El jueves pasado el medio mexicano Proceso y la revista norteamericana Forbes –y antes, observando el caso, Financial Times– se hicieron eco de un comunicado del colectivo mexicano en Defensa de la Colección Gelman, publicado en inglés, en el que advierten sobre el inicio de un proceso legal contra el banco español Santander y el gobierno federal mexicano. El objetivo del mismo: “Hacer valer el patrimonio artístico de México bajo las leyes constitucionales, y no por conveniencias administrativas o intereses financieros privados”. Este grupo de activistas culturales intenta que un tesoro artístico mexicano, que incluye diez pinturas de Frida Kahlo, no abandone el país de forma permanente. Se trata de piezas que forman parte de la colección del productor de cine judío-ruso Jacques Gelman (1909-1986), establecido en México desde 1938, que heredara su esposa Natasha –el matrimonio no tuvo hijos–, a cuyo fallecimiento en 1998 deja la parte internacional de arte al Met neoyorquino. La fracción mexicana quedó en un Museo en Cuernavaca, pero todo esto se produjo dentro de una trama oscura, acaso más que delictiva. En dos informes extensos, precisos, disponibles de manera gratuita en internet, el medio español Arte Informado (arteinformado.com), expone la historia detrás de esta colección bajo los títulos La Colección Gelman: una estratagema legal y financiera para despojar a un pueblo de su patrimonio (10/04/26) y La ruta del dinero detrás de la Colección Gelman: quién custodia, quién calla y quién se llevó las obras (18/04/26).