beneficiario del fuerte impulso de la IA, que ha sido el motor del rally bursátil desde finales de marzo”, explica a este diario. “Esta tendencia se reflejará más en la sobrerrentabilidad de los índices estadounidenses que en la fortaleza del dólar”, defiende Milali. Así, gran parte de la apreciación del dólar ha ido de la mano en los últimos meses del encarecimiento del petróleo, al ser la divisa en que se paga esta materia prima, si bien el dominio del billete verde como divisa de referencia global no ha llegado en ningún momento a ponerse en duda. De hecho, y pese al caos geopolítico sembrado por Trump, el dólar no se ha dejado ganar terreno en el sistema financiero internacional. Además, el alza del dólar encuentra ahora como sostén la expectativa de subidas de tipos por parte de la Reserva Federal. Trump ya tiene a alguien de su agrado al frente del banco central más poderoso del mundo, aunque el mensaje de Kevin Warsh en su primera comparecencia anticipe un alza antes de fin de año.La economía de EE UU está resistiendo mejor al impacto de la guerra de Irán gracias sin duda a su condición de potencia productora y exportadora de petróleo, aunque el conflicto deje también un reguero de más inflación y una profunda inestabilidad en Oriente Próximo que será difícil reconducir y que en absoluto responde al plan rápido y sencillo con el que Trump y Netanyahu calcularon, erróneamente, iba a caer Irán. Aun así, esta guerra ha servido para poner de nuevo a EE UU en el primer plano del apetito inversor, como señala Lee Hardman, economista sénior de divisas en MUFG. “El excepcionalismo estadounidense ha vuelto a captar la atención del mercado en los últimos meses, impulsado por la mejor evolución relativa de los valores tecnológicos de EE UU y la resistencia de la economía estadounidense al impacto del alza de los precios energéticos. Otras economías de Asia y Europa se han visto más afectadas”, explica. La continuidad de ese excepcionalismo va a depender de que EE UU siga mostrando la fortaleza de su economía y de que no haya decepción con la inteligencia artificial, alrededor de la que se empiezan a acumular los excesos de valoración, con el estreno de SpaceX como principal exponente. Hasta el momento, no se ha desatado la corrección, pero la volatilidad se ha instalado en los valores tecnológicos, en los que cada vez se concentran más los índices estadounidenses. “Una de las principales vulnerabilidades del mercado estadounidense radica en su excesiva concentración, impulsada por las ganancias desproporcionadas de las grandes tecnológicas y las empresas de inteligencia artificial“, advierte Hardman. Vincent Chaigneau, responsable de análisis en Generali Investments, no cree que el sector tecnológico estadounidense esté en una burbuja, “ya que los beneficios y los mercados bursátiles no se han desacoplado como ocurrió durante la burbuja puntocom”, pero sí recomienda diversificar la exposición en renta variable. “Los índices estadounidenses se han vuelto muy concentrados y, por tanto, más expuestos a episodios de volatilidad“, apunta. Del mismo modo que el mercado se ha acostumbrado a convivir con los exabruptos y los constantes cambios de opinión de Trump —y con las sospechas de uso de información privilegiada—, también lo hace con las elevadas valoraciones. Los analistas insisten en marcar distancia con la crisis puntocom pero también empiezan a advertir sobre los efectos de la enorme necesidad de capital que requiere el desarrollo de la IA. Mohit Kumar, economista jefe para Europa de Jefferies, asegura no formar parte del bando que cree que estamos ante una burbuja y recuerda que el volumen de inversión actual en la IA se ha visto respaldado por el flujo de caja libre de las tecnológicas, a diferencia de lo sucedido en 1999-2000, cuando se sostuvo con deuda y acciones. ”Mi indicador de exceso es el apalancamiento del sistema y a medida que las empresas tecnológicas dependan cada vez más de la emisión de deuda y acciones, podríamos observar algunas grietas, aunque creo que aún nos separan entre 12 y 18 meses de ese escenario“, avisa. La confianza en la economía de EE UU, la base de su excepcionalismo, ha permitido al país asegurarse el interés de los inversores en bonos, que han financiado su crecimiento durante décadas, y también su endeudamiento. Un nivel de deuda, ahora por encima del 100% del PIB con un déficit público al filo del 6%, que está creciendo más en el mandato de Donald Trump. Para Vincent Chaigneau, el nivel de deuda no representa una amenaza inmediata para la economía, “ya que el capex relacionado con la IA no es especialmente sensible al nivel de los tipos de interés, a diferencia de otros sectores como el automóvil o la vivienda. Dicho esto, preocupa que los déficits públicos sigan siendo elevados —en torno al 6% del PIB— incluso cuando la economía opera a plena capacidad”. Esa preocupación subyace en cada repunte de rentabilidades de los bonos soberanos de EE UU y ha llegado a forzar a Trump a dar marcha atrás en sus políticas, como se vio en abril de 2025, cuando tuvo que anunciar una tregua arancelaria ante la oleada de ventas. “Mientras las instituciones estadounidenses mantengan su credibilidad y el dólar estadounidense siga siendo una moneda de reserva, estos elevados niveles de deuda y déficit pueden mantenerse”, apunta Mohit Kumar. Son justo los dos pilares que Trump puso en jaque con sus ataques constantes al anterior presidente de la Fed, Jerome Powell, y que con Warsh ahora al frente volverán a ponerse a prueba. La excepción americana parece de momento haber superado un primer asalto y ha encontrado en la IA un aliado esencial.
Trump agita el tablero de la inversión y EE UU vuelve a salir ganador
La mayor economía del mundo atrae capital de forma rotunda gracias a la IA y a pesar de la volátil y contradictoria política de su presidente













