Estos días se ha producido un ataque gratuito a los aspirantes a profesores de música de Andalucía. Gratuito que les ha salido caro. Una extrañísima norma de la Junta ha obligado a estos opositores a transportar sus propios pianos al lugar del examen. Como sea. Cueste lo que cueste. Imagínese. Incluso si el conservatorio que alberga la prueba dispone de un hermoso piano, como es habitual, los pianistas tienen que traer el suyo. El piano de cola del centro debe permanecer tapado e intocable durante el examen, por alguna clase de locura nueva que pasará a la historia de la idiotez. Y de la crueldad musical. Getty Images/iStockphotoEn realidad, las normativas en general están llenas de surrealismos de este tipo, pero con las estupideces relacionadas con pianos hay que tener cuidado porque son muy grandes. Son elefantes. Un tema de pianos no pasa inadvertido. Este provocó escenas de familiares prestando furgonetas, padres y madres ayudando a descargar pianos, aspirantes unidas reuniendo dinero para alquilar el instrumento sin gritar. La obediencia humana no tiene límites. Hemos visto imágenes de personas acarreando pianos digitales que no pueden competir con la calidad de sonido del piano acústico, inmaculado y cerrado, del rincón del aula. Hemos asistido a una historia, fiel a estos tiempos, que aumenta la desigualdad: los músicos no se la han jugado con el mismo instrumento sino con aquel que cada bolsillo pudo conseguir.Los opositores tienen que traerse su piano al conservatorio para el examenEs fácil imaginar a alguna de las opositoras soñando con el autor de la norma. Intentando ponerle cara. “Dudo mucho que sea un músico”, ha declarado una joven pianista que prefiere permanecer en el anonimato. Pero quizás no sea siquiera humano, y no es una metáfora. Resulta sospechoso que la frase de la convocatoria de este año que ha impuesto el delirio transportador –“interpretar una obra musical con el instrumento aportado”– solo se diferencie de la de años anteriores en tres palabritas, misteriosamente borradas de un plumazo: “o al piano”. Esa pequeña pero sensata salvedad final, desaparecida, tenía en consideración la diferencia que existe entre transportar pianos o aportar flautas, violas y hasta contrabajos. No tiene nada que ver.La corrección huele a IA depurando texto sin pensar, nunca mejor dicho, con humanos detrás defendiendo los mordiscos de su perro.
Mordiscos del perro, por Clara Sanchis Mira
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