Es el día del país. Siempre se ha celebrado de forma festiva, con ferias y fuegos artificiales. Pero este año está lleno de ingredientes MAGA, lo que convierte el 250 aniversario de la independencia de EEUU en una plataforma política para la agenda ultra de Donald Trump a cuatro meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato y en medio de una guerra en Irán que no termina de cerrarse, con los efectos que eso tiene en el bolsillo de los ciudadanos estadounidenses.
El presidente de EEUU arrastra una popularidad en mínimos históricos, por debajo del 40% de media, si bien entre los suyos aún conserva una aceptación por encima del 80%. Es decir, Trump es un presidente que suspende entre los estadounidenses, pero que roza el sobresaliente entre sus votantes, que son cada vez más MAGA y cada vez menos republicanos en el sentido de lo que ese partido ha representado históricamente.













