Los ratones comparten entre un 85% y un 90% de la información genética de los humanos. Además, por su reducido tamaño, su metabolismo rápido, y su fácil reproducción, son los animales más usados para la investigación y experimentación de tratamientos de diversas enfermedades. Sin embargo, unos resultados positivos o una “cura” de enfermedad en ratones, no necesariamente se traslada directamente a los humanos.
En el caso del cáncer, por ejemplo, cuando resultados positivos en animales se prueban en forma de ensayos clínicos en humanos, sólo alrededor del 10% de las ocasiones tienen éxito, según un informe de Science Media Centre España (SMC). Y en el plano general, sólo el 5% de las terapias probadas en animales da lugar a fármacos para humanos.
En Europa, el 55% de los animales usados en experimentación son roedores, la gran mayoría de ellos ratones. Y aunque el ser humano comparte una similitud genética con ellos, hay que tener en cuenta que “los ratones son una especie distinta, no son humanos simplificados”, según explica Lluis Montoliu, investigador en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), expresidente del Comité de Ética del CSIC y miembro del Panel de Ética del Consejo Europeo de Investigación (ERC), en declaraciones a SMC España.












