El reciente partido de dieciseisavos de final del Mundial 2026 disputado entre las selecciones de Portugal y Croacia será recordado como uno de los episodios más dramáticos y tecnológicamente reveladores en la historia moderna del futbol. Con el marcador 2-1 a favor de los lusos, el defensor croata Joško Gvardiol anotó en el minuto 103 un gol que parecía forzar la prórroga de forma agónica. Sin embargo, la máxima celebración deportiva fue interrumpida de tajo.La decisión de anular el tanto no dependió de lo que el árbitro central, el noruego Espen Eskås, pudiera ver en el campo de juego. De hecho, los propios jugadores reportaron que el juez acató la alerta emitida directamente por el sensor interno del balón oficial del torneo, el Adidas Trionda. Para comprender la intervención tecnológica, es crucial desglosar la secuencia. Todo se originó con un centro elevado del croata Ivan Perišić dirigido hacia el corazón del área portuguesa. En la trayectoria descendente, el delantero croata Igor Matanović saltó buscando conectar un cabezazo. A simple vista, y para el ojo de los espectadores y las cámaras de transmisión convencionales, la trayectoria del esférico permaneció inalterada, sugiriendo que Matanović nunca llegó a tocar la pelota.Inmediatamente después de pasar por la posición de Matanović, el defensor portugués Renato Veiga, en una reacción instintiva y sin control, rozó la pelota, la cual finalmente cayó sobre el mediocampista croata Mario Pašalić. Este último amortiguó la esférica y asistió a Gvardiol para que marcara el aparente 2-2.La revisión en la sala del VAR lo cambió todo. According to the data provided by Connected Ball Technology housed within the @adidasfootball Trionda, the official match ball of the @FIFAWorldCup, it was proven that contact was made by Croatia's #20 Igor Matanović in the build up to the goal against Portugal, allowing the… pic.twitter.com/AyBz11N3wV— FIFA Media (@fifamedia) July 3, 2026La telemetría del balón demostró científicamente que Matanović sí rozó el esférico con su cabello. Al establecerse que un jugador croata había tocado el balón, el sistema evaluó la posición de Pašalić en ese milisegundo exacto, confirmando que se encontraba adelantado. Reglamentariamente, el roce posterior del zaguero portugués Veiga no habilitaba a Pašalić, ya que las directrices de la Federación consideran que un rechace instintivo sin control corporal se cataloga como "desvío" y no como una acción de "juego voluntario".La clave de la precisión que sentenció a Croacia radica en la tecnología Connected Ball desarrollada por Adidas en colaboración con la compañía de rastreo KINEXON Sports. A diferencia de los balones tradicionales, el esférico Trionda ostenta una cubierta de solo cuatro paneles, bajo uno de los cuales se ubica un módulo electrónico lateral que pesa apenas 14 gramos, el cual está balanceado con contrapesos para garantizar una aerodinámica perfecta.El núcleo de este hardware es una Unidad de Medición Inercial compuesta por un giroscopio y un acelerómetro de alto rango. Este diminuto sensor es capaz de registrar la rotación y las fuerzas de impacto a una frecuencia de 500 Hz, lo que se traduce en que recopila y transmite un dato cada dos milisegundos. A nivel operativo, no posee cables ni puertos, su batería se recarga por inducción electromagnética en una base ubicada en el estadio antes de cada encuentro, brindándole hasta seis horas de autonomía activa.El chip inercial no funciona en solitario, sino que se comunica en tiempo real y sin retardo mediante antenas de Banda Ultraancha (UWB) con el Sistema Semiautomatizado de Fuera de Juego (SAOT) del estadio. El recinto cuenta con una red de cámaras ópticas especializadas en el techo que rastrean 29 puntos articulares del esqueleto de cada futbolista unas 50 veces por segundo.Cuando el sensor del Trionda detecta un impacto, genera una alteración en sus lecturas inerciales. En las pantallas de televisión, esto se ilustra mediante el llamado Heartbeat Graphic o "gráfico de latido", una interfaz similar a un electrocardiograma que dibuja un pico de amplitud en el instante preciso del contacto. Additional ‘heartbeat graphic’ images show touches from both Croatia’s #20 Igor Matanović and Portugal’s #13 Renato Veiga in the build up to Croatia’s disallowed goal pic.twitter.com/dfrJgIU3rG— FIFA Media (@fifamedia) July 3, 2026El algoritmo del VAR fusiona esa marca de tiempo milimétrica del balón con la reconstrucción tridimensional de los jugadores emitida por las cámaras, creando un modelo geométrico innegable para trazar las líneas del fuera de juego.El principal objetivo de estos sensores es eliminar el error visual humano, entregando certezas forenses al arbitraje moderno. La tecnología se aplica fundamentalmente para determinar el fotograma idóneo en el que el balón abandona el pie del pasador, resolviendo fueras de juego muy ajustados donde las cámaras regulares presentaban visión borrosa por la velocidad de la acción. También resuelve jugadas donde multitud de cuerpos se cruzan en el aire o disputan un balón, detectando rozaduras casi invisibles, tal como ocurrió en el cabezazo de Igor Matanović.Y por último, el análisis de las ondas de aceleración permite a los árbitros certificar si el esférico contactó de manera directa en el brazo de un jugador o si impactó en otra parte del cuerpo.La tecnología implementada en el Mundial de 2026 nos sitúa en una nueva era. Mientras que técnicos como el croata Zlatko Dalić sostienen que el videoarbitraje "ha asesinado literalmente las emociones", perfiles como el entrenador de Portugal, Roberto Martínez, celebran la erradicación de las injusticias. Más allá del debate, el sensor inercial del balón Trionda deja en evidencia que en el futbol contemporáneo, el escrutinio de los datos ya es tan importante como el talento en el césped.
El gol anulado a Croacia ante Portugal y cómo funciona el chip del balón en el Mundial 2026
El reciente partido de dieciseisavos de final del Mundial 2026 disputado entre las selecciones de Portugal y Croacia será recordado como uno de los episodios má










