Hace apenas un año se supo que los roedores, que son casi la mitad de las especies de mamíferos, también tienen uñas que les ayudaron a conquistar el planeta. Ahora, dos nuevas investigaciones diferentes vuelven a encontrar algo en común entre humanos y ratones: la olfacción. Partiendo de extremos diferentes, han descubierto que los roedores, como nosotros, también olfatean de una sola vez y que las personas procesan los olores en ráfagas, como hacen esos animales. “Ambas investigaciones tienen su origen en el estudio previo sobre cómo los ratones manipulan la comida”, dice Gordon Shepherd, neurocientífico de la Universidad del Noroeste (Estados Unidos) y autor sénior de uno de los estudios, recién publicado en Science Advances. “En aquel estudio, vimos que los ratones usan principalmente sus pulgares para manipular la comida, y que sus pulgares tienen uñas verdaderas”, añade. “También observamos movimientos de las manos que sugerían que los ratones podrían oler su comida una sola vez, de forma similar a como los humanos acercan la comida o la bebida a la nariz para olerla brevemente”, completa.Tras un seguimiento exhaustivo, analizando el comportamiento de varios ratones al milisegundo, demuestran que “se trata de olfateos únicos, algo que nunca se había observado antes en mamíferos distintos de los humanos”, destaca Shepherd. Los biólogos y etólogos siempre han mantenido que los animales y las personas tienen formas diferentes de usar su sentido del olfato. La imagen típica de un ratoncito olisqueando el aire de forma rítmica le serviría tanto para reconocer el entorno como para encontrar comida o detectar los peligros. Por el contrario, los humanos tendemos a inhalar e identificar los olores con una inhalación prolongada. Pero lo que han observado es que, cuando comen, los ratones sincronizan un único olfateo con el momento exacto en que llevan la comida a la nariz, coordinando con precisión milimétrica y en milisegundos manos, cabeza y respiración. A diferencia del olfateo constante que utilizan al buscar alimento, este comportamiento es rápido y deliberado, similar a cuando un humano acerca la comida a su nariz para olerla cuidadosamente antes de darle un bocado.“Esto implica que, cuando los ratones olfatean la comida, no lo hacen como una respuesta refleja a un olor, sino como un acto proactivo de exploración sensorial deliberada”, comenta Mang Gao, investigador del laboratorio de Shepherd y primer autor de este primer estudio. “Los ratones deciden realizar estas rápidas comprobaciones olfativas, un comportamiento característico de gran parte de la conducta olfativa humana, en lugar de limitarse a responder pasivamente a un estímulo oloroso”, termina.Christina Zelano, del Departamento de Neurología de la Universidad del Noroeste, es la autora sénior del segundo estudio, también publicado en Science Advances. “Una diferencia fundamental entre los humanos y otros mamíferos como perros o roedores es que olfateamos más lentamente. Además, tenemos bulbos olfatorios proporcionalmente más pequeños que la mayoría de los demás mamíferos”, recuerda Zelano. “Esto ha llevado a menudo a la idea de que el sentido del olfato humano es inferior al de otros mamíferos como perros o roedores”. En efecto, olemos aproximadamente 10 veces más lento que un roedor. “A pesar de esto, las investigaciones han demostrado que podemos procesar olores tan rápidamente como un roedor que olfatea con rapidez. Se desconocía cómo podíamos hacerlo en un solo olfateo”.Para conocerlo, el equipo de Zelano ideó una nueva forma de medir las ondas cerebrales del bulbo olfatorio humano. Estas ondas se registran mediante pequeñas descargas eléctricas que conectan las neuronas olfativas, el bulbo olfatorio (situado tras los ojos) y las regiones del cerebro que procesan los olores. Tras una serie de experimentos con un grupo de voluntarios a los que colocaron electrodos dentro de la nariz, “descubrimos que, al olfatear, nuestro bulbo olfatorio genera un ritmo rápido, la oscilación theta [un tipo de ondas cerebrales], que coincide con la velocidad de olfateo de los roedores”, destaca la investigadora. Este ritmo rápido marca el procesamiento de olores en el sistema olfativo, “lo que nos permite alcanzar la misma velocidad de procesamiento que los roedores; por lo tanto, el ritmo de la olfacción es constante en todos los mamíferos, aunque la velocidad de olfateo varíe”, termina Zelano.Que los ratones puedan olfatear como los humanos y estos puedan procesar los olores como lo hacen los roedores implica que el funcionamiento básico del sentido del olfato se ha conservado durante toda la evolución que separa a unos y otros. Y eso significa que es esencial. “Saber que contamos con este conjunto de mecanismos conservados evolutivamente nos ayuda a comprender cómo funcionan los cerebros de los mamíferos, lo que, en última instancia, podría ayudarnos a entender cómo fallan en las patologías”, afirma el primer autor del trabajo de Zelano, Andrew Sheriff, en una nota. Y termina con esa idea: “Nos ayuda a comprender cómo funciona el cerebro para saber cómo repararlo cuando no funciona”.
Ratones y humanos olfatean igual
Dos estudios diferentes encuentran resultados similares: los roedores también huelen de una vez y las personas procesan los olores como los animales






